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El reloj de la iglesia

El reloj de la iglesia

relj_01Durante mucho tiempo, parte del quehacer que ocupaba cada día a la mayoría de los vecinos de los entornos de la iglesia de Santiago Apóstol, estuvo marcado en gran manera por los toques y repiques de campanas. La temprana llamada a la misa del alba y las puntuales señales para el rezo del Ángelus y Ánimas, anunciaban también el principio y el fin de las tareas cotidianas. Y ocurría así porque, bien por no contar la iglesia con sitio prominente adecuado para su colocación, bien por considerársele entonces un simple motivo de adorno más que una mejora de utilidad pública o sobre todo por la tradicional penuria de medios del Concejo y la Parroquia, Gáldar carecía del novedoso artificio de notables proporciones que, visible o audible su campana desde los más distantes parajes, midiera con su compleja maquinaria cada instante de la propia existencia municipal y la vida misma de sus naturales.

A finales del siglo XVIII, con bella y monumental arquitectura, se empezaba a construir la nueva y actual iglesia. Sin embargo, por hallarse desaparecidos, desconocemos si en los planos originales que diseñaron los hermanos Eduardo se preveían ya, en la torre del Norte, lo huecos oportunos para un futuro reloj de campana o si en cambio, fueron hechos años después para alojar al hoy existente, cuyos trámites de adquisición, largamente demorados por diversas circunstancias, debieron comenzar diez años después de acabado el templo, gracias al celo y empeño del grupo de gobierno, clero y gente principal, probablemente espoleados por el hecho de que en aquel año de 1836, en la vecina Guía, se levantaba la torre de la iglesia para colocar en ella el reloj, comprado con el generoso donativo que antes de su fallecimiento en 1815, le dejara su preclaro hijo José Luján Pérez.

rel_02Aunque no será hasta Abril de 1853, con intermedios de irregular información sobre su compra, cuando se coloque tan práctica máquina en la torre de la iglesia del Señor Santiago, sin embargo, los primeros datos sobre el proyecto de adquisición se remontan a los años treinta del XIX, tal como se deduce de las noticias referidas a la muerte de don Gerónimo Bethencourt de Quintana, acaecida el 6 de Agosto de 1837. Coronel retirado del Regimiento de Las Palmas, residía en Gáldar con su esposa doña María Antonia del Castillo, en la casa de la calle Guaires o del Albercón, donde el 15 de Agosto de 1836 hacía testamento, expresando en el mismo “que para ayudar a la compra del reloj público”, dejaba cien pesos corrientes. Esta cantidad estaba librada en crédito a favor del vecino de Arucas don Francisco González Velásquez.

El 21 de Agosto de 1837 la Corporación acuerda oficiar a los herederos del Sr. Bethencourt, solicitando se cumpla el legado a favor del Ayuntamiento. El 11 de Septiembre contestan los mismos, don Felipe Massieu y su cuñado, advirtiendo que cumplirán la voluntad del finado “ bien de la deuda del mencionado Francisco González, contra quien la libró don Gerónimo Bethencourt o ya de los demás que quedaron”. Aunque parece ser que el mismo González Velásquez salda su compromiso con dichos herederos el 2 de Mayo de 1839, el donativo no llegará a las arcas municipales hasta el 5 de Febrero de 1853.

También había acordado el Ayuntamiento “ que para poder disponer de la compra del reloj se pase oficio al Presidente de la Junta de Santiago a fin de que se sirva informar cuánto es el número que tengan reunido de su fondo para tal objeto y vistos los resultados se determinará”.

Tras una década sin que tengamos noticias sobre el asunto del reloj, el mismo vuelve a tomar actualidad en Mayo de 1849 a raíz del comunicado que el Obispo de la Diócesis, don Buenaventura Codina, envía a las autoridades locales expresando su deseo de que le acompañe el Beneficiado don Mateo López del Valle, en “ uso de Misión”, a la Santa Visita Pastoral que tiene dispuesto continuar en las islas de Lanzarote y Fuerteventura durante el próximo mes de Junio.

