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El Roskopf patente en el ajuar del campesino canario.

El reloj de bolsillo de la marca Roskopf Patent (según el prof. Marcial Morera, léase en Canarias “roscó patente”) ha sido desde antaño una pieza imprescindible en el ajuar del labriego canario.

Quien no recuerda el relumbrante reloj Roskopf, con la célebre grafía de la prestigiosa relojería de La Habana “Cuervo y Sobrinos”, que su abuelo de regreso a Canarias había traído consigo desde Cuba; o el hermoso Roskopf que su padre compró siendo aún soltero y del que jamás se separaba…

Ese reloj que, seguramente, todos recordarán con cariño y nostalgia, y que a buen seguro permanece guardado con mimo entre las cosas familiares, es el que hoy trataremos de estudiar.

La tradición atribuye la creación del primer reloj de bolsillo al alemán Peter Heinlein (año 1505); sin embargo, muchos estudiosos sitúan su origen hacia la segunda mitad del s.XVII, fecha en la que se comienzan a adosar los bolsillos a cada uno de los lados del pantalón.

Giuseppe Brusa, en su obra titulada “L´arte dell´orologeria in Europa”, sostiene que la expresión “reloj de bolsillo” no es del todo precisa, argumentando que este tipo de reloj se crea para ser llevado sobre sí, y no para ir escondido en el bolsillo; por lo que propone para su denominación la expresión “reloj personal”. 

Según Luis Montañés, introductor de la historiografía relojera en España, el fundador de la marca de relojes Roskopf Patent fue Georges Fréderic Roskopf (1813-1889), personaje nacido en la Selva Negra (Alemania) que a la edad de 18 años se traslada a Suiza, donde desarrollaría toda su obra. Roskopf, como hombre visionario, buscó (y encontró) el medio de poner el reloj de bolsillo al alcance de pequeños burgueses, obreros y labradores. Su idea, consistía en hacer un tipo de maquinaria más sencilla que las que se fabricaban la Europa de la época y, en especial, producir una envoltura (caja) enormemente robusta.

Georges Fréderic Roskopf obtuvo por esta realización la medalla de oro en la Exposición Universal de París en 1868. Se pude decir que esta innovación marcó una importante etapa en la historia de la relojería, pues, de un lado, se había logrado poner el reloj a disposición de las clases populares y, de otro, porque significó el comienzo su fabricación en gran serie.

La expresión “roscó patente” ha designado en las Islas una marca de reloj fabricado en acero barato y muy resistente (llamado plata alemana= aleación de cobre, cinc y níquel) que se hizo bastante popular en nuestro Archipiélago entre finales del s.XIX y principios del pasado s.XX.

En Canarias, como ocurriera en Cuba (recordemos la relojería “Cuervo y Sobrinos” de La Habana), cada relojería solía acuñar el sello de su empresa a los relojes Roskopf Patent, con el simple objetivo de personalizar aún más aquel reloj que iba a ser vendido en su establecimiento.

J. Betancor escribía “entre todas las marcas de relojes que llegaron a las Islas destacó, por su calidad y prestigio, la extranjera Roskopf”.

Según M. González Ortega, “el reloj Roskopf es uno de los objetos personales más apreciado por el isleño en los medios rurales”.

El prof. Marcial Morera recoge, en su “Diccionario Histórico-Etimológico del Habla Canaria”, que la castellanización “roscó patente”, también suele emplearse en las el Archipiélago como adjetivo, para hacer referencia algo muy duro y difícil de romper (por aplicación metafórica); así como para referirse a la persona que aquí denominamos “atravesada” (persona de difícil trato).

“… y buscó una chica divina,
de esas de roscó patente
y según dice la gente
la noche que se casó
el indiano se acostó
muy requemado y candente”

               (J. Betancor).

El Roskopf Patent, como ya hemos indicado, es un reloj de bolsillo (también denominado “reloj de faltriquera”) de fabricación suiza; ahora bien, en Canarias ha llegado a gozar de tal aceptación que aún suele identificarse al isleño tradicional con su Roskopf colgado al calzón, presidiendo, junto al Cuchillo Canario (mal llamado “naife”), el lugar más destacado de su ajuar. Así, con el transcurrir de los tiempos, el Roskopf (reloj que desde hace varias décadas ha dejado de fabricarse) ha pasado de ser aquel elemento foráneo que, como muchos otros, un día fuera introducido en las Islas, a formar parte de nuestra tierra, de nuestras romerías, de nuestras gentes…; siendo considerado en la actualidad un símbolo más de la Cultura Popular Canaria, una cultura que entre todos hemos hecho, y de la cual debemos sentirnos inmensamente orgullosos.

NOTA: El reloj que aparece en la portada es un Roskopf Patent de finales del s.XIX, fabricado para la relojería “Cuervo y Sobrinos” de La Habana, que pertenece a la Colección Particular de Manuel Moreno Miranda (Guía de Gran Canaria).

 

Alejandro C. Moreno y Marrero

Actualizado el Martes, 26 Octubre 2010 18:39

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