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Microrrelato: Ideas sin importancia

Josefa MolinaSabía que no eran más que pequeñeces, ideas sin importancia que rondaban su mente de vez en cuando. Aún así, decidió ir a la iglesia. Quizá el hablar con el sacerdote le hiciera bien. No en vano, él la había bautizado y había sido el encargado de oficiar su primera comunión.

Ahora que estaba pasando por aquella mala etapa de dudas y de desconciertos, ¿qué mejor que su párroco para hablar? En el fondo, era consciente de que lo óptimo sería buscarse un psicólogo pero, al fin y al cabo, un cura también podía hacer las veces de psicoterapeuta. Además, se iba a casar, iba a contraer matrimonio en tan solo dos semanas en aquella misma iglesia, frente a aquel mismo párroco. Era, pues, el lugar perfecto y la persona perfecta para aclarar aquellas ideas sin importancia.

Se bajó del coche y se encaminó hacia el templo. Encontró al párroco justo donde debía de estar: en el confesionario. Se arrodilló y le transmitió entre susurros los asuntos que rondaban su mente. El hombre escuchó en profundo silencio. De pronto, un ruido sordo sonó al otro lado del ventanuco del confesionario, y unos pasos se perdieron a la carrera retumbando con un eco casi aterrador entre las altas paredes de piedra y las cristaleras de colores.

Se levantó y miró perpleja fuera del mueble donde los pecados se redimían a base de padrenuestros y avemarías. El sacerdote había desaparecido. Levantó los hombros en un gesto de indiferencia. Parece que eso de casarse en cuartas nupcias para envenenar al marido en la misma noche de bodas, no era muy del agrado del vicario. Y no entendía el por qué...¡con lo hermoso que habían sido los entierros de sus últimos tres maridos! En fin, tocaba matar al cura, aunque pensándolo bien... ¿para qué?, para algo se había inventado el secreto de confesión, ¿no?

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