Menu

De cuando el célebre accidente aéreo en Pino Gordo

De cuando el célebre accidente aéreo en Pino Gordo

Esta es una triste historia escrita por dos aviones de combate pertenecientes a la Base de Gando, que en la mañana del 10 de junio de 1959 se estrellaron en Pino Gordo; en este accidente pereció un piloto y otro se salvó milagrosamente, lo que causó una verdadera conmoción en el pueblo de La Aldea de San Nicolás.

Entonces yo tenía nueve años y, en aquel día, detrás del mostrador de la tienda de mis padres, en Los Espinos, fui recibiendo a eso del mediodía, minuto a minuto, hora a hora, todas las noticias que carretera abajo llegaban desde el Pueblo hasta La Playa. La gente, los clientes que llegaban a comprar, no hablaban de otra cosa.

Serían las tres de la tarde, cuando yo estaba en la azotea de mi casa mirando para los riscos de los Peñones y El Viso, la pared montañosa que separa a La Aldea de Pino Gordo y pronto apareció por abajo, por la bocana del valle, un aparato volando con un ruido extraño, distinto al de los aviones, un aparato volador que no habíamos visto nunca por aquí. Era un helicóptero del Servicio Aéreo de Salvamento. “Esto es un licotero” nos decía desde la carretera la gente.

A lo mejor los estoy cansando con mis recuerdos personales de aquel 11 de junio de 1959 y mejor será que les cuente todo lo que pasó o, mejor dicho, casi todo lo ocurrido, porque aún hay mucho que permanece sin aclarar. Según parece, en aquella mañana ventosa de junio, dos aviones de combate North American T-6 D, Texan, pertenecientes al 363 escuadrón de las Fuerzas Aéreas del Ala Mixta nº 36 de la Base Aérea de Gando, se hallaban en vuelo rasante por la cuenca de Tejeda. Dicen que pasaron casi tocando tierra por Artenara y alguno pronosticó que no llegarían a La Aldea. Pues, en efecto, había tomado rumbo barranco abajo, linde entre los municipios de Tejeda y Artenara. Serían las once de la mañana, cuando estaban a la vista del valle de La Aldea, casi en la salida del cañón. Y, en el mismo punto en que confluyen las fronteras de Artenara, la Aldea y Tejeda, donde se cruzan los barrancos de La Aldea, Salado y Pino Gordo, los dos aviones, uno detrás de otro, se desviaron hacia la izquierda y ascendieron en vuelo muy rasante por el profundo desfiladero del barranco de Pino Gordo, justamente sobre su cauce, que separa el municipio de La Aldea de Tejeda.

Cuando llegaron a Las Casas de Pino Gordo, una amplia vaguada rodeada de paredones montañosos, intentaron ganar altura, para salir del lugar, en direcciones opuestas. El aparato delantero, pilotado por el sargento Jaime Bujosa Roselló, se elevó desviándose a todo motor, hacia la derecha, por un barranquillo en dirección a las laderas de Los Peñones y Abeló, municipio de La Aldea; mientras que el otro avión que iba detrás, pilotado por el jefe de la formación, el teniente José Martín Benítez, lo hizo desde el barranco de Pino Gordo doblando hacia la izquierda, por la banda de Tejeda, y elevándose más rápida y vertiginosamente, para poder salvar el alto paredón montañoso lateral del barranco; pero, cuando giraba para volver sobre Las Casas de Pino Gordo, casi a punto de lograr su objetivo, la cola trasera de su aparato rozó en unos peñascos y se estrelló en la ladera de uno de los barranquillos que justo mismo llega al camino que, desde las Casas de Pino Gordo, asciende en dirección a Linagua. El avión, tras el fuerte impacto, se incendió con el teniente José Martín dentro y volteó barranquillo abajo hasta llegar a unos ocho metros del camino, donde lo encontraron carbonizado. Al mismo tiempo, el aparato del sargento se elevaba con problemas barranquillo arriba de la otra vertiente y, a unos dos kilómetros de Pino Gordo, no pudo más y tuvo que pancear en las laderas de Abeló, por lo que quedó vuelto hacia abajo, encajonado en el barranquillo. El piloto pudo salir por sus propios medios antes de que explotara el combustible. ¿Qué había pasado para que sucediera este doble accidente?

Los informes de la prensa del momento, de los testigos presenciales y los datos que recientemente se aportan en una nueva publicación de Carmelo González sobre accidentes de aviones militares, resultan unos con otros contradictorios; por un lado las autoridades militares indican a la prensa, como causas del siniestro, tanto problemas de turbulencias como de visibilidad por nubes bajas; por otro, la prensa se hace eco también de que el avión pilotado por el sargento buscaba un lugar para el aterrizaje por una avería del motor y el citado libro de González señala que los problemas de visibilidad por nubes bajas obligaron a los dos pilotos a un aterrizaje forzoso. 

