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Microrrelato. "Alexanderplatz"

Josefa Molina2¿Y qué libro estás leyendo ahora? Le espetó desde el otro lado del vagón.

Al principio ni se molestó en levantar la cabeza segura de que la pregunta no iba dirigida a ella. Siguió concentrada en su lectura ajena al traqueteo del metro.

¿Que qué libro lees ahora? Oye, que es a ti. Incordiada y curiosa a la vez, levantó la vista.

Unos ojos increpadores le observaban fijamente. Encima de ellos, un sombrero de ala ancha cubría un rostro surcado de arrugas, unos pómulos salientes y huesudos, una barba rala y canosa y una profunda interrogación.

¿Es a mí?, preguntó sorprendida. Que te hablaran en pleno vagón del metro una persona totalmente desconocida no era habitual en aquella silenciosa ciudad donde puedes vivir toda la vida y no conocer más que a dos o tres vecinos de tu inmueble.

Sí, es a ti

Pues, eh... se titula "Berlin Alexanderplatz". Ah, sí, de Döblin. Era psiquiatra, ¿lo sabías?, por eso hizo un libro tan sesudo y denso y con un estilo, digamos, tan complicado.

- Pues... no, no lo sabía.

- Sin duda fue su mejor texto. ¿Sabes?, algunos lo compararon con Joyce. Dijeron incluso que copió su manera de narrar. Pero no. No tienen nada que ver Franz Biberkopf y Leopold Bloom, sus caracteres son totalmente opuestos.

- Ah...tampoco lo sabía

-Bueno, es que a veces me da por leer. Tengo mucho tiempo libre. Creo que es la mejor manera de matar tanta soledad, vamos, una buena manera de refugiarse del mundo.

Sí, a mí también me lo parece.Y por eso leesCierto, me ayuda a evadirme.A crear mundos paralelosA alejarme de los demás

Exacto

Callaron. Se observaron fijamente. Por unos instantes, el mundo quedó reducido al mecánico y ruidoso vaivén del tren.

De pronto, en el altavoz, una voz femenina avisaba de la llegada a la siguiente estación.

- Bueno, esta mi parada: me bajo aquí

Lo sé. Bueno, pues,... hasta mañana. Por cierto, me llamo Alfred.

Yo, Mieze...encantada...en fin, hasta otro día.

Se despidieron con una leve sonrisa.

Cuando la chica descendió, una extraña sensación recorrió su espalda. Se volvió para mirar hacia el interior del vagón buscando a su anciano interlocutor. El asiento que antes ocupara el viejo estaba ahora ocupado por una señora rubia con cara de pocos amigos.

Despacio subió las escaleras del metro. Cinco de la tarde. Menos dos grados en el exterior. Las parpadeantes luces del Alexanderplatz la recibieron alegres en la noche berlinesa.

Enredó al cuello su larga bufanda de colores y comenzó a andar mientras hundía los pies en la gruesa capa de nieve que cubría de blanco las calles de la ciudad.

A lo lejos, una brillante noria no dejaba de dar vueltas.

1 comentario

  • Josefa Molina
    Josefa Molina Lunes, 18 Diciembre 2017 10:03 Enlace al Comentario

    Mil gracias, como siempre, al diario digital por publicar uno de mis relatos cortos. Gracias por apostar por la promoción y apoyo de la escritura y la literatura. Espero que les guste a los lectores. Saludos.

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