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Alejandro Solalinde, el cura amenazado de muerte

  •   NICOLáS GUERRA AGUIAR
  • 1 COMENTARIO

nicolaguerra2016Alejandro Solalinde es un cura atípico. Bregado en las cárceles mejicanas –fue capellán de varias y obligado inquilino un par de veces- conoce el submundo de aquel país norteamericano donde la vida se pierde o se gana por un puñado de pesos o por millones, depende de quien exige y de la rapidez del extorsionado: en 2016 hubo veinte mil asesinatos.

Pero el listado oficial no registra a ciudadanos de Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Honduras... víctimas de la propia policía, bandas parapoliciales u organizaciones criminales para quienes los emigrantes clandestinos –anónimos, desesperados y desarmados- son la posibilidad de fáciles enriquecimientos: venta y violación de menores, tráfico de órganos humanos, esclavitud...

alejandrosaladineEl poderosísimo vecino del Norte espera impaciente la llegada de criaturas arrancadas a sus padres durante las travesías para satisfacer miserables perversiones; médicos de clínicas privadas reclaman urgentemente riñones, córneas, corazones, hígados... de gente joven, a decenas de miles por las rutas hacia la frontera; los inmensos cultivos del sur yanqui necesitan baratísima mano de obra, brazos fuertes por nuevos y cuyos dueños guardarán silencio ante la ausencia de papeles por temor a la inmediata expulsión o encarcelamiento... Pero vivirán –si eso es vida- hacinados como bestias ante el silencio del mundo civilizado.

Alejandro Solalinde es un cura atípico. Bregado en las cárceles mejicanas –fue capellán de varias y obligado inquilino un par de veces- conoce el submundo de aquel país norteamericano

Bien lo sabe el cura Solalinde, a quien en marzo la Universidad Autónoma del Estado de México lo propuso ante el Comité Noruego del Nobel como candidato al correspondiente de la Paz. Supe de él por Amnistía Internacional, pues yo desconocía todo sobre este cura ya setentón y sentenciado a muerte. Incluso desconocía su candidatura al Nobel de la Paz, a fin de cuentas tal distinción universal ya no significaba mucho para mí desde el punto de vista de la rigurosa ética o como referente de prestigio, seriedad y justicia humana.

La razón es obvia: se trata del mismo galardón concedido al hoy expresidente Barack Obama (2009) y a la Unión Europea (2012). Pero el señor Obama y la UE no se caracterizan, precisamente, por “acciones humanitarias” ni “el avance de la paz y la democracia”, hiriente ironía de quienes les concedieron el reconocimiento. Muy al contrario, el expresidente y la institución europea son responsables -por acción u omisión- de actuaciones contrarias a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Bien lo sabe el cura Solalinde, a quien en marzo la Universidad Autónoma del Estado de México lo propuso ante el Comité Noruego del Nobel como candidato al correspondiente de la Paz.

El primero inició la tercera guerra en Irak (se debía, como los señores Bush, padre e hijo, a los milmillonarios intereses de multinacionales norteamericanas: petróleo, armas y avituallamientos, reconstrucción...); luego, Afganistán (UNICEF denuncia: la diarrea mata a 26 niños afganos al día); siguió el derrocamiento del dictador Gadafi... no para defender a su población: muy al contrario, para controlar los inmensos depósitos de petróleo; ordenó asesinatos de supuestos terroristas en cualquier lugar del planeta ante simples sospechas o por estrategias de la CIA; mantuvo abierto el campo de exterminio físico y psicológico de Guantánamo... Además, ha sido el único presidente USA en cuyos ocho años de mandato no hubo un solo día sin guerra. Así, el premio nobel de la Paz “será recordado como un presidente de tiempos de guerra” (Eliot Cohen, profesor de historia militar, Universidad Johns Hopkins).

Sobre las “acciones humanitarias” de la Unión Europea tenidas en cuenta para su distinción, unos simples –pero terroríficos- datos: Europa calla ante la represión en Turquía contra disidentes políticos, jueces, demócratas, intelectuales, periodistas... Cárceles y fosas son la macabra estampa del país, gobernado por una sangrienta dictadura y el más absoluto desprecio a los derechos humanos ante la indiferencia de la institución galardona con el Premio Nobel de la Paz.

El cura Solalinde –ya con 72 años- ha hecho de los emigrantes la razón de su fe y comportamientos cristianos.

Europa, sí, bloquea fronteras (muros, metralletas, alambradas, perros...) para impedir el paso a víctimas de guerras hechas con armamento fabricado en Europa; para expulsar de sus territorios a quienes solicitan refugio paga cuatro mil millones de nuestros euros a Turquía, campo de concentración y destrucción de vidas, anhelos, ilusiones; pisotea la elemental condición humana y se convierte en kilométrica desesperanza...

Mientras Europa discutía sobre la concesión –le fue otorgada a ICAN (Campaña Internacional contra las Armas Nucleares)- el cura Solalinde no era, precisamente, su favorito. A fin de cuentas había sido crítico con el Viejo Continente, actitud que puede condensarse en sus palabras: “Para Europa primero es el capital y luego los derechos humanos. Carece de toda autoridad moral”. Y bien es cierto: Europa los niega a quienes buscan refugio en ella –las guerras, memoricemos, no las hacen los pueblos-. Sin embargo, sí vale “su mano de obra para explotarlos”. Para el cura Solalinde, pues, “Es una Europa con dinero pero sin fuerza moral para defender la Justicia”.

La voz cristianamente comprometida del cura Solalinde –por suerte, no la única; pero sí minoritaria- me trae a la memoria sencillos versos (“Me explico ante Dios”) de Ángela Figueras

El cura Solalinde –ya con 72 años- ha hecho de los emigrantes la razón de su fe y comportamientos cristianos. Los albergues Hermanos del Camino, creados por él, no solo son espacios físicos para descansos en las marchas hacia la nada como los hechos por veintintitantas mil personas atendidas en 2017. Se trata también de refugios en donde se les presta ayuda médica, psicológica e incluso legal, aunque esta última es la utopía: los propios encargados de las oficinas migratorias forman parte de las mafias explotadoras. Por tal razón el cura Solalinde está amenazado de muerte. Amnistía Internacional (Premio Nobel de la Paz en 1977) reclama a las autoridades mexicanas protección policial para “el cura de los migrantes”.

El cura Solalinde se muestra como excepción en el todopoderoso entramado de la Iglesia católica, a veces muy alejada de su propia razón de ser. La voz cristianamente comprometida del cura Solalinde –por suerte, no la única; pero sí minoritaria- me trae a la memoria sencillos versos (“Me explico ante Dios”) de Ángela Figueras: “Señor, si no te canto no te enojes. / Ya ves, no tengo tiempo para nada. / Hay que vivir, andar, estar con gente. / [...] Con oro, incienso y mirra / los Magos te enriquecen en la cuna. / [...] ¿Pero quién ofrece un vaso de esperanza / a los que se desvelan por la noche?”.

Actualizado el Sábado, 30 Diciembre 2017 09:03

1 comentario

  • Graciela Méndez
    Graciela Méndez Martes, 02 Enero 2018 05:28 Enlace al Comentario

    Hubiera sido maravilloso que le concedieran la distinción del premio Nobel, por el premio monetario que habría ayudado tanto a su obra y a protegerlo de las amenazas de muerte, pero eso es imposible para los humildes de corazón

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