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Especies en peligro, maltrato a animales

nicolaguerra2016La asociación Amigos de los Tiburones y Rayas (Atiracan) pone el grito en el cielo: la pesca furtiva, desordenada e irresponsable en Canarias, va en aumento. Así, gracias a las denuncias presentadas por ellos sabemos que en nuestras aguas hay –supuestamente- empresas dedicadas a la llamada “pesca recreativa”. Y esta, al final, viene a ser la captura de especies protegidas (angelotes, marrajos, rayas, tiburones martillo, chuchos...) con sofisticados recursos materiales.

Es más: si usted, estimado lector, siente curiosidad por nuestro entorno marino, puede entrar en Internet y experimentará el impacto de muchas fotos (comerciales reclamos publicitarios) en las cuales nuestra especie humana tan destructiva muestra con satisfacción sus trofeos. También gracias a Atiracan nos enteramos de que en Playa Honda (Lanzarote) apareció un chucho cuyas aletas fueron cortadas, apéndices muy apreciados en concretas gastronomías.

El chucho es un pez en forma de raya, de cabeza puntiaguda o redondeada muy presente en las costas canarias. Su implantación es tal que, incluso, la voz sirve como punto de referencia: “El pobre Juanillo es más feo que un chucho”, se oía en Gáldar. De él (como del cazón y otros escualos) se hacían tollos, exquisita oferta de la cocina costera. Hoy es un plato casi desaparecido de los bares, su último reducto. Tal vez por el temor a las sanciones; acaso debido a que se trata de un producto perecedero (puede estropearse de un día para otro) o, quizás, por su consideración como plato poco refinado, lo cierto es que ya no se encuentra con facilidad. Lo lamento, pues preparado por mano experta llevaba a chuparse los dedos muchos años atrás. Pero, a la vez, me alegro por la especie.

Gracias al trabajo llevado a cabo por personas y asociaciones, el maltrato a los animales está empezando a ser, incluso, portada de periódicos, el mejor medio para concienciar. Así, leo en La Voz de Lanzarote una noticia que indigna: agentes del Seprona investigan sobre un perro abandonado. La asociación denunciante, Huella a Huella, describe el estado físico – mental del animalito cuando lo encontraron: “Mirada perdida, cuerpo lleno de heridas, boca sin apenas dientes y lleno de bultos".

Otro caso –los hay a puñados- se dio en Los Realejos. La Provincia lo denuncia: un grupo de turistas encontró a doce podencos en la más absoluta de las miserias (desnutridos, sedientos y con tumores a causa de enfermedades contraídas por el estado de abandono en que se encontraban). Un tercero en Güímar, sede de una red nacional organizadora de peleas de perros entrenados para participar en luchas a muerte (eldiario.es). Más: el pasado domingo (Canarias7) fueron abandonados catorce perros en Jinámar...

pelasdegallosFrancia

El interés del ser humano por los animales es, obviamente, prehistórico (según expertos, 40 000 años atrás). A fin de cuentas fueron casi el único alimento de nuestros antepasados más lejanos. Pero, a la vez, su representación gráfica (pintura rupestre) en cuevas, cavernas y otros habitáculos permanece como claro ejemplo de una sociedad ya sensible artísticamente a pesar de las elementales condiciones de vida. ¿Su función? Acaso relacionada con cuestiones religiosas, mágicas creencias para obtener buenos resultados en la cacería o, acaso, la simple representación del mundo exterior.

Pero no solo la sociedad muestra su lado salvaje sobre perros, toros bravos o vaquillas. La insensibilidad se recrea también en festejos tradicionales con la muerte violenta de gansos, delfines, patos... Y en Canarias, con peleas de gallos. De su presencia en la sociedad española sirvan cuatro versos de un romance de guerra (1937): “Se encontraron en la arena / los dos gallos frente a frente. / El gallo negro era grande / pero el rojo era valiente”. También en la narrativa, tal algunas novelas de Gabriel García Márquez (El coronel no tiene quien le escriba; Cien años de soledad...).

En lo pictórico echemos un vistazo a la producción de nuestro paisano Antonio Padrón (Gáldar, 1920 – 1968): uno de los elementos simbólicos que se repiten es, precisamente, el gallo. Presente en distintos cuadros, unos relacionados con submundos o intramundos de la brujería (Echadora de cartas; Santiguadora; Mujer infecunda I, II, III; Las cartas) o con el mundo rural (Campesinas; Quesera; Pelea de gallos).

No obstante, tanto en Antonio Padrón como en el premio nobel de literatura las peleas de gallos no fueron más que la constatación artística de una realidad social inmersa, incluso, en el inframundo americano cuando la sangre del gallo recién sacrificado, por ejemplo, cubre las íntimas zonas de la mujer cuyos intentos de preñez resultan estériles. Ceremonia hermana de sombras nocturnas mientras cantos africanos se mezclan con el ron y danzarines de la histeria estremecen sus cuerpos hasta llegar al más absoluto arrebato... O en Brasil, Haití, Jamaica, África negra (incluso en la misma Europa, sur de EE UU)... cuando su sangre es también imprescindible para el vudú (voz africana, ‘espíritu’) con el fin de dominar la voluntad ajena, reclamar maldiciones sobre el enemigo, conquistar un corazón negado a amores...

Sí, en efecto: las peleas de gallos fueron parte de nuestra historia hasta pocos años atrás (galleras hubo en Canarias –Gáldar, Telde, Güímar, Arrecife, Tazacorte...). Y llegaron aquí tal como arribaron préstamos léxicos americanos (guagua, papa, papaya, tunera...) o expresiones (“Irse para las Chacaritas”...). A fin de cuentas, el vínculo con América se inicia desde el mismo siglo XVI hasta los años 60 del siglo XX. El masivo éxodo de canarios durante el XIX (gravísima crisis económica, hambruna...) se dirigió sobre todo a Venezuela, Uruguay, Cuba... Tras la Guerra Civil, la represión reactivó las migraciones.

Hoy, por suerte, la sociedad va tomando conciencia y denuncia o comunica actos de manifiesta incivilización sobre animales. Pero esta sigue arraigada (abandonos, tratos crueles, “tradiciones” seculares...). Y Canarias, pionera con la Ley de Protección de los Animales (1991) frente a maltratos, crueldades y sufrimientos, permite las peleas de gallos: “Entre la tradición y la crueldad” las define Diario de Avisos. Pues eso.

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