Habiendo deliberado el Concejo municipal el tema y “ como es muy notable la falta por la proximidad de la festividad del Santo Patrón y debido a la escasez y miseria en que la iglesia se halla y como la Corporación tiene fijada una demanda entre los vecinos, ahora que es el tiempo de cosecha, para reunir un fondo con que comprar un reloj que no solo da más timbre a la iglesia sino lustre a la Villa y su servicio el más útil y necesario para la agricultura, siendo el párroco indispensable, acuerda pedir al Obispo no disponga de su personalidad en esta época.” En atenta misiva del 26 de Mayo, el virtuoso prelado consiente en la solicitud municipal.
El 7 de Julio, siendo las cuatro de la tarde y bajo la presidencia del alcalde don Francisco Aríñez Martínez, celebra la Corporación una sesión plenaria. El objeto no es otro que la Circular nº 104 del Boletín nº 76, por la que el Sr. Jefe Superior político inserta la manifestación que le ha dirigido la Empresa Industrial de Relojes, de Madrid, para que influya en aquellos pueblos que carecen de ellos y se provean para colocarlos en sus torres y plazas por las ventajas que ofrecen los medios de su adquisición, dos mil reales que serán satisfechos en cuatro plazos.

“ Habiendo llamado mucho la atención este incidente a la Corporación por ser asunto del que se ocupaba para adquirir un reloj para la torre de esta Iglesia como lo desea el pueblo, persuadido de las ventajas que resulta a la agricultura, que es el arte principal de que depende esta población, así como al demás servicio público, acuerda se haga la suscripción a nombre del Ayuntamiento para la compra de un reloj tan pronto como se sepa cuales sean los costos de la traída desde Madrid y seguridades que ofrezcan la buena calidad de la máquina”.

El 4 de Agosto se decide la adquisición del reloj y “ siendo ésta la ocasión más oportuna en que los herederos del Sr. D. Gerónimo Bethencourt deban hacer un esfuerzo para que la voluntad de éste quede cumplida relativa a la donación que hizo para la compra del reloj, se acuerda se les oficie con toda urbanidad, lo mismo que al Excmo e Iltmo Sr. Arzobispo de Sevilla ( lo era entonces don Judas José Romo ), que siendo Obispo de esta Diócesis dejó un donativo de quinientos reales, los cuales se le solicita libre sobre Madrid a favor de la persona que el Ayuntamiento señale “. El Alcalde Aríñez quedó comisionado para que “ por sí sólo entienda y dirija el negocio y pasos para la adquisición del reloj público”. A su gestión, creemos, se deba el nombramiento de un agente en Madrid para la compra del reloj, a tenor de los seis duros que reclama el mismo el 6 de Octubre y que le fueron pagados del fondo municipal.


La extrema sequía y luego la plaga de langostas que en la primavera de 1850 arruinaron las cosechas en todo el municipio, obligando a la población a solicitar de la Diputación Provincial el perdón o rebaja de las contribuciones, debieron aplazar de nuevo el proyecto de adquirir un reloj, agravado además por las repentinas dudas suscitadas sobre la conveniencia o no del tipo de aparato que se ofertaba, llegándose finalmente a desechar la compra “ por no considerársele el ideal por tamaño y calidad para la torre de la iglesia.” Esta pausa permitió al vecindario dirigir sus aportaciones a la colocación, el 24 de Noviembre del mismo año, del Tabernáculo, pieza de la que carecía entonces la iglesia.

El 15 de Abril de 1851 llegaba a la Villa de Gáldar el Gobernador Civil, don Antonio Hallego. En su visita, prolongada hasta las siete de la tarde, examinó en el Salón de Sesiones los libros del Ayuntamiento y tras detenerse con especial interés en el expediente incoado para la compra del reloj público, anima a la Corporación a continuar los trámites, ofreciendo su ayuda para traer uno, ahora de Francia, al mismo tiempo que hace para ello un donativo de doscientos reales.

relj_05El día diez y nueve del nombrado mes, se abre una suscripción para tal fin y se acuerda solicitar de la Reina doña Isabel II, permita la entrada de dicho reloj sin pagar los derechos del Arancel de Aduanas. Por Real Orden de 18 de Junio, la Reina autoriza el pase de la máquina sin cargo alguno de derechos.