La versión de que el aparato pilotado por el sargento iba averiado fue la que entonces circuló por el pueblo. Según ésta, el teniente José Martín Benítez observaba, mientras doblaba hacia Las Casas de Pino Gordo, las evoluciones del aterrizaje forzoso del sargento; pero, se estrelló tras ascender y tocar con el ala trasera unos morretes que están sobre las Casas del Lomito; mientras, el aparato del sargento Jaime Lujosa, con el motor averiado, continuaba elevándose hasta las laderas de Abeló, donde tras pancear con éxito se precipitó sobre un barranquillo, como ya explicamos.


Lo cierto es que mientras el teniente se estrellaba con su aparato en la ladera sur de Pino Gordo y moría en el acto, a dos kilómetros el sargento Bujosa podía aterrizar con más suerte y salir de la cabina por sus propios medios, teniendo la ayuda de un labrador, Manuel Afonso Montesdeoca, que se hallaba casualmente de siega en aquellas laderas y que acudió en su ayuda y le cortó las ligaduras que le ataban al paracaídas en llamas. Cuando el sargento se enteró del fatal desenlace del teniente Martín, dijo, según la prensa de entonces: ¡Dios mío, debí ser yo quien muriera! y se desmayó. Y en base a esta declaración in situ al labrador, la noticia de que el avión delantero iba averiado fue la que circuló y aún se mantiene en el pueblo.

La noticia del impacto de los dos aviones la llevó al pueblo una persona que aún vive, ya octogenaria y que pasa largas horas en La Plazoleta de El Barrio que da al taller de la Renault: Ramoncito el de Pino Gordo. Éste se hallaba en el fondo del barranco de Pino Gordo junto a su casa, en la banda del municipio de La Aldea, trillando, cuando vio aparecer los dos aviones en vuelo rasante con el desvío del aparato del sargento hacia donde él mismo se hallaba. Hace algún tiempo me contó que “el de alante casi roza con mi casa, pasó sobre nosotros y se fue por el barranquillo arriba, pa Los Peñones hasta Abeló, donde cayó encajonado en un barranquillo mirando para abajo. Mi primo Manuel dice que fue corriendo y le cortó las tiras. El otro avión se elevó doblándose pa la izquierda, pa las casas más altas de allí, y se estrelló casi en el camino. Yo bajé rápidamente a dar cuenta.

Se pueden imaginar lo que pasó a partir de aquel momento. El pueblo en masa se movilizó con sus sanitarios y autoridades al frente en auxilio de los accidentados, calculando que se trataba de un accidente aéreo de mayores dimensiones. Y, a la vez, al municipio se desplazaron las primeras autoridades civiles y militares, ambulancias y un helicóptero que, por primera vez, aterrizaba en esta zona.

Para un trabajo histórico que hemos terminado hace unos meses, cuarenta años después, indagamos sobre las causas reales que originaron aquel sonado accidente aéreo con planteamientos o hipótesis muy sencillas: ante una avería, ¿por qué los dos aviones no continuaron barranco de La Aldea hacia abajo unos segundos hasta el valle, con amplios espacios para un aterrizaje forzoso más seguro? O en caso de que, ya desviados por el barranco de Pino Gordo arriba, el avión del sargento presentara problemas ¿cómo pudo, a todo motor, elevarse hacia la izquierda por el barranquillo de Los Peñones-Abeló, a lo largo de dos kilómetros en progresiva pendiente hasta los 700 metros de altura o por qué dobló hacia el barranquillo y no continuó elevándose por el barranco principal de Pino Gordo hasta Las Casillas?

Los interrogantes se pueden encadenar aún más unos con otros ¿Qué hacían dos aviones en vuelo muy rasante por un desfiladero tan estrecho que daba a la vaguada de Pino Gordo? ¿Hubo desconocimiento del terreno o el doble accidente fue simplemente el producto de los acostumbrados vuelos rasantes arriesgados, de los que los jóvenes pilotos en aquel entonces hacían gala, por profundos barrancos, aprovechando las grandes posibilidades técnicas de modernos aparatos como los ya legendarios North American T-6 D?

