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Microrrelato. "La ratita rebelde"

TeresaVera Madre vivía esclavizada barriendo y fregando todo el santo día la casa. Cuando llegaba padre y el hermano mayor, de la dura jornada laboral, ya les tenía la mesa preparada con la parte más grande y más sabrosa de la ración del día. Mientras estos comían, madre y Rati calentaban el agua para que se dieran un baño reparador. Luego, mientras padre e hijo disfrutaban del baño, ellas se sentaban a comer las sobras, atentas a cualquier requerimiento del patriarca y su vástago. Luego, después de comer, ellas se lavaban con el agua sobrante, ya fría, de la pileta.

-Madre, yo quiero salir a trabajar como sale padre y hermano.

-¡Calla y come! ¡Qué locuras dices, hija! Tu deber es mantener la casa limpia y ordenada para ellos; tu familia, que llegan cansados. ¿O es que no quieres a tu familia?

-¡Claro que sí, madre! ¿Cómo no los voy a querer? Pero yo no soy ni coja ni manca y puedo hacer otras cosas y ni mucho menos soy tonta; puedo estudiar y luego trabajar.

-¡Ni hablar! Yo ya me estoy haciendo mayor y necesito enseñarte para que cuando yo no pueda te encargues tu de llevar la casa, además, te estás poniendo tan guapa que cualquier día vienes con un novio y ya lo hemos hablado antes, si no aprendes a llevar una casa como Dios manda no podrás casarte. ¡Qué vergüenza que luego no sepas ni freír un huevo!

-¡Yo no me casaré en la vida! Yo quiero trabajar. Quiero salir y ver mundo. Quiero conocer gente. No quiero llevar la casa de otros, sino la mía. Calentar mi agua para mis baños, comer de mi propia comida, la parte más tierna y jugosa...

-¡Calla! ¡Insensata, mal agradecida! Ve a barrer la portada que se ha levantado aire y está llena de hojas secas ¡Qué dirán los vecinos!

-¡Pero si no he terminado de cenar! Además, es lo primero que hago cada mañana antes de que nadie se levante. Está oscuro afuera y hace frío.

-¡Te callas he dicho! Haz lo que te mando. ¡Ay Dios mío, esta niña me va a quitar del mundo! ¡No sé a quién habrá salido tan rebelde!

Rati salió afuera con la escoba en una mano y con el farol en otra que colgó en el gancho de forja situado a la izquierda de la puerta de la entrada y empezó a barrer las hojas y flores secas. Estas formaron un corro delante de ella. Parecía que se divertían. Casi las oía reír al son del viento y ella antes de dar escobazo les cantó: "Al corro de la patata, comeremos ensalada.."

-¡Hija, calla! Tu padre y tu hermano estan descansando. ¡Acaba ya la labor!

-Lo siento chicas, os tengo que cortar el juego.

Cuando Rati paró en seco el corro con la escoba vio en medio del círculo algo brillante. Lo arrastró hacia la luz para comprobar qué era. ¡Una moneda de oro! ¡Qué alegría! Su madre una vez le había dicho que lo que ganaba su padre en un año equivalía a una moneda de oro, así que calculó que era mucho dinero.

-¿Qué haré con ella? -Se preguntó-. Por lo pronto se la echaría al bolsillo y terminaría de barrer, ya que el frío se le estaba metiendo en los huesos.

-Con este dinero padre no tendrá que trabajar tanto. Madre lo administraría muy bien y hermano podría pagarse su boda. Madre le ayudaría a amueblar su casa. Una boca menos en casa significa que yo también tendría por lo menos mejor comida al final del día y llegaría a asearme con el agua aun tibia. ¡Qué alegría! Al entrar les daré la noticia.

buganvilla

De pronto, un revuelo de aire le volcó al suelo el cesto lleno de hojas haciéndola reanudar la tarea con desgana.

El musitar de las hojas rozando contra el suelo parecía que le hablaban. Las flores fucsias de la buganvilla lo hacían de forma airada. Paró la escoba para escuchar.

-Una chica de tu edad tomaría una parte para comprarse el lazo más grande y precioso que encuentre en la mercería, se lo pondría en la cola y como luego le lloverán pretendientes elegiría uno, el que menos le pueda molestar por las noches y tendría la oportunidad de llevar la propia casa de su esposo como su madre bien la había enseñado. Ella le ayudaría con el ajuar. Solo tiene que acertar con el novio perfecto a ojos de ella. Eso no sería problema. ¡La conoce tan bien!

-Yo no soy tan presumida para llevar lazos de colores en la cola. Le dio un escalofrío mientras pensaba en esa, lo que ella sentía otra esclavitud, la de parecer guapa y apetecible a los pretendientes de ese futuro que no quería.

De pronto, otro revuelo aun mayor acercó a sus pies hojas secas, que no flores. Entre el bisbiseo de éstas acertó a escuchar:

-Una chica con tus sueños tomaría ese dinero y lo emplearía en hacerlos realidad, pensando luego que no tendrá que depender de nadie. Se formaría para ser lo que quiere ser, una mujer hecha y derecha que no es precisamente saber cocinar, barrer, tender, planchar; no ser una resignada ama de casa por imposición social.

-¿Qué significa imposición social? -Se preguntó a sí misma-.

-Empieza desde mañana a buscar el significado. Esa moneda te permitirá formarte. Pero ojo, irás contra viento y marea. No será bien visto pero con el tiempo quizá, acepten tu decisión.

-¿Pero de qué me sirve estudiar si luego tendré que casarme y todo eso y quizá tendré que olvidar mi formación para dedicarme a mi familia?

-Podrás casarte si lo deseas, si TÚ lo deseas; no tienes por qué seguir lo que otros te impongan y si te casas tampoco tienes que seguir la vida que otros te han -tu madre, por ejemplo- inculcado. Solo ve firme y busca tu felicidad. Tus metas no tienen por qué ser las mismas que las de las demás féminas.

-¿Qué significa féminas?

Ya estás tardando en buscar su significado, Rati. Si lo decides, ponte a ello desde mañana mismo.

¿Sabéis que pasó niños?

-Cuenta, cuenta.

Pues que Rati tuvo muchos problemas, sobre todo con su madre, no aceptaba tanta rebeldía. Ella estudió muchísimo. Fue a la universidad donde también encontró algunas mujeres que pensaban como ella. Algunas se casaron y olvidaron sus sueños, porque esas no tenían claras sus metas. Esos ejemplos sirvieron a Rati para no decaer por la presión que su familia ejercía sobre ella y en general la sociedad. Sabía muy bien lo que no quería para su vida. Nunca dejó de querer a su familia aunque estos creyeran todo lo contrario. Nunca los abandonó, como nunca abandonó sus sueños.

Uno de sus sueños era no casarse nunca, viajar, ver mundo, conocer gente; y lo cumplió. El mayor compromiso que contrajo fue el de respetarse a sí misma, cumpliendo todas las promesas que se hizo aquella noche cuando entró a su dormitorio, luego de barrer aquella entrada llena de hojas secas y flores de buganvillas que revoloteaban a su alrededor.

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