La epidemia de cólera que en los comienzos del verano de 1851 azotó la Isla, con notable incidencia en Gáldar, donde paralizó toda la actividad administrativa, determina una nueva demora en el proyecto del reloj público, prolongada hasta el 8 de Febrero de 1852 en que es nombrado don Manuel Rodríguez Miranda recaudador de contribuciones y depositario de los fondos para el reloj.

El 26 de Abril, reunida la Corporación y “ estándose tratando de la compra del reloj público, cuya contrata se ha celebrado ya con el relojero D. Luis Tovar según documento fecha 23 del corriente que queda unido en expediente de su razón y necesitándose reunir el metálico suficiente para pagarlo, se estaba en el caso de hacer la diligencia necesaria con la representación del Sr. D. Gerónimo Bethencourt a fin de realizarse el pago de los cien pesos que dicho Sr. donó para la compra del expresado reloj. Un mes después, el 24 de Mayo, renunciaba el alcalde a la comisión para la compra del reloj “ por justas razones “, lo que obliga a convocar una nueva reunión para nombrar a otras personas.

La contrata hecha con don Luis Tovar, maestro relojero muy conocido en Las Palmas, estipulaba la compra de un reloj de marca reconocida y buena calidad, cuyo precio ascendía a 20.145 reales de vellón. Fue construido en la fábrica francesa Jorbard Hermanos, de Macon y la campana fundida en la industrial ciudad de Lyon.

El 18 de Diciembre el Subgobernador devuelve el expediente instruido por el Ayuntamiento para la compra del reloj, lo que añadido a los continuos y apremiantes comunicados del relojero y las dificultades económicas para afrontar el compromiso con éste y a que el día 20, el Sr. Regidor Síndico D. Manuel Rodríguez pidió al cuerpo corporativo “ que habiendo sido uno de los individuos que concurrieron a la contrata del reloj público que se contrató para esta iglesia y en atención a que en su concepto el relojero contratista ha faltado a las condiciones estipuladas y que pedía por ello una copia certificada del documento que existe en esta alcaldía para hacer las diligencias que estime convenientes sobre recisión de la expresada contrata”,obligan al alcalde Domingo Henríquez a celebrar un Pleno con la presencia de los Comisionados, el mismo día de Navidad. En la reunión convocada, los citados encargados de la compra del reloj, instan a la Corporación “ para que se ponga en práctica la proposición de empeñar el chorro de agua del pueblo por cinco o seis años para su pago o bien otro equivalente, a fin de librarse de la responsabilidad que han contraído y evitar que no llegue el caso de que el pueblo reciba ningún vejamen”


“ Hecho cargo el Ayuntamiento y atendiendo a que de las proposiciones hechas la más ventajosa para que el chorro de agua no salga del método de administración en que está por ser el más útil y beneficioso para que la parte pobre del pueblo se aproveche cual siempre de ello sin alteración y quede siempre expedito para las obras públicas y particulares y otros usos procomunales, es la de don Ignacio Suárez, quien se ha comprometido a solicitar el importe de la máquina y campana en empréstito que se irá pagando con el mismo producto del agua, cuyo proyecto ha conseguido realizar según informan los SS. Regidores presentes, don José Rodríguez Ruíz y Juan del Pino Ríos, a quienes se ha asociado para llevarlo a obra. Se acuerda se lleve adelante este proyecto con lo que quedan los exponentes descargados del compromiso”.

Para solucionar los medios con que pagar el reloj que se contrató y ha llegado ya a la ciudad de Las Palmas, según comunicado del relojero, el 1 de Enero de 1853 se reúne el alcalde Domingo Henríquez con Ignacio Suárez Oliva, Miguel Ruíz, José Anselmo Páez, Juan Guzmán Betancourt, Juan Rodríguez González, Manuel Rodríguez, Miguel Mª Paz, Francisco Guillén del Toro, Francisco Aríñez Martínez, Juan de Dios Medina, Francisco Suárez Pérez, Juan Domínguez, Juan Mauricio, Francisco Guerra Alemán y Mariano Quesada, el Beneficiado Mateo López, Blas Rivero, Francisco Mederos Jorge, Cayetano Molina, Vicente López, Fernando Pineda Martínez, Ignacio Falcón, José Mª Ruíz, José Galindo, José Domínguez Pérez, Juan Evangelista Quesada, Juan Saavedra Quesada, Juan Quintana, Francisco Ramos Rodríguez, Antonio Quesada Ruíz, Francisco Cabrera, Francisco Rodríguez Ruíz, Fernando Guzmán Betancourt y Juan Pedro Martín, todos en concepto de mayores contribuyentes y para cuya inteligencia se dio lectura a la última carta que el relojero Luis Tovar había dirigido a los miembros de la Comisión con quienes celebró el ajuste y contrato, “ exigiéndoles su última resolución acerca del pago de la cantidad valor del reloj y su campana que asciende a 20.145 reales y además las disposiciones para la traída y colocación de aquella máquina, la que ha puesto a su disposición desde su llegada a la Ciudad, antes de tomar los recursos que le sean a su favor hasta quedar cumplido y satisfecho”.

