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De cómo San Nicolás de Tolentino, patrón más antiguo de Canarias, también fue remojado en el Charco

SannicolasvanleewenLa advocación de San Nicolás de Tolentino fue de las primeras en llegar a Canarias cuando aún estaba presente la sociedad indígena y hoy es el patrón municipal más antiguo con que cuenta Canarias, pues llegó con Santa Catalina Mártir y Santa Águeda, hacia 1350, de la mano de unos frailes mallorquines que pensaban evangelizar estas desconocidas islas.

Y vino porque era, a finales de la Edad Media, un santo protector de los marinos mediterráneos que ya se adentraban en el aún "Tenebroso Atlántico".

En una cueva que casi bañaba el mar de la playa de La Aldea, erigieron aquellos frailes mallorquines una pequeña ermita donde colocaron una tosca imagen del santo italiano. Y este dio nombre luego al valle de La Aldea en sustitución de la toponimia aborigen aún por dilucidar.

elcharcopacoriveroEl santo, que desde la Playa fue trasladado al fondo del valle a finales del siglo XVII, tuvo nuevo techo en otra ermita, la que a principios del siglo XVIII adquirió el rango de capellanía y en 1742 de Ayuda de Parroquia, en tiempos en que, cada 10 de septiembre, de todos los lugares de aquella lejana comarca acudían romeros a cumplir promesas y disfrutar —lo más importante— del ambiente festivo.

Por tanto, ayer un año más los aldeanos cumplieron con la tradición en torno a San Nicolás de Tolentino que no solo dio toponimia sino los colores representativos del amarillo y negro, primero en sus equipos deportivos, y más tarde de su bandera. Quizás este día tan señalado para los aldeanos precise de reconducción festiva de más sosiego en su tarde noche, para preparase para el otro día que tanto define a un pueblo como La Aldea de San Nicolás.

Porque hoy, Día del Charco, se rememora el fin de la cuatro veces centenaria Fiesta de San Nicolás, cuyo origen tan lejano se dibuja con gente que bajaba a la playa en plan convivencial y familiar y en torno a la laguna costera de El Charco pescaban y disfrutaban dentro de sus aguas un jolgorio que se transformó en esa singular fiesta de lisas, lebranchos, timples y mil remojones; evento que, en 1766, la Iglesia quiso cortar al prohibir que mujeres y hombres entraran en el humedal "casi desnudos".

En ello San Nicolás de Tolentino también cuenta porque, según la tradición, en un año inmemorial de sequía, los aldeanos lo llevaron para abajo y le dieron un suave remojón en El Charco y aquel año llovió. Quizás la historia real no sea así pero sí que San Nicolás de Tolentino año tras año, como ayer, recibió, el acompañamiento y devoción de todos los aldeanos en su día 10 de septiembre y sus párrocos también se bañan y pescan en El Charco lejos de aquellos tiempos de las doctrinas de Trento.

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