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Microrrelato. "La carta"

Josefa MolinaEscribo esta carta como podría haber ido al centro comercial a ver escaparates a comprar algo absurdo que no necesito para nada. O coger el coche y acercarme a la playa más próxima y zambullirme en el agua helada del cantábrico e incluso dejarme arrastrar mar adentro y desaparecer sin más, sin dejar rastro. Hace tiempo que no importo a nadie; mi perro también me dejó hace años...

No escribo por ti. Más bien lo hago por mí, para encontrar entre estas líneas la forma de olvidarte de una vez por todas. Eres un melancólico recuerdo que merodea mi vida, mis horas, mi soledad. Incluso cuando estoy en el trabajo, te presentas sin permiso, altivo, prepotente, creyendo que aún puedes formar parte de esta existencia.

Creo que no lo has entendido. Un día decidiste seguir tu camino sin mi, así que ahora no te creas con el más mínimo derecho de regresar y tocar a mi puerta como si todo siguiera igual. Ya nada es lo mismo. Las flores se secaron porque nadie las regaba. Hasta el cactus murió de sed.

Cuando no se cumple con lo pactado, simplemente, se rompe el acuerdo. Se acabó la historia. No aparezcas más, ni en mi mente, ni en mis recuerdos. No busques arrullarte en mi cama. Atrás quedaron mis ganas de contar contigo. El día que decidiste poner punto y final en aquel acantilado no solo acabaste con tu vida, me mataste a mi también...

Ya ha transcurrido casi un año y tengo que decirte que he crecido a base de dolor, de rabia, pero sobre todo de olvido. Así que, cierra esa puerta y deja de presentarte incorpóreo en mi casa, en mi calle, en mi playa cuando te plazca. Ya no formo parte de ti y tú ya no formas parte de este mundo. Tu adiós fue nuestro adiós, tu hasta siempre. Así que hasta siempre o hasta que mi muerte nos vuelva a reencontrar.

 

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