Asimismo se daba cuenta del oficio que con fecha 11 de Diciembre último dirigía a la Municipalidad el Subgobernador, en el que comunica la resolución de la Dirección General de contribuciones declarando sin efecto el perdón de la contribución concedido por la Excma Diputación Provincial en razón de los perjuicios causados por la extraordinaria sequía de 1850 y al ordenársele a este organismo que proceda a la rectificación del expresado perdón con arreglo al espíritu de la Ley,” desaparece la base fundamental en que el Ayuntamiento con una gran parte del pueblo se fijaron para acordar la compra del citado reloj y por consiguiente la urgencia de excogitar los medios de salir de un compromiso tan formal”.

“ Puesto en conferencia el asunto y dispuesto por el Sr. Presidente que todos y cada uno de los concurrentes podían y debían votar por su orden en el presente asunto por ser una causa común que a todos comprendía, se emitieron varias opiniones que aunque diversas en la práctica todas convenían en que no había otro recurso ni otro arbitrio que pudiera valer que el del chorro de agua del pueblo, al que en todos los tiempos se había echado mano en los apuros y necesidades procomunales, aunque en el día está agregado como arbitrio a los fondos municipales, porque al tratarse una derrama vecinal, además de irrealizable pondría en angustia al pueblo que acaba de pagar de contribución y presupuesto 30. 565 reales y no alcanzan las facultades de los vecinos a afrontar al mismo tiempo los 20.145 reales valor del reloj y su campana como lo han manifestado sus esforzados ofrecimientos que a duras penas han podido alcanzar a unos 5.000 reales.” Y entre las diversas opiniones se optó por la de don Ignacio Suárez, “ quien se comprometió a hacer diligencia de solicitar y reunir entre los vecinos los 15.000 reales restantes en calidad de préstamo, siempre que con la autorización correspondiente el Ayuntamiento le garantice con el producto del indicado chorro de agua que anualmente se le entregará para pagar a los prestamistas hasta dejarlos totalmente satisfechos”.

En Sesión extraordinaria celebrada el día 16 de Enero, en presencia del alcalde, mayores contribuyentes y el párroco Mateo López del Valle, don Ignacio Suárez Oliva, da cuenta” de haber reunido entre varios vecinos, en calidad de préstamo y devolución bajo su exclusiva responsabilidad para lo que tendría que afianzar sus bienes, la cantidad de 15.000 reales que faltaba para pagar los 20.145 valor del reloj y su campana que se había contratado y hecho traer para nuestra iglesia, pero no los exhibiría sin que este Ayuntamiento, autorizado por el Sr. Subgobernador o bien esta Superior Autoridad, no le garantice con el producto del chorro de agua, entregándosele anualmente sin poder darle otra inversión hasta dejarlo totalmente cubierto y él hacerlo a los prestamistas para que sus bienes queden en perfecta libertad”.

Por otro lado, no faltarían las generosas aportaciones vecinales ante “ la demanda poco decorosa que prepara el relojero don Luis Tovar”. Finalmente se resuelve pedir al Gobernador la aprobación del acuerdo.

