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Microrrelato. M&M's

GQB2015Mis padres eran dos maricones de mierda. No lo digo yo, lo decían ellos. "Tus padres son dos maricones de mierda", me dijeron, utilizando a propósito la tercera persona del plural, poniendo en su propia boca la frase que más utilizarían en el futuro para hacerme daño. Tenía diez o doce años y había llegado del colegio llorando a moco tendido por las burlas veladas y los comentarios en voz baja sobre las dos personas que más quería en este mundo. Ellos me sentaron en el sofá, me miraron muy serios y me soltaron el discurso más enriquecedor que nadie me daría jamás.

—Tus padres son dos maricones de mierda. Métetelo en la cabeza, asúmelo y escúpeselo a la cara a todos aquellos que quieran hacerte de menos refiriéndose a nosotros con términos elegantes y políticamente correctos. Di lo que ellos querrían decir pero no se atreven. Ponles un espejo delante y que asuman su hipocresía. Antes de que enarbolen la consigna del "No es natural" mientras hablan de peras y manzanas, antes de que aludan a las "Sagradas instituciones del matrimonio y la familia", y mucho antes aún de que tiren de argumentario seudo-científico y señalen "la falta de evidencia sobre el correcto desarrollo del niño en un ambiente homosexual"... Antes de todo eso, dispara a bocajarro. Apunta bien, porque a veces no es fácil distinguirlos, pero si te fijas, verás que son los buenos samaritanos que toleran al inmigrante siempre y cuando permanezca bien lejos; los mismos que abogan por la igualdad de género pero tienen la palabra "feminazi" continuamente en la boca; aquellos cuya mano izquierda sabe perfectamente lo que hace la derecha. Fieles creyentes de que cada uno tiene lo que se merece, de que puedes salir limpio y reluciente del fango aunque la mierda te llegue hasta la coronilla, y que si te quedas ahí es porque quieres, porque eres un maldito vago. Ellos se autodenominan gente de bien, ciudadanos ejemplares. Nosotros los llamamos hipócritas de mierda, y en cuanto les incomodes con la verdad te dejarán en paz, créenos, porque pocas cosas hay peores que un extraño haciéndote ver lo repugnante que en realidad eres. Pero sobre todo, hijo, tenlos como ejemplo de en lo que no debes convertirte. Porque muchos cabezas huecas odian a los maricones de mierda, pero no hay nada peor que ser un hipócrita de mierda.

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