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Norteños por el Mundo: Matías García Quesada, un galdense en Valladolid Imprimir Correo electrónico
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Lunes 10 de Enero de 2011 01:00

matiasgarciaLleva más de 40 años fuera de Gáldar, pero no ha perdido la pasión por callejear por los rincones del municipio, cada vez que el corto regreso lo permite.

Precisamente, aprovechamos su estancia en la isla, para quedar una de estas mañanas primaverales que nos está regalando el mes de enero, y  a través de la animada charla acercarnos a las vivencias de este galdense ya hecho a Valladolid, en una nueva entrega de Norteños por el Mundo.

El 14 de mayo de 1943 nacía en Gáldar, Matías García Quesada, el quinto de los siete hijos del matrimonio formado por Vicente García y Sebastiana Quesada.

Profesor de Física, ya jubilado, Matías lleva muy grabados en su corazón, los recuerdos de aquella infancia pasada entre huertos y plataneras y bregas en el patio de la vieja Graduada, ya que la Lucha Canaria es uno de sus grandes amores.

Los nombres de Clemente Ríos y Pepito Ojeda, afloran en la conversación, ya que son obligada referencia como entrenadores de los niños de Gáldar que en aquella época se iniciaban en nuestro deporte vernáculo.

En esa mirada compartida hacia ese ayer cada vez más lejano en el tiempo, la memoria de Matías se detiene emocionada, en aquellos años de esfuerzo para poder  labrarse un futuro. Su padre, enfadado con los hermanos mayores que  desaprovechaban la oportunidad de estudiar, los quitó a todos del colegio para que se ganaran el pan a costa del duro trabajo. Se fue del colegio a los doce años, y tuvo que esperar a tener 18 años para poder retomar los estudios, recuperando con rapidez el tiempo perdido, logrando sacar el bachiller e iniciar una carrera.

Esa época de esfuerzo y tesón esta regada de vivencias protagonizadas junto a entrañables y queridos compañeros como Félix Suárez, el gran amigo desaparecido, Antonio Padrón, Martín Molina, Nicolás Rodríguez y un jovencísimo Celso Martín de Guzmán, con quienes  también compartiría andanzas por la siempre añorada ciudad universitaria de La Laguna.

Matías cambió a los 23 años, la ciudad de Los Adelantados por la de Valladolid, que el destino ha querido que sea su hogar. Allí conoció a su esposa, María del Carmen, también profesora, y allí nacieron sus dos hijos, David y Elena. Aunque en los primeros años intentó convencer a su esposa para regresar a la isla, no le quedó más remedio que conformarse con viajes esporádicos a su tierra, ahora más frecuentes, ya que su hijo está destinado a la base naval de Las Palmas de Gran Canaria, y la pequeña Marta tira mucho de sus abuelos. En la ciudad castellana disfrutan a tiempo completo, de su otro nieto, el pequeño Álvaro.

Le costó hacerse a aquella fría y cerrada ciudad castellana de la década de los 60, pero ha logrado superar el intenso frío al que quiso combatir en su juventud, con una gabardina y un tirolé, vestimenta nada apropiada para la crudeza del clima de esa zona peninsular y que solo se le ocurre llevar a un canario que se lanza al mundo.

Hace ya algunos años, quiso que en Valladolid se sintiera la presencia canaria, por lo que no dudo en embarcarse junto a otros dos amigos isleños, en la creación de la Casa de Canarias, de la que fue presidente durante varios años. Sin un duro, consiguieron poner en marcha este proyecto, participando en las típicas ferias de la ciudad, dando a conocer nuestra gastronomía y folclore, con gran éxito, ya que no hay quien se resista a unas buenas papas arrugás y qué decir del exquisito sancocho canario, para el que llevaron hasta un cocinero galdense, para que lo cocinara como es debido.

El recuerdo de la Gáldar de los años 50 del siglo pasado es inmenso en la memoria de Matías. Por eso, duele la transformación de la ciudad. Duele tanto que asegura “no es mi Gáldar” lo que no quita para que la siga queriendo con todo el corazón, porque  por encima de todo, sigue siendo un galdense de pura cepa.

Matías dice también que ha logrado dejar atrás añoranzas y sentirse muy a gusto en Valladolid, pero, siempre hay un pero cuando uno lleva tantos años fuera de la tierra natal, sigue echando de menos el mar.

La ausencia del mar es algo que no ha podido superar después de tanto tiempo, una falta cotidiana que compensa con viajes a Santander o a Bilbao, porque el mar siempre es el mar, y su olor reconforta como si uno estuviese disfrutando plenamente de los veranos en Sardina y en El Agujero.

Después de tantos años fuera, Matías tiene el firme propósito de llegar a un acuerdo con su mujer, para pasar la mitad del año en Valladolid y la otra mitad en Gran Canaria. Asegura que las negociaciones van por buen camino, por lo que esperamos encontrárnoslo  calle Larga arriba y calle Larga abajo, llenando la memoria de nuevos recuerdos, ya que aunque ya no estén las frondosas plataneras ni el huerto de la casa familiar, sigue estando viva la alegría de una ciudad que sigue siendo la suya.

 

Comentarios 

 
+6 #1 SISAGO 15-06-2011 08:19
Comprendo perfectamente lo que le pasa a Matias y me identifico plenamente con él. Yo soy de Valladolid y desde que Matias nació, estoy en Canarias; Las Palmas concretamente. En recompensa, espero que sepa valorar las aptitudes de una mujer castellana, como son las de Valladolid. Saludos cordiales parea Matias y Sra. SSG84
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