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Microrrelato. "2+2=?" (Tercera parte)

GQB2015—Son conjeturas que debemos verificar y de las que no podemos sacar conclusiones precipitadas. Piensen que su hijo no tiene ni un día de vida, y por mucho que su ADN nos hable, también puede decirnos alguna mentirijilla que otra. —Aunque había intentado sonar gracioso, no obtuvo respuesta alguna de sus interlocutores, que ahora le observaban como alumnos asustadizos. Decidió continuar—. Por otro lado, he dicho pedofilia, no pederastia.

El señor y la señora Rodríguez lo observaron sin entender. Tocaba explicarse de nuevo.

—La pedofilia es la simple atracción erótica o sexual hacia los niños, y no tiene que implicar el abuso. Ese es el caso específico de la pederastia. Lamentablemente, parece que ciertos genes predispondrán a su hijo a experimentar cierta... simpatía... hacia los más jóvenes, pero nada nos dice que vaya a dejarse llevar por sus impulsos.

—De cualquier manera, me reconocerá que no es tranquilizador saber que tiene esa tara, doctor. —repuso la señora Rodríguez.

—Por supuesto. Pero piense lo siguiente: podría ser peor, mucho peor. Los marcadores de la pedofilia son menos concluyentes, menos definitivos que los de la depresión, la esquizofrenia o el suicidio, que suelen desarrollarse en un noventa y tres por ciento de los individuos con predisposición genética, haciendo inútiles las terapias condicionantes. Por suerte, este no es su caso.

La pareja respiró con cierto alivio, y el doctor aprovechó para proseguir con su discurso.

—Por otro lado, ustedes podrían ser mayoría, mera prole, y no tener ni idea de esto. Con esta información podremos tomar medidas para mejorar su situación y la de su hijo. ¿Qué les queda a los parias? Vivir como llevan viviendo de aquí para atrás: totalmente a expensas de lo que les dicte su genética y su brutalizado y azaroso ambiente. Libre albedrío, lo llaman algunos de sus autoproclamados líderes. Bien, ustedes son un millón de veces más libres que ellos.

—En concreto, doctor, ochenta y cuatro millones de veces más libres —dijo el padre frotando el pulgar contra los dedos índice y corazón, en clara alusión a los fondos de su cuenta bancaria.

La broma provocó las carcajadas de su mujer y una sonrisa condescendiente en Huxley, y el ambiente terminó de distenderse. Una vez cesaron las risas, el padre volvió a hablar.

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