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Microrrelato. "2+2=?"

GQB2015El doctor Huxley observaba a sus interlocutores con una mezcla de fastidio y diversión. Siempre le ocurría lo mismo con los padres primerizos, no podía evitarlo. Sentados en actitud sumisa al otro lado de su enorme mesa de metacrilato, le miraban con una mezcla de expectación y súplica. Esa era la parte que a Huxley le divertía: pensar que si fuera un médico bromista y cruel, podría hacer añicos las ilusiones de aquellos treintañeros en un abrir y cerrar de ojos. Obviamente, no podía. Era el máximo responsable de la sección de neonatos del hospital más prestigioso del país, y los inversores privados que sustentaban aquel macro complejo sanitario no permitirían ese tipo de ocurrencias.

Un carraspeo nervioso de la madre sacó al doctor de sus cavilaciones. Lentamente, tecleó en su nanotablet el número del informe que buscaba y los datos se materializaron automáticamente en sus gafas de realidad aumentada. Tras un rápido vistazose dirigió a la mujer esbozando la mejor de sus sonrisas.

—Ha dado a luz un bebé espléndido, señora...

—Rodríguez. Señora Rodríguez —se apresuró a contestar la susodicha.

—Señora Rodríguez —repitió Huxley intentado disimular al máximo su acento. Pese a llevar más de cuarenta años en el país y dominar el idioma a la perfección, ciertos fonemas aún se le resistían—. Como le decía, una criaturita maravillosa. Por lo que observo en el informe, los marcadores genéticos de salud física son óptimos. Salvo imprevistos, a su hijo le espera una vida larga y próspera.

—¿Cuánto vivirá? —preguntó el padre.

Huxley frunció el ceño. Era una pregunta típica, aunque no por ello menos molesta. Esta era la parte que le fastidiaba: la de repetir una y otra vez la misma cantinela a los padres ignorantes o duros de mollera. Suspiró y contestó, intentando sonar amable.

—Sabe que no puedo decírselo, señor Rodríguez. Solo estoy autorizado a transmitirle aquella información que pueda ser crucial para el futuro desarrollo de su hijo, y la fecha estimada de defunción no lo es. De hecho, hemos obviado ese dato en la copia del informe que se llevará a casa, y el hospital se está planteando seriamente eliminar el análisis de longevidad. Solo nos ha traído problemas.

Era cierto. En pleno siglo XXII, con gran parte de las enfermedades erradicadas de los países hiperdesarrollados, la longevidad extrema se había convertido en una obsesión para la clase élite. Tanto que, en plena hegemonía de la ciencia, los charlatanes, curanderos y místicos habían brotado como setas, generando auténticos problemas de salud pública con sus promesas de inmortalidad. A los proles se les podía excusar —su esperanza de vida había disminuido considerablemente, hasta niveles similares a los de finales del siglo XIX, lo cual había provocado la aparición de ciertos grupos violentos que reclamaban la restauración de los servicios sanitarios públicos—, pero no así a los padres élite, que pecaban de ilusos al confiar en estos vendehúmos. Cierto que nadie quería ver morir a sus hijos (así había sido siempre), pero ahora además se les deseaba vida eterna. Todo un disparate.

—En cualquier caso... —empezó a decir Huxley con cierta piedad—... pueden estar tranquilos. Su hijo estará ligeramente por encima de la media nacional y rondará los ciento setenta y cinco años sin problemas.

Los primerizos se abrazaron exultantes. Huxley los observó: formaban una pareja de treintañeros guapos, esbeltos, presumiblemente inteligentes, con un pasado entre algodones y un futuro prometedor. El prototipo de pareja que posaba junto al conocido eslogan "Merece lo máximo, merece el 100%. No se conforme con menos", en los anuncios que MegaCorp destinaba a sus clientes más exclusivos y poderosos. La minoría que controlaba a la mayoría, el 6% que merecía el 100%. Aquellos jóvenes eran parte de ese porcentaje.

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