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Microrrelato. "See you, boy"

quicoespino2016A Maria Concepción, que concibió siete hijos, le encantaba un buchito de café por la mañana (hasta que no me tomo el café no soy persona) y otro después del almuerzo, costumbre que mantuvo hasta el último día de su vida, con ochenta y cuatro años sobre sus espaldas. Fue una mujer activa hasta poco antes de su rápido desenlace con la vida pero, como decía ella, se le iba el romeo de vez en cuando, refiriéndose a que, por ejemplo, le ponía sal a las comida dos o tres veces, pensando que se había olvidado de hacerlo. Alguna que otra vez la familia no pudo comerse el potaje, porque estaba salado como un tollo. La anécdota más divertida, relacionada con sus despistes (ella, de broma, lo llamaba clemencia senil) se dio un sábado que invitó a sus hijos a comer arroz a la cubana. Estaban ya todos sentados a la mesa, con sus platos, los huevos fritos, al igual que las papas, los plátanos y las salchichas, cuando, de pronto, echaron en falta el ingrediente principal. Al darse cuenta, María Concepción se llevó las manos a la cabeza y gritó:

-¡Ay, el arroz! ¡Ay, Dios mío, que no lo hice!

Y ese día comieron arroz a la cubana sin arroz.

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