El presupuesto para la colocación del reloj y cuarto de máquina le fue encargado al vecino de Arucas y maestro de carpintería, don Rafael Henríquez. Los 1905 reales de su coste elevaron a 22.050 reales los gastos totales del reloj, de los que deducidos los 7.000 reales a que han llegado los ofrecimientos voluntarios, “ siempre serán necesarios los 15.000 reunidos por don Ignacio Suárez, a pagar éstos con el producto de la venta del chorro de agua, cuyos beneficios líquidos estaban calculados en 3.000 reales anuales durante cinco años”. Presentado el presupuesto adicional a los mayores contribuyentes y cosecheros, el 24 de Enero, se acuerda cubrir el déficit de los 15.000 reales con el arbitrio del chorro de agua.

Como el Ayuntamiento carece de la madera necesaria “ para el tablado, puertas y demás para cerrar el cuarto o pieza de la torre en donde se ha de colocar la máquina y la escalera para la otra torre, se pide permiso al Subgobernador para sacar unas cargas de los montes del Distrito, pues esta Villa no ha causado en ningún tiempo menoscabo al dicho monte público para sus obras públicas”. Asimismo se le solicita al Obispo don Buenaventura Codina parte de la madera que tiene cortada para la iglesia de Tafira.

El 4 de Febrero, don Luis Tovar comunica que el reloj ya está embarcado en Las Palmas con dirección a la Villa de Gáldar. La Corporación, como en anteriores ocasiones, moviliza a través de sus ediles los correspondientes cuarteles para efectuar el traslado desde el Puerto de Sardina.

Un día después del mencionado mes, don Manuel Dolores Quesada, recaudador de contribuciones que había sido, entrega 240 pesos y tres cuartos, correspondientes a los años 1849-50 – 51 y se acuerda destinar la cantidad al pago del reloj, quedando el Ayuntamiento responsable de reponerla con el producto del chorro de agua según se le ha propuesto al Subgobernador con la esperanza de que acceda a ello mediante el compromiso extraordinario en que se ve esta Corporación. También con esta fecha se recibe el legado de cien pesos que hiciera el coronel Gerónimo Bethencourt, decidiendo los munícipes que dicha cantidad se ingrese a favor del relojero Luis Tovar. Y el 12 de Febrero, el Obispo don Buenaventura Codina regala cuatro tosas de tea que se encuentran en Agaete, en poder de don Francisco de Armas.

El Sábado, 26 de Febrero, en oficio del Subgobernador a la Alcaldía se da cuenta de hallarse aprobado el presupuesto adicional para el pago del reloj, así como la licencia para las doce cargas de madera que se pidieron. Respecto a ésta, el 12 de Marzo, se recibía, junto a una misiva para el alcalde de Tejeda, la preceptiva autorización del Comisario de Montes de este Distrito para cortar la madera en el pinar de aquel municipio.


El 9 de Abril de 1853, los vecinos, avisados para tan extraordinario acontecimiento, se concentraron masivamente en la plaza de Santiago y delante de la iglesia. Al mismo tiempo, el Ayuntamiento con todos sus miembros reunidos en el Salón de Actos, iniciaba a las seis la sesión convocada. Y en la misma “ se anota que en esta tarde a la expresada hora de las seis, ha sido la primera que ha dado el reloj público de esta Villa, puesto ya en uso”. Cerrábase el año con la entrega de 221 pesos, seis reales de plata y un cuarto a don Ignacio Suárez Oliva, procedentes del chorro de agua del pueblo como estaba estipulado.

