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Fiestas de Santiago Apóstol, Julio de 2003

  •   SEBASTIáN MONZóN SUáREZ
  • 1 COMENTARIO

Adentrados ya en el tan esperado tiempo en el que el espíritu comparte por igual el ocio sosegado y el bullicio parrandero, abre Gáldar de par en par el pórtico grande de sus fiestas patronales. Fiestas templadas siempre por el sol de Julio, olientes a mar y a la mies dorada entre amapolas. Anunciadas ya en las ancestrales hogueras de San Antonio, de las vísperas sanjuaneras, de los Santos Pedro y Pablo, en la paz y los silencios que le crecen a los surcos en la siesta estival de las huertas y cercados. Y en el intenso azul del cielo, en la presura del ir y venir callejero y en el color nuevo de las fachadas, puertas y ventanas, en el alegre repicar de las campanas convocando al municipio y a la Isla toda a honrar al Señor Santiago, el hijo mártir de Zebedeo y Salomé.

No es nada novedoso que las fiestas jacobeas de Gáldar, antaño modelo de tipismo y fervor, ocupen hoy, por la cuidada y exhaustiva programación, un lugar privilegiado entre las principales celebraciones cívicas- religiosas de las islas. Sin embargo, también es posible que ninguna de ellas las superen en antigüedad, remontada a los mismos orígenes cristianos de la entonces real estancia del guanartemato y su acogimiento al patronazgo del Santo Apóstol, meses antes de consumarse el triste holocausto del pueblo isleño, tan oportunamente precipitado con la captura de Tenesor Semidán por los comandos de Alonso Fernández de Lugo y los voluntarios gomeros de Hernán Peraza en Febrero del año de gracia de 1482.

Y mientras el desventurado y último guanarteme grancanario recorría las tierras peninsulares deslumbrado por los afectuosos agasajos cortesanos y trocaba en el ritual de las aguas su nombre aborigen por el de su regio padrino, la Agáldar de la mítica Andamana, de Guayasén el Bueno, de los guaires y las hermosas infantas, se convertía en el más importante enclave español y cristiano, después del Real de Las Palmas, para mayor desconsuelo de los indómitos que en los riscales cumbreros de la Isla perecían en defensa de su honor y libertad.

Sobre las viejas piedras de la canariedad nacía la Gáldar hispánica, hermanados la espada y la cruz, el tambor y el sonoro esquilón del rústico adoratorio desde el que ya se imploraban los favores del Cielo por medio del fogoso Hijo del Trueno. Así está noticiado, entre otros cronistas, por Gómez Escudero que, en referencia al descalabro que a principios de 1483 sufrieran en Ajódar Miguel de Mujica y muchos de sus vascos, reseña: “ trájose a Mujica y demás al pueblo de Gáldar, en una casa grande que estaba a una punta del lugar ( donde el sol se pone, dice la Matritense ) y en otra allí cerca se decía misa y llamaron de la advocación de San Santiago onde fueron enterrados los cristianos. Cerca de este sitio se fabricó un castillo para guarda de el Real “. Este castillo no debe ser otro que la célebre torre de piedra donada años después a la iglesia de Santiago por la Ciudad, Justicia y Regimiento de la Isla e inventariada como uno de sus primeros bienes.

Relatan algunos historiadores que en la mañana del 29 de Abril de 1483, festividad de San Pedro Mártir, dióse por concluida en Ansite la conquista de Gran Canaria. Y que vueltos la tropa de Pedro de Vera y los nativos aliados a la naciente población de Gáldar, se cantó en la pequeña iglesia, el primero de Mayo, un solemne Te Deum en acción de gracias, oficiado por el mismo don Juan de Frías, el compasivo obispo que aguardaba el desenlace de los acontecimientos en compañía de algunas familias que habían empezado a establecerse en este histórico lugar. Y si para el 26 de Julio, de especial dedicación a la Sra Santa Ana, estaba prevista la presentación de la princesa Arminda y su séquito de canarios en el Real de Las Palmas, es lógico suponer que el día anterior, festividad de Santiago Apóstol, fuera celebrado con general regocijo y acaso por primera vez su celestial patronazgo en la, al parecer, ya levantada iglesia.

