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Microrrelato. "La gaviota"

la gaviotaSe extasía  la gaviota contemplando el ocaso. Nueve años lleva volando por el cielo de Sardina y lo ve distinto cada tarde. Prefiere presenciar el crepúsculo desde la cima del Farallón, sobre todo cuando el sol se pone tras el Teide, pero, a veces, cuando quiere sentir la presencia de los seres humanos, a los que no teme, viene a posarse sobre el monolito  levantado en el muelle del Ancla. Le gustaría acercarse más, en especial a las barcas de los pescadores que hay frente a la Fragata, sentir en sus garras el tacto de la madera, pero sabe que los gatos pueblan aquella zona y considera que es mejor no tentar al diablo. Desde el monumento sobre el que está posada observa el devenir de la gente que pasea por la avenida de la playa. Le agrada oír sus voces, la embelesan las risas de los niños, que a veces suenan como los graznidos de sus crías. Vuelve luego su mirada y se pierde mar adentro, en el horizonte, en la inmensidad del cielo, las nubes, los colores y, una vez más, se ve sobrevolando el Teide y posándose sobre el pico. Sueña con esa imagen. La vive cada vez que la sueña. Y, antes de alzar el vuelo hacia su casa, la gaviota cierra los ojos y agradece a la vida todo lo que le ha dado, especialmente ojos, para ver las maravillas que la rodeaban, y alas para volar.

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