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Capacidad de asombro

leonilojulio2017A veces me pregunto, no podría precisar cuántas, si nos quieren hacer perder nuestra capacidad de asombro. Ese vestigio que nos queda de la niñez, que nos acompañó durante la adolescencia y que, consolidando nuestra condición humana, permanece en nuestra edad adulta. Merced a ella, cuando parecemos estar agotados, surge esa chispa. Un fogonazo de novedad, o acaso de sorprendente hecho no esperado, que nos aguarda al otro lado de la esquina. Es entonces cuando volvemos a continuar con más bríos, sin esperar nada a cambio pero dejando atrás el agotamiento – no necesariamente físico –, que nos impedía disfrutar de lo acontecido.

En el momento que surgen las supuestas polémicas, carentes de los requisitos para alcanzar tal categoría, nos vemos sometidos a su vorágine. Si nos despistamos un poco, por esa capacidad de asombro en franca mengua, nos cuelan alguna de ella. Como pasa lo que pasa, cuando nos vamos a dar cuenta, estamos inmersos en ella, tomando partido por uno u otro asunto. Pues normalmente, con esas hipotéticas polémicas como con las monedas, siempre hay una cara y una cruz. Es decir, dos posturas que no suelen ser superponibles. Hay ocasiones en que van más allá, llegando a ser irreconciliables.

Basta, para picar en uno de esos anzuelos, con ojear algo la prensa. Sin demasiado detenimiento, leyendo titulares para atracar en aquel más atractivo. Da igual el motivo, por una mejor redacción por su capacidad de síntesis, por tratar de un asunto de interés por cuestiones varias, etc. Una vez dentro de ella, del desarrollo de ese titular, hay ocasiones en que comprobamos la escasa solidez del relleno. En otras palabras, que no era sino el titular, la noticia no daba para mucho más. Ahí comienza a flaquear nuestra capacidad de asombro, pues no era la primera ocasión en que nos sucedía. Aun así, estamos disponibles para una nueva.

La actualidad política, por mantener la terminología al uso, también es susceptible de traspasar nuestros límites, poniendo en riesgo nuestra capacidad de asombro. Quedamos en ese punto de equilibrio inestable, en el instante anterior a la caída al precipicio. A propósito de tales circunstancias, para no echar demasiado la vista atrás, quedémonos con la reciente dimisión de un miembro destacado del PP catalán. Tras despacharse con bastante transparencia – poniendo en evidencia que su paso por la política no es permanente –, aportando claridad al referirse a lo acontecido, dejó en mi expresión un evidente estado de asombro. No menor al producido, unas horas más tarde, al preguntar por tales circunstancias al responsable de comunicación del referido partido. Este señor, que no hace gala a la denominación de su responsabilidad, se fue enredando en múltiples y variadas majaderías. En resumidas cuentas, que nos toma por tontos. Algo de ello debemos ser, si no, no se explica que tras tantos casos de corrupción, continúen ostentando el gobierno del Estado.

Total, mientras nos dejen asombrarnos, que continúen con sus trapisondas. Como expresó un individuo en un vídeo de los que circulan por la red, para que le roben otros, que lo hagan los profesionales. Es o no para mantener viva esa capacidad de asombro o, por el contrario, para perderla por ese abusivo uso que se hace de la misma, con esos mensajes zalameros con los que nos quieren embelesar. Así, como quien no quiere la cosa, podrán continuar gobernando quienes entienden del asunto, que el resto solo valemos para asombrarnos.

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