* Actualizado el 17-05-2012 a las 08:41 horas

Infonortedigital.com

Cuentos e historias de temporales en la Aldea y Tasarte. Imprimir Correo electrónico
Valoración:   de 1 usuario(s) 
PobreExcelente 
Francisco Suárez Moreno   
Martes 29 de Diciembre de 2009 01:00
Índice de Artículos
Cuentos e historias de temporales en la Aldea y Tasarte.
Página 2
Página 3
Todas las páginas

Cuentos e historias de temporales en la Aldea y Tasarte.

cuento_01

Ahora llueve en La Palmilla, en el solsticio de invierno de 2009. Entre el suave tintineo de las teclas de mi ordenador y de la lluvia que cae en estos momentos, roto a cortos intervalos por el estallido de las ruedas de los vehículos con el agua que baja calle abajo, desgrano estas letras sobre algo de historia y tradición de los temporales que a lo largo del tiempo ha tenido que afrontar nuestra gente; todo ello, en las márgenes que nos permiten la memoria y algún que otro poco texto escrito que hemos podido localizar.

TIEMPOS DE SUR: MOGANERO Y CHA LIJANDRA

Los tiempos de lluvia tenían nombres propio según su trayectoria: el de Norte, el de la Bocana (Oeste); el de Suroeste (Chalijandra) y el de Sur (Moganero). La posición de la Saharita daba indicios: alta, año de poca lluvia, baja, escorada a los Cedros, mucha lluvia. Estos días rompen el maleficio, días de lluvia, pero con la Saharita alta. No encuadra con la tradición. Pero las cosas ya no son como antes, aseguran los viejos. Hace unos años le pregunté a don Pedro Suárez, el del Barrio, que en paz descanse, entrañable vecino, entonces casi nonagenario: «¿Qué dice la experiencia, llueve o no llueve este año?, respondiéndome en su posición inclinada sobre su bastón, más o menos con estas sabias palabras: «la experiencia me dice, amigo Paco, que la experiencia no vale ya para estas cosas (...)».

Los tiempos de lluvia ponían en prevención a la sociedad tradicional, la de antes de los años setenta. Y a la gente de afuera siempre les extrañaba. Yo recuerdo, en mis primeros años de docente, cuando se presentaba la lluvia del Sur cómo madres y padres acudían a las escuelas a recoger sus hijos y, además retiraban las cosas mal puestas en el paso del agua y revisaban todo. Era algo presente en la memoria colectiva. Hoy la memoria se ha perdido en parte. Los vemos ir en sus coches a recoger a sus hijos a los colegios pero no tienen en cuenta que el agua de barranco y barranquillos tiene que pasar por donde siempre lo ha hecho. Y así no solo se construyen casas y hacen fincas dentro o en los límites de los cauces sino que transitamos o dejamos nuestros coches en zonas de potencial peligro. O hacemos y circulamos por calles que son barranquillos asfaltados. En otros lugares ocurre lo mismo y peor que aquí. Los resultados los vemos a cada momento.

Sobre la extrañeza de los foráneos en la prevención ante un temporal les pongo un ejemplo. Se rieron mucho los ingenieros de la presa en construcción Caidero de la Niña, en noviembre de 1953, cuando ante la presencia de un mal tiempo se paró el trabajo, se recogió el material y, los operarios advirtieron que había que retirarlos más lejos, en fin que había que dejar expedito el cauce del gran Barranco. En el lenguaje de los peninsulares y acento malagueño, la respuesta del encargado general fue, más o menos: «joder con vosotros, si esto no es más que un riachuelo, tienen ustedes que conocer lo que es un río y desbordado en la Península». Cuando tras las sucesivas trombas de agua el gran Barranco de Tejeda llegó a las obras de la presa, furioso, con miles de azadas y con «sus escrituras bajo el brazo», el encargado se quedó estupefacto al ver cómo se llevaba todos los materiales hacia abajo.

cuento_02

RIADAS DE PÁNICO: LOS SANTA BÁRBARA, SAN ANDRÉS...

Lo que pasó ayer en Tasarte es otro ejemplo de las ocasionales avenidas que suelen presentarse en nuestra tan complicada orografía, de quebrados perfiles y rampas pronunciadas que dan extremada fuerza a la fluidez del agua pluvial. Cuando las aguas bajan turbulentas y acompañadas de piedras y escombros por estos lugares, que nadie les impida el paso por su cauce natural. Y como la reciente mano del hombre-mujer con cemento y alquitrán fabrican de acuerdo con sus necesidades pasa lo que pasa. Es decir que si bien antes existían desbordamientos de los cauces principales estos fluían hacia las barranqueras milenarias, las que por ello hoy están obstruidas.

Dicen los periódicos que los más viejos de Tasarte no recuerdan ni de oídas nada parecido al aluvión de ayer. Pero es que a algunos los viejos de hoy, los que dicen que ya no hay viejos porque no se reconocen como tales, la memoria oral colectiva suele fallarles en determinados momentos. Seguro que, en estos días habrá algún octogenario o nonagenario, que recuerde algo de lo que sus mayores le contaran. En lo que a mí me toca, no por viejo, puedo aportar algo.