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Así fue y así era conocido nuestro hombre. Era hijo de Maestro José Ruiz González y Guillerma Quesada Rodríguez, nacido en La Montaña en años de la monarquía de Alfonso XIII. Apenas asistió a la escuela. Eran tiempos en que los hijos mayores tenían que aportar algo a la hacienda familiar. Eran estos primeros años de su vida muy inseguros.
En 1923, el Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera dio un golpe de estado que contó con la anuencia del monarca, Alfonso XIII, erigiéndose como dictador. En los primeros momentos de la dictadura el país vivió una etapa de cierta tranquilidad donde destacamos por la que a Canarias se refiere, la creación de las dos provincias canarias, una de las islas orientales, compuesta por Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura, y una segunda, la de Santa Cruz de Tenerife o islas occidentales compuesta de las islas de Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro. Esta división provincial acrecentó aun más si cabe, el famoso pleito insular. Eran tiempos revueltos que terminaron con el fin de la dictadura y el final de la monarquía de Alfonso XIII propiciando el advenimiento de la Segunda República.
La llegada de la República trajo a España momentos difíciles, de grandes cambios y convulsiones sociales. Se originaron frecuentes cambios ministeriales, frecuentes huelgas de trabajadores, desempleo, generado sobre todo, por las consecuencias de la crisis económica mundial de 1929, destierro de profesores y militares etc…
Esta inestabilidad política y las continuas luchas intestinas entre la clase política facilitó la “reacción” militar que trajo la Guerra Civil de 1936 a 1939 con el triunfo del General Franco que llega aportando más inseguridad, represalias, fusilamientos, marginación, huidas ect…
En este ambiente creció Manolo Ruiz que tuvo que hacerse a si mismo, pues su padre, único sostén de la familia, maquinista de pozos de Mr. Leacock, tenía que hacer no pocos sacrificios, él y su esposa, para sacar adelante a cinco hijos, más su mujer y él mismo. Manolito, pues, desde muchacho se vio obligado a trabajar para aportar una ayuda a la economía familiar.
Fue una época de mucho sacrificio. El “potajito” del mediodía servía también para la cena, y si a alguno no le gustaba no se podía sustituir por otro plato. Duró esta situación muchos años, hasta bien entrados los años cincuenta del pasado siglo XX, para que poco a poco y gracias a los acuerdos con los Estados Unidos y la Santa Sede, la situación del país fuera cambiando a mejor, poniendo fin al aislamiento a que Naciones Unidas sometió al régimen franquista.
La familia de Maestro José Ruiz, la componían su mujer, Guillerma y sus hijos José, muerto a las catorce años en un trágico accidente de carretera, Manolo, la hembra Juana y los menores, Pascual y Angelito. El padre, aparte de tener el sueldo de maquinista, ingresaba en el presupuesto familiar lo percibido por la hechura de primorosos nidales para pájaros. Un funcionario del Estado, canaricultor él, pretendió que Maestro José le regalara unos nidales, el “fabricante” le invitó muy amablemente, pero con suma decisión a que abandonara su casa. El funcionario tenía fama de meterse en almacenes de empaquetado para que le “regalaran” algún racimo de plátanos o una cesta de hortalizas. Maestro José era pobre pero hombre de no se dejaba intimidar por nadie.
Los hermanos menores de Manolito, Pascual y Ángel, aprovecharon bien las circunstancias de la vida que había ido mejorando y además de ir a la escuela, estudiaron bachillerato. Sin embargo Pascual, aún muchacho, estuvo de botones en el Casino. (Años más tarde fue directivo de la entidad llegando a desempeñar la vicepresidencia de la institución).
Ya adulto trabajó en el Banco de Vizcaya y al ser prejubilado estudió la carrera de Derecho en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Estos estudios le valieron para ser designado Juez de Paz que aún representa, compartiendo su afición al teatro, siendo actor y director del Grupo de Teatro de Gáldar, que representa actualmente el tradicional Auto de Reyes en la víspera de esa festividad.
Ángel también ha destacado y destaca en la dirección del Grupo de Teatro Ajódar, es funcionario del Gobierno de Canarias, hombre con inquietudes culturales. Fue concejal con el recordado alcalde D. Antonio Rosas y a la muerte de éste con D. Nicolás Guerra. También pregonó las fiestas mayores de Santiago en el año 2009.
Hemos visto el entorno familiar de Manolito el del Casino y la época de sus primeros años. Le vimos primeramente como barman en el bar de Maestro Pedro Jiménez, al final de la calle Larga, donde hoy está ubicada la Churrería, bar que compró, recién retornado de Cuba donde había regentado junto con su mujer una fonda, a Panchito Monzón. Pienso que en este establecimiento, Manolito, tratando con la clientela se formó así mismo, adquirió don de gente, en una palabra, se hizo hombre y pudo participar años más tarde en la empresa que fue toda su vida: el Casino.
