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Cuál es el problema

leonilojulio2017El asunto del máster, cargado con absurdas situaciones, parece no tener fin. Podría estar de acuerdo con alguna de las intervenciones en torno al mismo. Claro, no en el sentido en que se expresa. No voy a pensar en la poca importancia que quiso atribuir a dicho affaire, el responsable del PP en León, quien sin encomendarse a los dioses del Olimpo, le espetó a la prensa: "Vale, Cifuentes no tiene el máster, ¿cuál es el problema?" Cuando se adopta este tipo de actitud, cabe preguntarse el valor que se le concede a la palabra, y por extensión, el respeto que se tiene por quienes les otorgan su confianza depositando el voto en las urnas en favor de su organización. Me temo, sea una de esas preguntas de las que no se espera respuesta.

Qué se esconde tras todo este lío sino es el uso espurio de las instituciones. Porque el problema, a pesar de lo expuesto por ese señor de León (el de la catedral de Burgos), no es sino ese aire de sobrados que ponen en evidencia cuando se dirigen a la población. Más allá de la existencia o no de una determinada titulación, la transcendencia del tema radica en el modo de encarar tales situaciones. En lugar de admitir el error, ya saben el errar es de humanos, se limitan a una numantina defensa. En muchos casos, por no referirnos a todos, provocando un efecto similar al de las arenas movedizas: cuanto más se mueven más profundizan en su necedad. Precedentes hay, recordemos si no aquellas empresas panameñas de tan infausta memoria.

Hay otro es el aspecto que preocupa. El del respeto a determinadas instituciones. No solo, sino que junto a ello se pone en evidencia cómo van incorporándose a las mismas, para controlarlas. Ello, a pesar de todos esos principios con los cuales rebosan sus bocas: independencia, autonomía, respeto por la ley, etc. Aunque, me temo, todas esas cuestiones no sean más que constructos de un discurso huero, sin otro objetivo que continuar ostentando el poder y, con él, mantener el control de una sociedad a la que escaso respeto deben. Si no, no se logra comprender ese afán por permanecer en sus puestos, sin admitir las responsabilidades en las que incurren y, por todo ello, obrar en consecuencia y dimitir, o cesar de aquellos, según proceda. ¿Tuvo en algún momento el PP un respeto por lo público, ellos que son el adalid de lo privado si bien se aposentan en lo público? Eso sí, desde allí, cuando gozan de suficiente influjo, vuelan hacia lo privado.

El asunto del máster ha dado titulares algo extravagantes, que seguramente no volveremos a ver. Así, como suele suceder en estos casos, se encendió el ventilador. Con él, comenzaron a emerger situaciones en las que, aparentemente, se habría repetido el hecho. Es decir, algunas personas indagaron sobre los niveles académicos de políticos de la cuerda contraria. Sobre todo a algunos miembros del PSOE, porque vertiendo tanta porquería sobre ellos, piensan que se podría lograr la retirada de la moción de censura. Moción que a priori está perdida, salvo se empecinen en mantener a la susodicha en el cargo y, por un casual, Cs la apoye. Así, volviendo al titular, este reza: El PP pide la dimisión de Franco. Es cierto que solo titula una sección de un artículo de mayor extensión; pero admitirán que si lo leemos con esa somnolencia propia de la sobremesa, nos podemos llevar el consabido susto. Como comprenderán, mera cortina de humo – son especialistas en ello – para desviar las miradas de lo principal a lo accesorio.

Aguardemos acontecimientos para comprobar, como nos dijo ese señor de León, cuál es el problema. Me temo, que el de siempre: la pérdida de respeto por el electorado.

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