Sin embargo, parece como si el proyecto del reloj estuviese condenado desde el principio a las dificultades y problemas. Los adelantos, los retrasos y los paros, llevan el desánimo a la población, al mismo tiempo que los continuos desembolsos que causaban las reparaciones y desplazamientos de los entendidos en el funcionamiento del reloj, incidían en gran medida en las empobrecidas arcas municipales. Y es por ello que el 7 de Enero de 1854, exponía el alcalde que “ el reloj no se compró solamente para ornato y servicio del pueblo, sino también y muy particularmente el del arreglo en la distribución y uso de las aguas de sus heredamientos, y siendo así que éstos corresponden en su mitad con muy corta diferencia a favor o en contra a los hacendados forasteros, juzgaba que éstos alcanzaban de los beneficios que se disfrutan por el reloj en la agricultura y por consiguiente están sujetos y deben incluírseles en el reparto de los 3.000 pesos anuales que en la distribución del presupuesto ha concedido el Subgobernador para el pago de aquella máquina. El 10 de Enero, decía el alcalde en el pleno que se celebraba: “ que observando que desde que se colocó el reloj público de esta Villa, pocas semanas se han pasado sin que haya en él alteración ya de pararse o ya de adelantarse o atrasarse, aunque algunas de sus paradas son momentáneas, bien de minutos o bien de segundos, hasta que llegó el caso de que en el mes de Septiembre del año pasado se le rompió un diente de la rueda escape, el que se le puso por don Blas Lorenzo García, encargado por el mismo relojero y volvió a dudar por ser siempre con la misma falta que queda manifestada y ahora el siete del corriente a las cinco de la mañana volvió a pararse y examinada la causa se vió haberse roto otro diente de la misma rueda. Admitiendo que desde que el reloj vino a esta Villa el expresado inteligente don Blas Lorenzo al ver la máquina manifestó según le había oído el mismo Sr. Presidente y ha entendido que otras muchas personas, que la máquina le pareció toda buena menos la citada rueda que le pareció no tener la fuerza suficiente para resistir la potencia de la máquina y en efecto se ha advertido que esta pieza ha fallado a pesar del poco uso que ha tenido. También se advirtió desde luego que las esferas debiendo ser de cobre son de hierro, lo que manifiesta que la máquina no es de primera clase como consta que debiera ser en la contrata celebrada y que no debió haber sido recibido ni pagado sin que precediera un examen de facultativo que declarase si la expresada máquina era de las condiciones establecidas en la contrata y por consiguiente los señores que la recibieron sin este requisito son responsables de ello, lo que hace presente para dar resolución del Cuerpo, pues aunque el maestro relojero D. Luis Tovar, con quien se hizo la contrata, ha estado en esta Villa y lo ha dejado andando, no por eso infunde la confianza necesaria para persuadirse que la máquina sea de las condiciones que se encargó, ni que deje de volver a suceder lo mismo con aquella u otra pieza. Deliberada la exposición del alcalde se acordó trasladarla al Ayuntamiento anterior para que en su vista tome las medidas que juzgue conveniente para vencer las faltas que se notan y que esta Corporación no incurra en ninguna responsabilidad”.

Estos contratiempos terminarán por engendrar polémicas discrepancias entre los miembros del nuevo gobierno municipal y los del saliente, a quienes se les hace responsables por ser los que contrataron y pagaron el reloj y a los que reiteradamente se les cita en la Casa Consistorial para que rindan cuentas de su gestión.

El 29 de Enero, el Subgobernador desestimaba la inclusión de los hacendados forasteros en el reparto del presupuesto municipal para el gasto del reloj y el 4 de Febrero, don Domingo Henríquez se reunía con sus compañeros de legislatura manifestando, “ que cuando se celebró la contrata para la compra del reloj, no se acordó fuese éste reconocido al tiempo de su entrega ni aún cuando se hubiese juzgado necesario por no haber facultativo o inteligente para que lo examinara y decidiese si estaba o no arreglado a la contrata; por otra parte se fijaba en éste el término de un año a fin de que si tenía algún defecto se hiciera la oportuna reclamación al contratante D. Luis Tovar y por consiguiente como este término no ha expirado se está en el caso de hacerle dicha reclamación cuando se ha visto que la máquina tiene defectos y el Ayuntamiento actual, como continuación del que le precedió, está en el caso de requerir al Sr. Tovar si lo conceptúa conveniente; solo si los concejales que terminaron sus cargos en 31 de Diciembre de 1853 hubiesen dejado expirar el plazo para rescindir el contrato o pedir en razón de sus condiciones, podían estar constituidos a responder a los que les sucedieron de los perjuicios que en su opinión habían causado; pero estando aún como se está en tiempo hábil el actual Ayuntamiento cumple, pues ha concurrido el defecto en el reloj que solo el tiempo pudiera descubrir para los que no son inteligentes, solo al Ayuntamiento toca y corresponde obligar al Sr. Tovar a que sustituya las piezas que se dicen no adecuadas con otras que lo sean”.