Este trabajo fue como una escuela para él. Aprendió a ser servicial, sin servilismo, atento con todos (con ricos y pobres), modesto, supo aguantar las “malcriadeces” de los “guapos” con una sonrisa desconcertante, defensor de la empresa a la que no exigió, sino que pidió cuando se encontraba indefenso de sus derechos…
También trabajó como jornalero en las fincas de labranza en Grimón y Matas Blancas. Volvió a ser barman en el Bar Moreno en el mismo edificio del Casino que regentaba Vicentito Moreno. De este trabajo pasó al Casino, donde al cabo de más de veinte años falleció inesperadamente después de una sencilla intervención quirúrgica en 1980.
Manolito casó en 1949 con Dolores Díaz Saavedra, que le sobrevive y que la ha dado cuatro hijas: Luz Marina, Josefa, Juana y Mari Carmen. Entro en el Casino en 1957 siendo presidente de la entidad D. José Gil Alonso de grato recuerdo, que acordó su ingreso en sesión ordinaria de la Directiva con fecha 10 de marzo del año reseñado.
Formó un perfecto “tandem” con Pedro Bolaños, conserje decano de la entidad, con el que se compenetró desde un principio. Cuando Pedro tenía sus “problemas” privados, Manolito le suplía sin rechistar uno o varios días y cuando Manolito faltaba por sus compromisos o porque “tenía que ir” a la fiesta del Charco en La Aldea, Pedro le sustituía muy amigablemente sin protesta alguna. La compenetración era total. Igual le sucedió con otros compañeros: Gilberto Román, que coincidió su llegada en 1973 con nuevas ordenanzas laborales, tales como descanso dominical, vacaciones, horas de trabajo, remuneraciones etc., Andrés e Isidro Suárez Boza. Con todos formó un equipo compenetrado que paralelamente se veía acompañado de un crecimiento de la entidad en número de socios, actos y prestigio de la misma. Así mantuvo gran compenetración con José Navarro cobrador de la entidad y más tarde también conserje4 y con Antoñito Martín que tenía a su cargo el bar de la entidad.
Manolito tuvo sus “arranques” siempre suaves pero contundentes. En una ocasión un socio le hizo la siguiente observación: “Manolito usted es muy feo”. Manolito muy sosegado le respondió: Uestes no ha visto a mi padre…”. En otra ocasión, un socio atrasado en el pago de sus recibos de cuota, sentado en los sillones de mimbre que se colocan, como hoy, en la acera del frontis de la entidad, le repitió la pregunta que le hizo , en esta ocasión otro socio, siendo en esta ocasión cobrador de las cuotas a lo que le respondió: No c reo que sea tan feo, pues cuando voy a cobrar a las casas me dicen que vuelva otro día, y es que desean verme…, les agrada mi presencia”.
El mentado socio, al día siguiente, pidió la baja de la entidad pero no saldó sus débitos.
En 1981, siendo presidente de la entidad José Pablo Rodríguez Padrón en su segunda época, se celebró el primer aniversario de su fallecimiento ocurrido el 6 de mayo de 1980 y en Junta General Extraordinaria se nombró a nuestro hombre, D. Manuel Ruiz Quesada, socio de honor por su méritos y desvelos hacia la entidad en la que durante más de veinte años fue un ejemplar trabajador.
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Comentarios
Mi email es: fgq94
Gracias.
Al decir anecdótico, es por la escena vivida por todos, llevando consigo eso sí el máximo respeto.
Y como escriben siempre los cronista. Fue comentado durante varios días en las tertulias calidas de los atardeceres del mes de mayo.
Juan Lorenzo.
Conocido el fallecimiento de Manolito ese mismo día el casino de Gáldar permaneció cerrado por duelo hasta el siguiente día posterior al sepelio haciéndose una parada con el féretro delante del citado casino, donde a través de megafonía se escuchaba música clásica, en señal de respeto y homenaje. (Desconozco si en otras ocasiones se ha hecho, excepto por fallecimiento de autoridades Eclesiásticas, Civiles o Militares)
Le reitero mi agradecimiento por sus publicaciones.
Con el respeto que me merece.
Juan Lorenzo.
Pero permitirme Sr. García Batista al cual le proceso respeto admiración, que no deje a otros tantos que fueron personajes claves en acontecimiento vividos en mí Agáldar.
lucy y familia
Un saludo afectuoso
Juan Rafael Montesdeoca Moreno