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Microrrelato. "La llave"

arantxamujicacolor7Necesitaba escribir sobre ídolos caídos, entrañas rotas y emociones desechas. Sin embargo decidí pintar un cuadro. Frente al lienzo estaba yo, como siempre solos frente a frente, mirándonos en silencio. Tras unos minutos atravesé la gruesa tela y me introduje en la infinitud de mis propios pensamientos, todos materializados al otro lado, en mi otra dimensión, allí donde solo yo comprendía.

El cielo, aún seguía cubierto por un inmenso mar de nubes grises, que se movían formando gigantescas olas que rompían entre ellas y que con la fricción, descargaban las lágrimas que nunca pude dejar salir. Yo, dejándome empapar por aquella tormenta decidí tomar el camino que me llevaría hasta la llave. Era un sendero formado por retazos de tela que evocaban instantes de mis más recientes vivencias. Todos ellos representados por mi, dibujados a plumilla, lápiz, carboncillo...todos ellos producto de mis innumerables visitas al mundo de la expresión artística.

El frío de mis ropas empapadas en agua y sal, no me impidió que a cada paso disfrutara recreándome en aquellas imágenes que se extendían bajo mis pies descalzos: Notas musicales que se encadenaban, formando una danza sin coreografía alrededor de varios instrumentos. Libros, muchos libros de poesía, filosofía, política, misterio...que agitaban sus hojas derramándose de entre ellas cientos de palabras hermosas. Días y noches interminables apurados hasta el último minuto, salpicados de labios que sonreían, se besaban, se rozaban, se hablaban. Sueños en común representados por paisajes jamás vistos, personalidades desconocidas y aromas inalcanzables. Una mujer que con sus manos abría su pecho y dejaba escapar miles de mariposas moribundas.

Recreándome en mis propios recuerdos, llegué finalmente hasta el cobertizo, ubicado en el centro de una nada gris salpicada de lágrimas y algún que otro lamento lejano. Una vez dentro, el silencio invadió todo el cobertizo y sentí que el calor regresaba a mi cuerpo, haciéndome sentir mucho más aliviada.

Sabía donde encontrar el cofre que guardaba la llave. Esa llave que una vez había depositado con la esperanza de no tener que volver a usarla nunca más. Cinco pasos al frente y bajo un viejo tablón suelto aguardaba escondido el pequeño receptáculo. Pesaba mucho, mucho más que la primera vez que lo escondí. Al abrirlo comprobé que en su interior la llave había aumentado de tamaño, con el tiempo se había vuelto más pesada y gruesa, cubierta de óxido había perdido todo su brillo inicial.

La tomé entre mis manos y decidí volver sobre mis pasos no sin antes darme cuenta que allí, en aquel viejo cobertizo estaban mis alas. Mis alas ya olvidadas, dejadas allí una vez por alguna razón que se había perdido en mis recuerdos. Decidí que regresaría a por ellas una vez terminase con mi cometido, y me juré no volver a olvidarlas nunca más en la soledad de mis sentimientos.

Fuera, la tormenta de nubes ya había desaparecido, y las estrellas salpicaban una nada tibia y tranquila, iluminando mi sendero de recuerdos hacia el camino de regreso.

Él me esperaba en el mundo real cuando volví de mi cuadro.

Me acerqué, y le entregué la llave.

-Eres libre, y yo también.

Porque al final...dejar marchar es la sanación definitiva para las almas heridas.

1 comentario

  • Fernando Tocino
    Fernando Tocino Martes, 26 Diciembre 2017 19:43 Enlace al Comentario

    Me gusta mucho el relato, onírico, misterioso y muy bien contado. Sigue escribiendo tus cosas . Te lo agradezco.

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