De tal suceso cúmplense ahora quinientos veinte años, si es dada como buena la fecha de 1483 y no la tradicionalmente aceptada de 1486, deducida de la información sobre la fundación de la iglesia que recabara el Licenciado Fernán González de la Costa en su Visita Pastoral del 14 de Marzo de 1556, por lo ambiguo del "podía haber setenta años que fue fundada por los conquistadores de esta Isla e que han oído decir que está bendecida e así lo creen, presumen y tienen por cierto “.

Desde los primeros tiempos fueron brillantes las celebraciones litúrgicas y los divertimientos populares que nunca descuidaron eclesiásticos y gobernantes para honrar al Excelso Patrono, de quien la incipiente comunidad, crecida con los repartimientos de tierras y aguas, había tomado no solo su bienaventurado amparo sino también su nombre: Santiago de los Caballeros de Agáldar, primera sede jacobea de la España no peninsular.

Tres efemérides conforman las fiestas patronales de Gáldar: la propia festividad del Apóstol, la instituida en honor a Santa Ana y la de San Cristóbal, distintas una de otra, consecutivas y ricas las tres en años, solemnidad y en popular devoción.

Pero son las del Señor Santiago las más antiguas y con diferencia las más importantes. Y encomiable ha sido siempre el celo de beneficiados y párrocos en el ceremonial litúrgico, resaltado por la elocuencia de los más afamados predicadores y en no pocas ocasiones con la distinguida presencia de los prelados, de altas autoridades civiles y militares o de especiales instituciones, como ocurriera en Julio de 1812 con la asistencia en pleno del Tribunal Superior de la Audiencia, a la sazón residenciado en Gáldar por hallarse epidemiada de las fiebres amarillas la mayor parte de Gran Canaria. E inolvidables fueron las eucaristías de la inauguración del actual templo parroquial en 1824, de la primera misa de pontifical, cantada en 1849 por el obispo don Buenaventura Codina, la de la consagración y colocación de reliquias que hiciera en 1926 don Miguel Serra Sucarrat, el obispo que alcanzara el martirologio en la contienda civil. Y asimismo las especiales de los años jubilares o tantas otras presentes siempre en la memoria de las generaciones.

Cantaban vísperas los Beneficiados y capellanes de las parroquias vecinas y ayudaban en las ceremonias los frailes del convento de San Antonio de la Vega a quienes daban de comer los vecinos de la Villa. Después de la larga función, acompañada de tamborilero y flauta salía en magna procesión y sobre unas andas, la imagen del Apóstol, primero en escultura de peregrino y desde los años veinte del XVII en la efigie actual del guerrero a caballo, con espada y rodela pero sin los moros y banderas turcas, añadiduras de mediados del siglo XVIII. Esta talla del Apóstol lucía en las festividades, a partir del primer tercio del XIX, el hábito de su Orden que le regalara la Condesa de la Vega Grande o el manto de paño de seda donado por Dña Josefa de Medina. A finales de la citada centuria se incorporan al cortejo procesional las Bandas de Música y aumenta su vistosidad el nuevo trono de madera tallado, todo dorado, con cuatro hermosos candelabros de cinco luces cada uno, traído desde Valencia en el Poeta Arolas para las ceremonias de 1926.

santiago_02Esta imagen ecuestre del Santo Patrono, de supuesta hechura sevillana del XVII, estuvo a punto de ser sustituida por una nueva iconografía del Apóstol peregrino, ordenado por el obispo Codina, poco amante de la presencia de esculturas con animales en las iglesias de la diócesis. Reunido en generosas limosnas llegadas de todas partes el coste de la efigie y a punto de cerrarse su encargo a un prestigioso taller genovés por medio del vecino de Las Palmas don Francisco Gourié, unas imprevistas circunstancias obligaron a la fábrica parroquial a disponer del dinero recaudado y dar al traste con el largamente laborado proyecto.

