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Personas y personajes. ¿Olvidados? Imprimir Correo electrónico
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José Juan García Batista.   
Jueves 04 de Noviembre de 2010 18:09

Personas y personajes. ¿Olvidados?

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Jacobo Montesdeoca Martín, conocido por Jacobito, fue un vecino peculiar, campechano, optimista, alegre, despreocupado, ocurrente…

Calculamos que nació a finales de la década primera del siglo pasado en la casa que vivió y murió, en la calle Andamana entre las paralelas de Fernando Guanarteme y Guaires. Edificio que habrá de conservarse por su tradicional arquitectura así como por su antigüedad en el conjunto histórico artístico que compone la magnífica alameda de la Plaza de Santiago. El mismo se encuentra a la sombra de las campanas de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol.

Jacobito fue un hombre atractivo, nunca se le vió preocupado, con él siempre llegaba la simpatía y el desparpajo. El fútbol fue una de sus grandes aficiones. Jugó en el equipo de la Juventud Católica y en el Unión Moral en los años treinta y cuarenta del pasado siglo. Años más tarde fue entrenador del C.D. Coruña que presidió D. Antonio Calcines Vera. Casó en Agaete con Dña. Justa Mendoza Marrero de cuyo matrimonio hubo tres hijos, dos hembras y un varón.

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Sus “hazañas” eran comentadas con verdadero regocijo en las tertulias de la barbería de Pedro Osorio lugar que frecuentaba muy poco ocupando el sillón del profesional. Quizás, el único que no gozó con sus aventuras fue el recordado maestro artesano del yunque y el martillo, Maestro Enrique Domínguez, al que frecuentemente visitaba y molestaba con sus “cosas”.

Una de sus “hazañas”, nos dicen, la tuvo en un baile de carnaval, celebrado en el Teatro municipal de Gáldar sobre los años treinta. Estaba enemistado con su amigo Pepe, un señor de tez muy morena, contratista de caminos y carreteras. Jacobito se disfrazó con traje, joyas y demás artilugios de una fémina. En el baile atacó a su ya viejo amigo Pepe que fue “victima de sus variadas “artes”. Pepe se “entusiasmó” con su pareja y la invitó a un refresco en uno de los dos bares que estaban localizados frente al Teatro Municipal. Allí en una mesa localizada a la derecha de la entrada del bar, mesa dispuesta para dos comensales, que era lo que buscaba la “dama”, charlaron animadamente mientras bebían. Cuando la “damisela” comprobó que su “galán” estaba fuera de sus “cabales” preparó su “fuga” quitándose la máscara que llevaba y le espetó: ¿me conoces Pepe? La reacción fue la esperada, una mezcla de estupor y rabia llenó al “entusiasmado enamorado” que no pudo “pescar” a su galante compañía que ya corría por la acera del Ayuntamiento hacía su domicilio.

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Otra de sus “faenas” la tuvo con el dueño de la tienda de ultramarinos de la esquina donde nuestro hombre se abastecía habitualmente. El dueño del establecimiento, que conocía sobradamente las reacciones de tan peculiar cliente, colocó en un cartón de huevos que le había encargado, un huevo mucho más pequeño que los normales para ver que actitud tomaba. El cliente se llevó la compra con los huevos y el comerciante se quedó algo rascado porque Jacobito no reaccionó como esperaba, con una de sus salidas acostumbradas.grupo__10

A la siguiente compra también se llevó, entre otras, como siempre, el cartón de huevos sin el huevo pequeño. Cuando Jacobito cogió en sus manos el cartón de huevos y comprobó que no venía el huevo pequeño preguntó a su proveedor muy sorprendido: Pepito, ¿se te murió la quícara?

Nuestro hombre recogió de otros vecinos mayores esa socarronería tan canaria, la practicó cuanto pudo y dejó el testigo a generaciones venideras.

Vivió feliz, respetó y fue respetado. Siempre su recuerdo es visto con simpatía, pues aparte de su temperamento y carácter lideró a los de su generación en fiestas y regocijos.

 

Fotos del CD Gáldar a través de la fotografía  de Sebastian Monzón Suárez.

José Juan García Batista.