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Norteños por el Mundo: Manuel José García Barroso, “París para vivir, Agaete para recordar”

manolojuanagaet02Manuel José García Barroso es un reputado psiquiatra, afincado en la capital francesa, y desde París sigue soñando con Agaete, el pueblo de su infancia.

En la villa marinera pasó sus primeros años de vida, ya que por un problema de enfermedad de su madre, decidieron que lo mejor era que estuviera a cargo de sus abuelos maternos.

Estos años, lejos de sus padres y hermanos, lo han marcado profundamente. Así, asegura que un querido amigo, le suele decir que fue un niño rico, ya que su familia contaba con una buena posición económica, pero para él, el amigo era el rico ya que contaba con una estampa familiar, que él nunca tuvo. Por eso, disfruta de los almuerzos del día cinco de agosto en la villa, en casa de la que es también su familia de corazón.

Por su abuela, sabe que fue amamantado por Seña Guillermina, pero más bien poco ya que siempre se quedaba con hambre, porque la nodriza a pesar de pechos abultados no tenía mucha leche, y los lloros se los quitaban dándole un biberón con agua.

Se padre solía ir los fines de semana a Agaete, para pagar el jornal a sus trabajadores. Repartía una perra entre los niños de San Sebastián, por lo que su llegada era muy esperada, pero estas visitas para Manuel José, estaban bajo la sospecha de que se lo llevaban a la capital grancanaria.

En una de estas visitas, el miedo a marcharse fue tan grande, que se quitó la ropa para poder quedarse. Al final, tuvo que marcharse a Las Palmas, y aunque fue bien acogido por el resto de sus hermanos, ya tenía un hueco en el alma que nunco pudo llenar.

La Universidad llegó como la liberación de una atmósfera familiar conflictiva. Inició sus estudios de medicina en Cádiz, ya que era la Universidad más cercana a las islas, y era fácil mandar paquetes al estudiante. Despué fue a la universidad de Barcelona, y después a Madrid donde estudió y trabajó con los Doctores Jiménez Díaz y López Ibor.

Recuerda con nostalgia el Provincial de Madrid, hoy reconvertido en Museo Reina Sofía, por el que de vez en cuando pasea, abriendo la memoria a aquellos años de juventud.

En aquella época, la psiquiatría estaba centrada en los electroshock, y para él eso era insuficiente, ya que estaba lleno de dudas existenciales sobre la mente humana.

En Madrid, una amiga le habló de un psicoanalista que estaba en París y que hablaba español, por lo que no lo dudó dos veces, hizo la maleta y se plantó en la Ciudad de La Luz, con una mano delante y otra detrás, sin saber si podría pagar los estudios que eran muy caros, y con el deseo innato de aprender.

En París le hablaron del Colegio de España del que terminó siendo presidente durante cuatro años, por una intervención en una asamblea en la que puso los puntos sobre la ies, sobre lo que era y debería ser el colegio.

La fortuna empezó a sonreírle, ya que le ofrecieron una beca. Cuenta con socarronería que era una beca de la Organización Mundial de la Salud, la misma que le dieron también al Marqués de Villaverde.

En París estaba lo nuevo, la oportunidad de crear . Asegura que fue una época fascinante y así, fue labrándose su meritoria trayectoria profesional,dando clases en la Sorbona, aunque para él, todas las Universidades en las que ha impartido su magisterio, son importantes.

Para Manuel José, siempre eres alumno y profesor, porque la vida es una camino de aprendizaje. Ese aprendizaje continúo lo ha convertido en un compañero de tertulia que escucha desde la reflexión y que habla con la prudencia de un intelecto privilegiado.

Este norteño afincado en París vive con preocupación la situación que se ha generado tras los recientes atentados en la capital francesa. Señala que se está generando una "conciencia de guerra", y que se está consagrando mucho dinero, con recortes en otras partidas, para destinarlo al ejército y a la policía. Apunta que sin que sea un sentimiento de inseguridad, se nota la sensación de peligro, y eso influye en el estado de ánimo de los ciudadanos.

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Agaete siempre está presente en su cabeza. Sus años en la capital grancanaria no cuentan para él, ya que es la villa con su paisaje, la que acapara todo su sentimiento.

Ahí está presente el recuerdo de la tía Carmen, de Lola, de Sofía, y principalmente del abuelo que era el centro de la estabilidad familiar.

Sin embargo, no tiene claro si volverá definitivamente a su pueblo. De Agaete le gusta el ambiente del verano, aunque para él a veces sea excesivo. Le gusta salir a la calle, hablar con los amigos, pero no sabe si una vida permanente puede resultar aburrida. Le cuesta trabajo dejar París, renunciar a las charlas con los colegas y discípulos, asistir a congresos, porque es un apasionado de su profesión. A su edad le resulta muy difícil tener que empezar de nuevo en otro lugar, así que la cuestión entre París o Agaete se queda en un veremos.

Manuel José García Barroso se tuvo que marchar para poder regresar en paz con el pasado.Regresa a su pueblo cada verano, con el corazón repleto de emoción.

Actualizado el Miércoles, 12 Abril 2017 19:04

3 comentarios

  • Cambaludo
    Cambaludo Martes, 11 Octubre 2016 00:24 Enlace al Comentario

    Paso de la falsa modestia igual que el sabio aquel que no cambia París por su aldea.

  • José Antonio
    José Antonio Lunes, 28 Marzo 2016 17:46 Enlace al Comentario

    Mas bien sería al revés. Paris para recordar y Agaete para vivir.

  • Me dicen el desaparecido
    Me dicen el desaparecido Miércoles, 02 Marzo 2016 15:29 Enlace al Comentario

    Exacto, cualquier otro sitio para vivir.

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