* Actualizado el 17-05-2012 a las 08:41 horas

Infonortedigital.com

Personas y personajes, ¿Olvidados? Maestro Ángel Trujillo Rodríguez. Imprimir Correo electrónico
Valoración:   de 2 usuario(s) 
PobreExcelente 
José Juan García Batista.   
Miércoles 20 de Julio de 2011 00:00
Índice de Artículos
Personas y personajes, ¿Olvidados? Maestro Ángel Trujillo Rodríguez.
Página 2
Todas las páginas

vgrupo20_red
Recordamos el viejo taller de la herrería que regentaba Maestro Ángel Trujillo Pérez en la Carretera General del Norte, en la curva a la entrada del casco urbano, hoy calle Capitán Quesada. En dicha herrería, en aquellos años, una industria en ebullición, trabajaba Maestro Ángel Trujillo “el chico”, hijo del dueño del taller. Allí aprendió el oficio de herrero, él y algunos de sus hermanos, y lo ejerció más tarde con pulcritud y arte.

 

En el taller se herraban a caballos y demás bestias de carga, se fabricaban también “sachos”, picos, alcayatas, herraduras…, al calor de la fragua en la que ardía el carbón de piedra, como se conocía entonces. Se colocaba el hierro que se iba a transformar en herramientas después de ser golpeado en el yunque y enfriado con el agua de un recipiente adecuado, donde se endurecía.

Nos parece estar viendo al chiquillo, aprendiz de turno, maniobrando el eje de la fragua. A los operarios golpeando el hierro al rojo vivo para ir dando forma a la pieza que se pretendía fabricar. Aún nos parece oír el fuerte repiqueteo rítmico del martillo sobre el yunque, ver la humareda que salía del recipiente del agua, cuando se introducía en él el hierro que se trataba de acerar.

En aquel entonces había otra herrería en la calle Siete, hoy Faycan Aythami, entre las casas de Manuel el de Victoriana y Remeditos, con su escuela privada de niños pequeños.  Este establecimiento pertenecía a Maestro Santiago Sánchez, que regentó más tarde su discípulo y yerno Maestro Enrique Domínguez, casado con su hija Fefita, hábil y exquisita costurera.

Maestro Ángel Trujillo “el chico” trasladó la herrería ya de su propiedad a la zona de San Sebastián, muy cercano a la estación de Fernandito, en la misma carretera general.  Allí trabajaba junto a su hermano Nicolás.

El herrero, debido a las circunstancias del progreso, fue dejando la herrería poco a poco, transformándose en mecánico.

Cuando llegó la fiebre de la perforación de la tierra para encontrar agua, tan necesaria para las tierras, Maestro Ángel fue un “entendido” en reparar bombas en los pozos. Bajaba cincuenta, cien y trescientos metros de profundidad en un rudimentario y peligroso ascensor metido en un “cacharrón” habilitado adecuadamente para transportar personas, repuestos y herramientas, con el fin de reparar la bomba del pozo destruida, o reponer una nueva.  Esta peligrosa operación la realizó durante algunos años.


pgrupo05__redDedicado a esta profesión pudo tener una familia a su cargo. Casó en primeras nupcias con su prima Pino Trujillo Suárez, de la que tuvo dos hembras, Lolita y Pepita, que asistieron a la escuela privada de Carmelita la Maestra en La Montaña, pues como en la escuela pública se cantaba diariamente el “Cara Al Sol” su familia impidió que las niñas se impregnaran del Movimiento Nacional.

Más tarde asistieron con provecho al colegio que Don Fernando Cambres y su tío, Don Diego Trujillo, tenían abierto en la Plaza de Santiago. Donde años después estuvo el Banco Hispano-Americano.

Ambas, que fueron alumnas destacadas, hicieron los primeros cursos de bachillerato. Eran ya adultas y reanudaron sus estudios “empujadas” por su madrastra y hermanos, hijos de ésta que llevaban con bastante éxito sus respectivos estudios y a punto de finalizarlos.

Lolita, finalizó Magisterio y ejerció en Guía. Pepita se orientó hacia la Sanidad, en el ambulatorio de Gáldar fue Jefa de Enfermeros. Ambas, actualmente jubiladas.

Su segunda esposa, Carmita Cubas Cárdenes, fue la íntima amiga y confidente de la primera. Trajo al mundo tres vástagos, dos varones y una hembra. Francisco, el mayor, ocupó plaza como policía local en Las Palmas de Gran Canaria; murió relativamente joven. El segundo, Ángel, médico psiquiatra de mucho prestigio. La hembra, Leandra, estuvo de maestra en una sección de Barrial, y de la escuela cursó los estudios de medicina obteniendo la especialidad de dermatología que ejerció en la Seguridad Social. Desgraciadamente murió joven.

En aquéllos años la familia estuvo muy unida y compenetrada. Maestro Ángel se sentía satisfecho y orgulloso. Carmita, su segunda esposa, logró con habilidad que todos los hijos de maestro Ángel fueran un ejemplo de hermandad; batalló vendiendo máquinas de coser, “pateando” toda la zona para aportar unos “dinerillos” a la formación de sus hijos. El mismo Ángel, que estudiaba en Barcelona, trabajaba en verano en bares para recaudar unas pesetas, que le ayudaron bastante en la terminación de sus estudios.

Este herrero mecánico tuvo su faceta deportiva. Fundó y presidió el primer equipo de fútbol de la localidad: “La Lira”. El mismo era jugador de punta derecho. Nos contó que jugando en Barrial contra el Español de Agaete, en la vieja cancha tapizada de picón, un defensa culeto llamado Mauricio tenía “asado” a un joven extremo izquierdo hijo de una señora que vivía al inicio de la calle Larga. Maestro Ángel cambió su habitual posición de punta derecho por el de izquierdo. Esperó su momento y, cuando Mauricio le atacó, nuestro hombre se agachó y derribó por tierra al defensor agaetense, que se raspilló manos y cara. Nos dijo Maestro Ángel que desde aquel día le faltan dos muelas de la parte izquierda de la dentadura inferior. Esa fue la respuesta de Mauricio; muy amigo, años más tarde, de nuestro hombre.

foto_17_red

Pero donde destacó nuestro amigo fue como músico. Durante muchos años estuvo en nuestra banda de música, la que dirigía el maestro Batista padre, el cual le destinó al saxofón barítono y le ató un cordel, desde el dedo meñique de la mano izquierda a una llave del instrumento, pues su mano no alcanzaba a dicha llave. Tocaba el referido instrumento cuando, actuando en el parque Doramas en Las Palmas, se le olvidó el mismo. Se dieron cuenta al llegar a Gáldar, desde donde dieron señales de en qué lugar del parque lo había dejado. El maestro llamó por teléfono a un hijo suyo que estaba en Las Palmas de Gran Canaria, señalándole el sitio donde lo habían dejado. El instrumento apareció sano y salvo. Estuvo de nuevo en la banda antes de las veinticuatro horas.