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Un etarra doblemente condenado Imprimir Correo electrónico
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Nicolás Guerra Aguiar   
Viernes 07 de Septiembre de 2012 00:00

nicolasguerraguiar2011Sí, hay duelos verbales y desafíos en las profundidades del PP respecto al tema de los presos etarras. Las aparentes soledades de la señora Aguirre y el señor Mayor Oreja, contrarios a excarcelaciones o acercamientos a cárceles vascas, se ven apuntaladas con timidez por el señor Gallardón, y forman el triunvirato-ariete del señor Aznar. Al otro sector, mayoritario, pertenece el señor Bagasagoiti, secretario general en el País Vasco. Es tajante: <<Nos importa un bledo la situación de esos presos. Nos importa un bledo cómo estén>> (lo cual traduce algo así como “eso no es lo importante en vísperas electorales”).

Un hombre fuerte del PP, don Esteban González Pons, siente retortijones de tripas ante la probable excarcelación del preso etarra Iosu Uribetxebarria Bolinaga, carcelero del señor Ortega Lara, secuestrado por ETA. Pero si esto pasara, el vocero del PP le echa la culpa a las leyes, que son las que mandan. Y deben ser aplicadas por igual a todos, <<incluidos los monstruos>>. Lo cual quiere decir, en primera, que el responsable de todo sigue siendo el Gobierno psocialista, claro, su promotor y defensor. Consecuencia: a pesar de sentimientos contrarios, el PP no tiene más remedio que aplicar la Ley, aun a disgusto y con revueltas estomacales. Es más: la señora diputada y hermana de don Miguel Ángel Blanco –concejal del PP vilmente asesinado por ETA- insiste en lo mismo: <<La decisión no carece de fundamento jurídico, aunque no nos guste>>.

Recordemos. El señor Castro, juez central de Vigilancia Penitenciaria, acaba de dictar sentencia, aunque es recurrible: el preso etarra podría ser liberado en atención a su estado físico, padece cáncer, pero deberá esperar por si hubiera recurso por parte de la fiscalía. El señor juez se entrevistó con los médicos especialistas que lo trataban: le queda, como mucho, un año de vida. Después lo visitó. Esta visita personal fue ampliamente comentada en tertulias de emisoras de radio y recibió condenas por parte de unos y parabienes por otros. De cualquier manera, supongo que aunque la visita no sea lo normal –debiera serlo para todos-, el señor juez estaba sometido a fuertísimas presiones tanto por quienes exigían, reclamaban o solicitaban su libertad condicional (el propio Gobierno por intereses políticos, estratégicos acaso) como por quienes instaban a que lo mantuviera en la cárcel (Asociación Víctimas del Terrorismo).

Si finalmente sale de prisión, se verá obligado a cumplir ciertas condiciones, algunas controlables. Pero una de ellas puede plantear problemas a la propia Justicia: no podrá participar en actos públicos de apoyo a los partidos nacionalistas vascos ilegalizados o a las asociaciones independentistas. Es más: no podrá estar con ellos ni tan siquiera en silencio. Pero, ¿qué ocurriría si participara en una rueda de prensa con militantes de aquellas? ¿Y si abre su voz y alza sus palabras en una entrevista a favor de la independencia de Euskadi? A fin de cuentas, según los oncólogos su vida ya casi no es vida, es simple espera de meses para que deje de ser. Y él lo sabe. Y todos sabemos que en ningún momento mostró dudas por su actuación, ni tan siquiera simbólica o metafórica retractación por su comportamiento.

Obviamente, se podrá o no estar de acuerdo con la excarcelación. Para sectores sociales, el perdón y el olvido (o quizás la nebulosa) deben imponerse, a fin de cuentas pueden conducir a la definitiva desaparición de ETA. Para otros, no cabe la piedad con quien no la tuvo hacia el señor Ortega Lara y cientos de víctimas inocentes. Y esta situación se le plantea hoy al Gobierno del PP como le sucedió al del señor Zapatero cuando inició conversaciones con ETA en Suiza (entre 2004 y 2008), tal como había sucedido años antes (1999) en el Gobierno del señor Aznar, que dialogó con la banda aunque no llegaron a acuerdos.

Hace pocos días el señor Zapatero se reunió con el ministro español de Interior, precisamente para hablar de ETA y, por tanto, de la posible excarcelación de Uribetxebarria (recordemos que el hoy lehendakari en funciones, psocialista, pidió al Gobierno del PP una política de aproximación a ciertos etarras). Sin embargo, el mayor problema le ha llegado al Gobierno español desde las filas de su Partido. Para el señor Mayor Oreja, exministro del Interior, el peligro está a la vista: si se concede la libertad al preso etarra, solo se está ayudando a ETA, lo cual traducirá fortalecimiento político en las inmediatas elecciones del 21 de octubre. El triunfo moral de las huelgas de hambre de muchos presos etarras en apoyo de Uribetxeberria daría sus frutos, dice, en un futuro Gobierno vasco. Por tanto, el proceso debe caminar en sentido contrario. La señora Aguirre defiende que la Ley no obliga a la excarcelación, dice que <<solo la permite>>.

Y aquel hombre fuerte del PP, el señor González Pons, siente retortijones de tripas ante la probable excarcelación por imperativo legal, insiste. Pero oculta el señor Pons que las leyes se ponen y se quitan, y que incluso hasta fue posible al PSOE y al PP cambiar aspectos de la Constitución en horas veinticuatro, de aquella absolutamente intocable Constitución salvo en referéndum, se decía, qué coña. Por tanto, su mayoría absolutísima le hubiera permitido al PP no ya retocar esta ley hace meses sino, incluso, hacer que se aprobara otra redactada por aquel triunvirato, la voz del señor Aznar. De ahí que el comportamiento marrullero, interesado y tramposo del señor Pons es impropio de la decencia Política. Entra, sin duda, en otro campo absolutamente ajeno a la Ética, esa su gran desconocida, pero elixir imprescindible contra las diarreas morales.

 

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