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Personas y personajes ¿Olvidados? D. Francisco Rodríguez Hernández. Imprimir Correo electrónico
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José Juan García Batista.   
Lunes 06 de Junio de 2011 00:00

donfranciscoelblanco_rd A finales de la década de los años cuarenta, o a principios de los cincuenta del siglo pasado, apareció por nuestro pueblo un señor que por su indumentaria se nos antojaba ser un explorador británico con su  “salacot”, con el que frecuentemente se abanicaba. Un hombre lleno de vida, simpático, afable y por sus “decires” enfrentado al clero y a los militares.

Supimos luego que era un hermano del farmacéutico de la plaza de Santiago, Don Sebastián Rodríguez Hernández, que venía de recorrer durante varios años países como Marruecos, Inglaterra, Méjico……, en los que convivió junto a su esposa Doña Felisa Rodríguez Miranda, de raíces en San Juan de Guía.

A pesar de “su manifiesta” enemistad con el clero, sus raíces religiosas proceden del párroco y arcipreste de Santiago Apóstol Don José Romero Rodríguez, benefactor de la parroquia y tío de los sacerdotes Don Domingo y Don José Hernández Romero. El primero párroco de Guía, y a la muerte de su tío Don José Romero, de Gáldar, el segundo co-adjutor de su tío y de su hermano, a la muerte de éste, párroco de Gáldar desde 1928 a 1938.

Era pues sobrino de los hermanos curas descritos. Aparte de todo lo expresado sus propios hermanos eran muy religiosos. Él mismo fue gran amigo del cura Don Francisco Hernández Benítez, al que profesaba incluso gran admiración y respeto. En el entierro de este venerable sacerdote acompañó su cadáver hasta el cementerio, cargando a menudo su féretro.

También con Don Abraham González Arancibia tuvo gran amistad, pues era filatélico como él y eso justificaba su gran aprecio.

Fuimos testigos de sus amplios conocimientos del dogma católico y sobre todo de la liturgia. Conocía el calendario eclesiástico y los colores de las prendas y ornamentos que se llevaban en cada época. Conocía también los libros y vasos sagrados, en qué momento se utilizaban y qué significaban.

Todos estos datos no dejaban de mostrar su despego por la iglesia. Tuvo con su tío Don Domingo Hernández un “encontronazo”, pues el cura construyó una ermita en Sardina, donde pasaba muchos días reponiéndose de sus achaques, en lugar de construir una escuela para los hijos de los pescadores.

Respecto a su “antimilitarismo”, cierto día el médico Don José Rodríguez Guerrero venía calle Santiago arriba de visitar a un paciente cuando se tropezó con nuestro hombre, que iba calle abajo y lo felicitó, pues su hijo Paquito había obtenido muy buenas notas en una academia militar, habiendo ingresado por ello con brillantez en el ejército. Pero le reprochó que fuera una lástima que no fuera más útil en una carrera civil.

Hasta aquí hemos expresado las fobias de nuestro hombre. Intentemos ahora expresar sus numerosas filias. Fue, a nuestro modo de ver, un hombre que trató de ser honrado. Útil a la comunidad, desprendido, atento sin exageraciones, muy expresivo en sus pensamientos …

Por su amistad con el exportador Don Juliano Bonní, fue administrador de sus negocios de cultivo, empaquetado y exportación de tomates a nivel “honorífico”, sin participación económica en efectivo ni en especies. Se cuenta que cuando iba a pagar a los cosecheros, si le faltaba dinero después de pagarles recomendaba a los empleados que no olvidaran lo que debían. Incluso les telefoneaba si ya habían cumplido el compromiso.

Pero lo que nos trae hoy a mencionar hechos y actitudes de Don Francisco Rodríguez Hernández es su trabajo, no remunerado y por su gusto, en el colegio Cardenal Cisneros.

Fue profesor de gramática española, como él decía, de inglés y algunas veces de dibujo. Uno de sus hábitos fue su puntualidad, que también exigía al alumnado. Su gran preparación, su responsabilidad. Algunas veces exageraba sus hábitos, pero se compensaba con su actitud positiva.

Una de sus debilidades era el aseo personal de alumnos y alumnas, su vestimenta que no permitía vestuarios escandalosos, todo tenía que ser sencillo, sin joyas ni lujos que podían escandalizar a compañeros y compañeras, evitando rivalidades y competencias fuera del aprendizaje. Su entrega en el colegio fue plena. Incluso fue administrador, receptor de cobros y controlador de pagos. Su misión administrativa fue exacta y si debía un céntimo no tardaba en abonarlo, pero si faltaba ese céntimo no paraba hasta que se le abonara.

Fue un dechado de pulcritud económica en un profesor que trabajaba por amor a la enseñanza y a la sociedad. Fue un ejemplo de entrega recta a una causa.

Sus calificaciones pasaban al profesor correspondiente del Instituto Pérez Galdós de Las Palmas, centro en el que se examinaba primeramente el alumnado del colegio; años más tarde el profesorado del instituto se trasladaba a Gáldar con ese fin. Al final del colegio volvieron a hacerlo en Las Palmas.

Semanas antes de los exámenes de junio Don Francisco, en cada clase, se sacaba sus listas con sus notas, que eran religiosamente aceptadas por el profesorado capitalino, señalando a cada alumno su nota. Así; “fulano, usted está aprobado, mengano, usted tiene un estreñimiento mental muy agudo, dedíquese a otra cosa, sutano, usted es cadáver desde enero, perengano…. Y así iba recorriendo la lista de cada curso a su responsabilidad.

