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En el Guiniguada (VII)

juanferreraEn la calle más estrecha de Las Palmas, Toledo con esquina Rosario, cerquita de la Plaza de Santo Domingo, vivían Catalina y Domingo, amigos entrañables. No tenían hijos, por eso, un día, le propuse a Domingo que fuera el padrino de bautizo de mi hijo Juanito. El hombre mostraba una alegría que aún hoy perdura: nunca llevaron bien el no tenerlos. Catalina era un alma cándida y Domingo llevaba los nervios a flor de piel. Me ayudó cuando construimos la casa en Los Tarahales y salíamos juntos con frecuencia. Era Domingo perito mercantil (“periquito” mercantil, le decía yo entre bromas) y llevaba con esmero, seriedad y rigor la contabilidad de dos empresas señeras en la isla: Galletas Tamarán y Cervezas La Tropical. Luego tuvo que decantarse por esta última porque el volumen de trabajo aumentaba con cada ejercicio económico (por cierto, expresión que mi hijo Juanito me explicó días atrás cuando preparaba un examen de Economía). Lo cierto es que éramos casi inseparables: íbamos con frecuencia, los sábados por la noche, al bar Perico a ver la actuación de Los Tres del Guiniguada, que a Catalina le encantaba; y las menos, al Club PALA, donde los bailes resonaban con unas orquestas extraordinarias. Sobre todo le gustaba aquella donde cantaba un tal Diego, que en la semana era guardia municipal y los sábados por la noche, desde el pequeño escenario, lograba con su encanto y simpatía vibrar a la concurrencia. Pero tanta felicidad no podía durar siempre, como decía mi madre. Y un día de agosto, mientras cruzaba el Puente Palo, Catalina fue arrollada por el último carro de caballos que quedaba en la capital. Fue tanta la mala suerte que la autoridad sentenció que el carro desapareciera del mapa. Luego, tras el duelo de mi amigo Domingo, y al cabo de un lustro, se ennovió con Marisa, todo lo contrario al carácter de Catalina, y llegó lo que se presumía: comenzamos a distanciarnos. Todo había cambiado. Nada era para siempre. Y en la amistad también ocurrió. La última vez que lo vi iba corriendo con papeles importantes, según él, en la mano. Apenas hablamos. Apenas un instante fugaz después de lo que habíamos sido. ¡Quién nos lo iba a decir!

En el Guiniguada VII

Actualizado el Viernes, 19 Mayo 2017 19:58
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