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En el Guiniguada (X)

juanferreraCuando comenzaron las obras para los coches que hicieron desaparecer el Guiniguada bajo el asfalto, hacía ya tres años que había terminado mi casa. En la inauguración, otro sancocho, conté con la presencia de mi jefe y su mujer, Esther. Mi amigo Domingo, el padrino de mi hijo Juanito, excusó su ausencia alegando motivos familiares; y la verdad es que yo no insistí pues hacía ya mucho tiempo que nuestras amistades se habían enfriado con el natural paso del tiempo. Pero lo sigo queriendo y me sigo acordando de él y de Catalina, su primera mujer, la última víctima del carro de animales que la capital tuvo. Mi jefe disfrutó de lo lindo: estaba el hombre cómodo con el sancocho y “con su Esther”, que había hecho migas agradables con mi mujer, Jacinta, de la que nunca les había hablado. Sí, sí, Jacinta es una mujer de los pies a la cabeza. De Almatriche, donde trabajó en una fábrica de macetas hasta que nos casamos y se dedicó a la casa. Esta Jacinta mía tiene sus cosas, pero su amabilidad y su buena educación sobresalen siempre. Quizás por eso un día me atreví y me lancé en mi propósito de ennoviarme con ella; aunque yo creo que fue ella la que se me declaró, seguro. También destaca en ella su tranquilidad, que ha servido para aplacar mis calenturas recurrentes; aunque parezca que mi alelamiento sea mayor.

En el Guiniguada XEn aquella celebración en Los Tarahales, y en un aparte, Maestro Cipriano me hizo partícipe, unas vez más, de sus cuitas:

--- Ahora resulta que mi hija Rosa, la tercera, se quiere ir a Suiza. Y todo porque el otro día, en un baile en San Agustín, donde el hotel, conoció a un extranjero y parece que congeniaron. La verdad es que no sé cómo si mi hija no chapurrea el extranjero. Ahora, eso sí, la bandía es muy simpática, tremendamente simpática. Se lo digo yo, amigo Fermín (me llamaba “amigo Fermín” siempre con unas copas), que cuando he llegado a mi casa por las noches y con la cabeza llena de pájaros preñados, ella, Rosa, siempre consigue que sonría y que mis cabreos se disipen en la cena. No es tan guapa como Rocío, la mayor, pero su simpatía desborda en cualquier reunión.

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