Rememorar una clase de Don Francisco es un hecho agradable. Era todo un espectáculo. Veamos al profesor sentado a su mesa. En ella su libreta de notas, el libro de texto, sus gafas …. Estas gafas constantemente estaban en movimiento de la mesa a su nariz, impulsadas por su mano derecha. Estos movimientos de ida y venida a través de los años se habían convertido en un hábito. Expliquémoslo. Las gafas estaban en su sitio lógico. Se las quitaba y las lanzaba sobre la mesa mientras oía lo que el alumno iba diciendo. Si se equivocaba o terminaba las gafas volvían a su puesto, impulsadas levemente por su mano. Estaban como amaestradas haciendo el viaje de ida y vuelta ellas solas. Bastaba con el leve lanzamiento inicial y ellas solas recorrían el trayecto de la mesa a su nariz, encajonándose correctamente; lo mismo pasaba en el recorrido inverso.

Este hombre que “recorrió” medio mundo y vivió media vida lejos de los suyos volvió al pueblo. Se integró de nuevo a sus gentes. Participó en actividades sociales y educativas, “a su manera”. Habitó primeramente en la casa de Bocabarranco por poco tiempo. Volvió a la casa matriz de la calle Nueva (Harimaguadas), en la cuesta de Las Verguillas (anexa al almacén del boticario) y terminó en la calle Agua (Doramas), que adquirió más tarde y fue donde murió.

Se dedicó a sus propiedades, a la lectura de revistas, fundamentalmente extranjeras, asistiendo a cuantas manifestaciones artísticas y culturales que se prodigaban por aquellos años.

Aquí, en aquellos tiempos, tuvo la tutela de sus sobrinos huérfanos de su hermano Manuel, que había sido médico en Casablanca (Marruecos). Fueron ellos dos hembras (Merceditas y Carmencita) y un varón (Pepone) que murió prematuramente en el terremoto de Agadir apenas tomado tierra, donde se desplazó por asuntos familiares. Este hecho afecto a Don Francisco.

Estos sobrinos estudiaron el bachiller español (ellos conocían y estudiaron el francés en Casablanca, que dominó Francia antes de la independencia marroquí), en el colegio que tenían en la Plaza de Santiago Don Fernando Cambres y Don Diego Trujillo, con entrada también por calle trasera de Sol (Facaracas).

El aprovechamiento de estos muchachos fue asombroso. Lograron magníficas notas y se adaptaron muy pronto a nuestro idioma. Tuvieron buenos amigos y compañeros siempre bajo la “férrea” vigilancia y celo de su tío. Las hembras mantienen aún alguna correspondencia con sus antiguas condiscípulas. Hace ya algunos años regresó Mercedes y tuvo una reunión con mesa y mantel con varios de los “viejos”  compañeros.

Don Francisco fue siempre hombre de contestaciones “prontas”. Una de sus anécdotas más conocidas fue en una representación del Auto de los Reyes Magos, en el que Don Rafael Rodríguez, El Pistoleras, tenía el papel del rey Herodes, que cuando expresó su conocida orden de matar a todos los niños menores de dos años, nuestro hombre expresó “en ti lo creo Rafael”, conociendo el carácter aventurero de su amigo.

A pesar de su reconocida fobia al clero, un hijo suyo habido extramatrimonialmente es sacerdote anglicano que vino varias veces a visitar a su padre.

Sabemos que visitaba algunas veces al obispo Pildain. Almorzaban en palacio y hablaban en latín. En cierta ocasión dijo que si había santos en el cielo su hermana Modesta era una de primera fila.

Don Francisco, en varias ocasiones, dijo que era su deseo que cuando llegara su óbito no quería dobles de campanas ni flores; que su velatorio y entierro fuera íntimo y familiar, sin clero; que lo sacaran, después de veinticuatro horas de fallecido, por ciertas calles hasta depositarlo en el coche fúnebre, en el lugar acostumbrado y que se enterrara en tierra.

Su deseo fue cumplido por sus familiares tal y como había dicho.

 

 

José Juan García Batista

 

Comentarios 

 
0 #4 Manuel rodriguez rom 29-07-2012 12:44
Anterior contactar manuel rodriguez romero movil 655919739 928188332
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0 #3 Manuel rodriguez rom 29-07-2012 08:39
Soy de aguimes, resido enArinaga, descendiente de esta familia! Mi abuela era so sobrina del cura pedro hernandez a la vez sobrino de parroco romero. Tengo la genealogia mas o menos hasta 1790
:D :-)
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0 #2 Manuel rodriguez rom 28-07-2012 20:48
Soy de aguimes pariente de los romeros vivo en arinaga playa y tengo datos genealogicos de esta familiasaludos
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+5 #1 MERCEDES 07-06-2011 22:06
Soy nieta de Modesta la hermana santa -su recuerdo despierta en mí la más grande de las ternuras- de mi tío Pancho. Nací en el 57 y su presencia en mi infancia fue un toque de luz, de presencia de otros mundos, de tortugas gigantes, de juegos que en mi vida había visto, de amor. Era muy grato estar con él. El enorme afecto que se profesaban él y mi padre hacía que sintiese que tantos mis hermanos como yo éramos manifiestamente queridos por él. Fué un regalo en nuestras vidas.
Expresar al autor mi agradecimiento por esta reseña biográfica tan acertada y entrañable.
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