Siempre habíamos creído la versión del avión averiado, pero tras un análisis del suceso, al consultar las fuentes señaladas, una cosa nos parece clara: la imprudencia de los jóvenes pilotos fue la causa inicial o la principal de este accidente. Quizás pudo tener problemas el avión delantero para elevarse, pero con una avería en el motor era muy difícil elevarse a lo largo de dos kilómetros por un barranquillo con fuertes desniveles y, de hecho, no pudo más y tuvo que pancear en Abeló. La casual fatalidad del otro piloto, al rozar levemente su cola con unos peñascos y estrellarse a continuación, tiene su justificación en una maniobra arriesgada de la que no pudo salir, como le ocurrió a tantos pilotos en aquellos años que confiaron en aquellos potentes North American T-6. Alguna información oral nos desveló que “venían echando una taifa barranco abajo”. Pero, con todas estas versiones y como quiera que los informes oficiales testificaron lo que testificaron en su momento y no hemos podido localizar al piloto que sobrevivió al accidente, la verdad de aquel accidente quizás se quede para siempre en un interrogante. Sólo, el piloto Jaime Lujosa, si aún viviera, nos podría sacar de la duda. 

acc_04Para los más interesados les diré que los biplazas North American T-6 D, Texan eran unos aviones de combate, potentes y experimentados, que mejoraron tecnológicamente desde la Segunda Guerra Mundial a la Guerra de Corea. Fueron adquiridos por el Ejército del Aire en 1954 como consecuencia de los Acuerdos con los EE.UU. En 1958 se compraron 60 unidades más y una flota de estos se destinó en aquel año a la base de Gando.

A pesar de su gran rendimiento, seguridad y operatividad generaron en el área de la Zona Aérea de Canarias y África Occidental española, entre 1958 y 1977 un total de veinte accidentes, algunos mortales, en la mayoría de los casos por la imprudencia de los pilotos en los vuelos rasantes y exceso de confianza en las posibilidades de estos aparatos.

Y, además, si quieren profundizar o investigar y sacar sus propias conclusiones pueden consultar los consultar los periódicos Diario de Las Palmas (11VI-1959),Falange (11 y 16-VI-1959); el libro de GONZÁLEZ ROMERO, Carmelo (2005):Accidentes e incidentes aéreos. Islas Canarias-África Occidental (1934-2003), Anroart Ediciones. Las Palmas de Gran Canaria, pp. 71-75; en el Archivo del Ayuntamiento de La Aldea el libro de actas la sesión de 3 de julio de 1959, y conversar con tanta gente de La Aldea que aún recuerda este evento y que seguramente les pueden aportar algún dato más.

Y para más los más curiosos, los de la más intrahistoria, les cuento que el 4 abril pasado, poco después de las lluvias, fui con mis hermanos y sobrinas a Pino Gordo; necesitaba fotografiar los lugares de aquel accidente y ellas me habían pedido que las llevara a algún sitio, aunque me reservé el porqué de la elección del lugar. Después del túnel del Canal entramos en aquel profundo barranco de Pino Gordo, de impresionantes perspectivas y mil ecos cuando allí levantamos la voz. Llamamos al eco repetidas veces y con qué encanto nos respondía, y aproveché el momento para contarles a mis sobrinas con todo detalle el accidente de los aviones y la necesidad que tenía de sacar fotografías en los lugares del mismo. Escucharon con sumo interés la historia, pero sin decirme nada, pensaron que era una de las tantas historias de miedo que a veces les invento: ¡las cosas de tití Paco! Y grande fue su sorpresa, cuando llegamos a Pino Gordo, al comprobar que la persona que primero nos tropezamos, Gustavo Rodríguez, les cuenta la misma historia y, luego, más arriba el pastor Eugenio Tovar hace lo mismo y detalla los puntos del accidente. El relato se cargó de más fantasía para mi hermana y las niñas cuando Antoñita Pérez, la esposa de Eugenio, en el frondoso patio de aquella centenaria casita, les cuenta que la señora que con anterioridad a ellos vivía en la misma había tenido visiones de un alma en pena, que en la fuente se le había acercado a ella y que se trataba del joven piloto que había fallecido en aquel lugar, el 10 de junio de 1959, cuando estaba por aquellos días preparando su boda. En su interesante relato había que ver el silencio de las niñas. Y las cosas, pensé yo, las fantasías de nuestra sociedad tradicional, con respecto al más allá. Y ya ven, mis sobrinas a mí no me creyeron cuando les conté por primera vez lo de los aviones, pero el cuento de la señora y el alma en pena del piloto las dejó enmudecidas. Luego me repetían ante mis explicaciones racionales “¡y si es verdad y si se nos aparece! y ¿dónde está la fuente…?”. La experiencia aquel día de mis sobrinas en un marco natural extraordinario a poco de haber llovido, con el agua barranco abajo, con los charcos, las altas palmas, la historia y los relatos fantásticos de Pino Gordo… a cada rato me lo recuerdan.

Nota: Se puede descargar el trabajo completo con más aportaciones fotográficas en PDF. pdf Pincha en Descargar


Francisco Suárez Moreno

Actualizado el Miércoles, 02 Octubre 2013 01:46

Deja un comentario

Esta es la opinión de los lectores, en ningún caso la de infonortedigital.com. No se permitirán comentarios ofensivos o contrarios a las leyes españolas. Tampoco se permitirán mensajes no relacionados con el tema de la noticia.
El envío de comentarios supone la aceptación de las condiciones de uso.

volver arriba

Noticias

Municipios

Suplemento