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La ONU sigue sin enterarse Imprimir Correo electrónico
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* Xavier Aparici Gisbert.   
Jueves 14 de Junio de 2012 00:00

xavierLa Organización de las Naciones Unidas es la mayor entidad asociativa mundial, conformada por los estados de la casi totalidad de los países soberanos. Fue creada en 1944 como una organización de gobierno global para facilitar la cooperación interestatal en el derecho internacional, la paz y la seguridad, el desarrollo económico y social, los asuntos humanitarios y los derechos humanos.

Sin embargo, desde su fundación la ONU carece de poder ejecutivo para el cumplimiento de sus relevantes fines y solo puede realizar recomendaciones a los gobiernos de sus socios, excepto en lo que atañe al organismo encargado de mantener la paz y seguridad entre las naciones: las resoluciones del Consejo de Seguridad son de obligatorio cumplimiento para los estados miembros. Este consejo está formado por cinco miembros permanentes y diez temporales. Es condición de los miembros permanentes -Rusia, China, Francia, Reino Unido y los Estados Unidos- el que cualquiera de ellos puede ejercer el derecho a veto, puede, votando en contra, rechazar cualquier propuesta, por muy alto acuerdo que concite. Esto se justifica como un modo de asegurar que salgan adelante solo las decisiones con el máximo consenso, preservando el llamado “principio de unidad de las potencias”.

Esta paradójica mezcla de incapacidad directiva en los asuntos de progreso humanitario y de autoritarismo de los fuertes ante los riesgos de confrontación bélica, son dos de las principales contradicciones que arrastra la ONU desde su origen. La frustrante inoperatividad ante los problemas de desarrollo más acuciantes y las intervenciones en los conflictos violentos sujetas a intereses hegemónicos causan su desprestigio e impiden la auténtica unión, justa y pacífica, de las naciones de la Tierra.

Los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” son un trágico ejemplo de por qué es imprescindible la regeneración democrática de esta institución. Los ocho loables objetivos que la Cumbre de la Asamblea General de la ONU de 2005 se propuso conseguir para el 2015 son: erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la enseñanza primaria universal; promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de las mujeres; reducir la mortalidad infantil; mejorar la salud materna; combatir el sida, el paludismo y otras enfermedades; garantizar la sostenibilidad del medio ambiente; y fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Los objetivos, se considerarán cumplidos si, por ejemplo, se reduce a la mitad el número de seres humanos muy pobres y de los que padecen hambre; si se reduce en 2/3 la tasa de mortalidad de los menores de 5 años y en 3/4, la materna; si se reduce en un 50% el número de quienes carecen de acceso al agua potable; o si se mejoran (para el año 2020) las condiciones de vida de unos 100 millones de los habitantes en chabolas. Ni en los tiempos de gloria en el crecimiento -tres años antes del hundimiento del casino financiero global-, la erradicación de las miserias que asolan a gran parte de la humanidad se plantearon en la ONU en términos absolutos.

Hoy, tras cinco años de destinar ingentes recursos a evitar la bancarrota de los consorcios bancarios cargando -sin referéndums de ratificación popular- las pérdidas privadas sobre las economías públicas y las ciudadanías, la ONU se descuelga con una campaña publicitaria que con el lema “Y tú sin enterarte” nos hace saber que, por ejemplo, en 2010 sólo murieron 7,6 millones de infantes menores de 5 años. Según lo expresa Responsable de Proyectos de Cooperación de UNICEF España, “en la lucha contra la pobreza y la desigualdad, hemos (entre todos) conseguido logros maravillosos”.

Así pues, alegrémonos que, aunque no podemos prescindir de unos miles de milmillonarios, esenciales para el progreso de la humanidad, podemos seguir permitirnos miles de millones de miserables, porque vamos reduciendo su número.

* Filósofo y Secretario de Redes Ciudadanas de Solidaridad.

 

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