A la respuesta que el 5 de Febrero da el ex-alcalde sobre su culpabilidad en los defectos que se observan en el reloj, acuerda la Corporación “ que para acreditar que el reloj sufrió las paradas y las demás faltas que se le pusieron y la rotura de la rueda y que a pesar de eso ninguna providencia tomó; para que el Sr. Subgobernador se sirva declarar si le cabe o no la responsabilidad que este Ayuntamiento le ha indicado, se forme el oportuno expediente”.


 

El 12 de Febrero, don Domingo Henríquez da descargo de las cuentas que se le han exigido respecto a los gastos en la construcción de la carnicería. Sobre la compra y colocación del reloj manifiesta que estuvieron a cargo de don Ignacio Suárez, “ mediante a que sobre del particular no hay acuerdo ni disposición alguna del Ayuntamiento”.
Asimismo acuerda el Cuerpo de nuevo que se le mande al Subgobernador el expediente para que le dé solución al asunto y que se le pase oficio al alcalde de Las Palmas para que le haga saber al relojero que “ estando obligado por la contrata celebrada a responder de las faltas que se notan en el reloj, por el espacio de un año después de colocado, proceda a reponer las piezas para tenerlas de repuesto”.

El 5 de Marzo sufre un nuevo trastorno la máquina del reloj, pues el minutero y horario señalan una hora y la campana da otra distinta. Y como se aproxima el final del plazo de garantía y aún no ha contestado la Superioridad gubernativa “ sobre quien o contra quien corresponde la reclamación, se acuerda oficiarle de nuevo y pedir su permiso para poner la correspondiente demanda, bien al alcalde saliente o bien al relojero”.

En la Sesión plenaria del 12 de Marzo, se acuerda pasar las cuentas de la compra del reloj presentadas por don Domingo Henríquez, a una comisión encabezada por el Alcalde Aríñez y los Regidores Síndicos José Rodríguez Ramos, José Anselmo Páez y Francisco Suárez Pérez. Acuerdo también en la misma, fue la creación de la plaza de encargado para el servicio del reloj, con la retribución anual de treinta pesos corrientes, “ siempre que tenga conocimientos en la materia”.

El 20 de Junio hubo necesidad de convocar un Pleno extraordinario ya que “ desde las ocho de la noche de ayer se halla el reloj parado y examinada la causa por el encargado Francisco Ramos, informó que era por haberse cambado un puón de la rueda del escape, de los mismos que por dos veces se han roto y tropezando con la cangreja le ha parado su movimiento. Como el Subgobernador no se ha dignado resolver aún el expediente sobre las faltas y defectos y de quien debía ser la responsabilidad, que se oficie inmediatamente al relojero contratista para que se persone en esta Villa tan pronto reciba la comunicación a fin de que reconozca y repare la falta. Esto sin rebajar la responsabilidad que el Ayuntamiento le tiene ya hecha. En el supuesto de que verificándolo así, quede el reloj de su cuenta y el Ayuntamiento tomará las providencias que estime oportunas para recobrar su dinero”.

El Jefe civil de este distrito comunicaba el 9 de Julio al Ayuntamiento la respuesta que le diera el relojero sobre la última reclamación que se le dirigió por otra parada que hizo el reloj. “ Es cierto haber estado en esta Villa el relojero quien compuso la rueda que al efecto se le mandó a la Ciudad de su orden y lo dejó andando, pero en la misma noche del día en que se puso y habiéndose vuelto a la Ciudad el Sr. Tovar, volvió a pararse y reconocida la causa por los encargados que para su observación dejó el citado relojero, se vio que estaba trabada la cangreja en uno de los puones por estar flojo y haberse torcido. Que al siguiente día, notándose que el reloj, de las once del día a las cinco de la tarde había adelantado cinco minutos, yéndose a reconocer la causa por Francisco Ramos, encargado del mismo Tovar para su cuidado, encontró que se le había caído un puón a la rueda escape, que es la misma que en todas las ocasiones ha causado las faltas; se lo puso el encargado y lo dejó andando, pero en la noche de este día volvió a pararse por estar flojos todos los puones y salirse la rueda. Como dice el Sr. Tovar que las ligeras faltas que se han notado consistían a la poca inteligencia de las personas que lo cuidan y una de ellas el que no lo paran para darle cuerda, esto es inexacto porque las personas que han intervenido son José Galindo, José Páez, Manuel Rodríguez y ahora Francisco Ramos, han sido puestas por el mismo relojero y éstos aseguran que jamás han dado cuerda sin pararlo. Se comunica al Jefe Civil que las manifestaciones de don Luis Tovar carecen de fundamento y solo procura evadirse de la responsabilidad”.

