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Microrrelato: Regreso

GQB2015Hoy he vuelto al lugar del que salí hace un año. Es el precio que he tenido que pagar por morder la mano que me daba de comer, por no cumplir con lo que se esperaba de mí. Un desliz del que me traté de redimir de mil maneras, pero ya era tarde. Había traicionado la confianza del patrón y dejé de contar con su protección. Mientras me sentenciaba, escuché a algunos de sus secuaces susurrarle "Te lo advertí", mientras otros me señalaban con el dedo obligándome a bajar la cabeza.

Hoy he vuelto al lugar del que salí hace un año y aquí todo sigue igual. El olor a desesperanza me golpea nada más atravesar las puertas principales. Es una mezcla de suciedad, miedo, heces, tristeza, violencia y enfermedad. Es como huele la falta de libertad.

Hoy he vuelto al lugar del que salí hace un año y el resto de presos se abalanza sobre sus barrotes para darme la bienvenida con una algarabía que me aturde. Sorprendidos unos, indiferentes otros. Pierdo la cuenta de cuántos de nosotros pueblan cada celda. Solo sé que somos demasiados desheredados, demasiados parias, demasiadas balas perdidas. Compruebo que algunos ya no andan por aquí y me pregunto qué habrá sido de ellos. Si, como yo, habrán tenido un pizco de suerte o si por el contrario habrán terminado como acaban los que pasan demasiado tiempo en este agujero.

Hoy he vuelto al lugar del que salí hace un año. Me alojan en una celda que durante un tiempo tendré solo para mí, como medida de precaución para no acabar muerto antes de tiempo. Un cubículo con agua, comida y cuatro rincones, de los cuales uno será para dormir y el otro para hacer mis necesidades. Tengo espacio de sobra para sentirme desdichado y aullar mis penas a la luz de la luna.

Hoy he vuelto al lugar del que salí hace un año y, como entonces, me siento morir lentamente. Solo revivo cuando una niña o un niño aparecen en las proximidades de mi jaula y hacen por acariciarme. Entonces me levanto y meto la cabeza entre los barrotes todo cuanto puedo, lamo sus manos, les doy la patita y muevo el rabo de forma frenética para tratar de conquistarlos. Para demostrarles que aunque esté viejo y ya no pueda cazar sirvo para mucho más. Para que vean que soy un buen chico, y que vale la pena llevarme con ellos a casa.

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