No cesaron las averías del reloj a lo largo de 1855, si bien se experimentó un ligero alivio en su deuda, pues a finales del mencionado año solo se deben 280 pesos y 48 y medio cuartos.

En Julio de 1862, el Ayuntamiento gobernante a la sazón, recibe un comunicado del alcalde y concejales que formaron la Corporación en el año 1853 y que fueron los encargados de la compra y traída del reloj. Daban cuenta en él “ que con motivo de la compra que en 1852 se hizo del reloj público de esta Villa, fue preciso sacar del Pósito en el año de 1853 cuarenta y dos fanegas y ocho celemines de trigo para con su importe atender a los gastos de la misma compra; que este grano no pudo venderse sino al precio de dos y medio pesos la fanega en la plaza de Santa Cruz adonde fue llevado para obtener el mejor precio posible y produjo ciento seis pesos, cinco reales de plata y cinco cuartos, los que entregaron a D. Ignacio Suárez para aquel objeto; que como de pronto no se pudo reintegrar y en los años sucesivos tomó otros precios más altos se fue dificultando su devolución por esta misma causa y entretanto aumentándose el crédito con las creces y recreces consiguientes hasta que ha llegado a la suma de 257 pesos, 7 reales de plata y 5 cuartos; que a fin de asegurar al establecimiento, los exponentes se cargaron en el año de 1855 con la cantidad de grano hasta entonces liquidada, distribuyéndola entre todos en la proporción que del respectivo reparto resultó, con inclusión de la partida puesta a D. Ignacio Suárez; que el D. Ignacio es responsable de las expresadas cuarenta y dos fanegas y ocho celemines de trigo desde el año de 1857 para acá en que el Y. Ayuntamiento le satisfizo el resto del importe del reloj; que todo importó la suma de ciento cuarenta y tres pesos, cuatro reales de plata y once cuartos, lo que deducido de los doscientos cincuenta y siete pesos, siete reales de plata y seis cuartos, cuenta de la segunda partida, aparece un recibo de ciento catorce pesos, dos reales de plata y seis cuartos como parte del principal de las creces desde 1853 que se tomó hasta 1857 en que los exponentes fueron responsables. Pero como en realidad no se han utilizado de ellos sino que tan solamente respondieron a su reintegro para no dejar en descubierto al Pósito y quien se ha beneficiado es el vecindario en general con la adquisición del reloj, cuya utilidad no es del caso encomiar, parece lo más natural, justo y equitativo que el mismo vecindario sea quien cubra el mencionado déficit de ciento catorce pesos”.

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Se acuerda que de los fondos sobrantes de la Cuarta de agua se cubra el déficit, quedando con ello a cubierto el público de una deuda contraída en su beneficio y los exponentes “ libres de esa carga y sus consecuencias”. Pasado el memorial a la Junta económica de la cuarta se le hace al mismo tiempo las observaciones emitidas por los mayores contribuyentes “ de que habiendo en poder de D. Ignacio Suárez una cantidad perteneciente al público, que estaba destinada a la fábrica de la iglesia, la que no se había invertido por motivos que se ignoran y a que el vecindario contribuyó para la compra y colocación del reloj y su campana por medio de suscripciones, con fondos de la misma Cuarta de agua y con recargos al presupuesto municipal sin que la iglesia haya tomado parte en estos gastos, justo es que aquella cantidad existente en poder del Sr. Suárez se invierta en cubrir el adeudo al Pósito y que tan solamente lo que falta para solventarlo sea lo que se extraiga del fondo de la Cuarta de agua si su Junta económica tuviese a bien acordarlo”.

Con el transcurrir de los años, el progreso técnico de la relojería y la proliferación de todo tipo de relojes, han hecho que sean menos notables los todavía frecuentes desperfectos del artificio que tantas zozobras provocara a la población de Gáldar.

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Sebastián Monzón Suárez

Actualizado el Lunes, 25 Octubre 2010 20:25

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