Si bien la liturgia ha sido siempre el factor primordial de la festividad, tampoco han faltado, paralelos a la misma, los variados regocijos populares. Regaban las calles los vecinos y las adornaban con enramados arcos, se traían ramas y juncos para la iglesia desde la selva de Doramas, se preparaban luminarias de tea y era acarreada la leña para la monumental hoguera que desde lo alto de la Montaña anunciaba la fiesta a los más distantes rincones. Llenaban vecinos y foráneos el típico mercadillo, divertían los juegos de destreza y sobresalían las exhibiciones de doma y monta a cargo de linajudos caballeros, noticiadas por el mismo Viera y Clavijo. Con el devenir de los años toman auge las representaciones teatrales en el frontis de la iglesia, las loas y danzas, la lucha canaria, los bailes de taifa y candil, los cuetes boladores y los fuegos artificiales en tal grado de aceptación que la brillantez de las fiestas estaba determinada por la “ profunda emotividad del sermón y la vistosidad de los fuegos “. A tiempos más recientes, era ya del Casino y la luz eléctrica, pertenecen las alegres verbenas y bailes, las demostraciones deportivas, los conciertos musicales, folclore y romerías, los actos culturales y la siempre poética lectura del pregón, compendio del más hondo sentir vivencial

Casi pareja en años a la del Apóstol es la festividad de la Señora Santa Ana, madre de María Santísima y Co-patrona hoy del municipio galdense. Tiene su origen en la particular devoción que le profesaron Maciot Perdomo Betancor el Viejo y su mujer Luisa de Betancor, la sin par Tenesoya de los prehispánicos tiempos, que establecidos en Gáldar edificaron en la primitiva iglesia y a sus expensas una capilla de la advocación de Santa Ana, de ocho varas en cuadro y el mismo alto del techo, “ para entierro de ellos y sus descendientes “ y que dotaron con todos los ornamentos precisos para la celebración del culto.

En el retablo de la Capilla estuvo colocada una imagen de la Santa, según se desprende de la descripción hecha en Julio de 1548 por el canónigo Padilla ratificado en las visitas posteriores. Sin embargo, la pertinaz desidia de muchos Patronos originó el total deterioro del pequeño y sagrado recinto, incluida la desaparición de la efigie, motivando las constantes quejas y advertencias de Obispos y Visitadores culminadas con el decreto firmado por el Canónigo Maestrescuela Francisco Pablo de Matos en 1731 que manda al Licenciado José de Bethencourt “ se deje la capilla en perfectas condiciones para el culto en pavimentos, techos y paredes, que coloque en su altar una imagen de Santa Ana en talla o en pintura con su marco de madera “.

Cumplimentado por fin el mandato con la reparación de la Capilla y la puesta en ella de un cuadro de Santa Ana, se renaudó la devoción popular con la celebración de misas y su festividad, fortalecida a partir de 1785 con la función de vísperas cantadas, tercia, misa y sermón, adorno de la iglesia con la cera correspondiente, rama y junco y con la asistencia de la Comunidad de San Francisco los días y noches de vísperas, impuesta por el Capitán Quesada sobre dos noches de agua del heredamiento de Gáldar.

santiago_03Tuvo siempre esta entrañable efemérides para los galdenses un carácter de “ íntima celebración “ por ser mayoritaria la presencia de vecinos de la localidad al hallarse ya regresados a los respectivos lares los numerosos forasteros venidos el día anterior, el de la fiesta principal. Después de una solemne Eucaristía, la interrumpida procesión durante largo tiempo, vuelve a recorrer los viejos aledaños de la plaza desde que en la segunda década del siglo XX, siendo párroco don Domingo Hernández Romero, fuera entronizada en la iglesia una nueva imagen de Santa Ana, hecha de pasta simulando madera y de insignificante valor artístico.

Cierra el tríptico de las fiestas patronales de Gáldar la hoy tan popular festividad de San Cristóbal, cuya devoción debió estar muy arraigada en esta comarca desde remotos tiempos a juzgar por las misas que en su día impuso en 1548 Inés Díaz sobre dos cuevas en la Audiencia Vieja, siendo ambas las primeras dejadas a la iglesia de Santiago.

Sin embargo es debida la solemnidad de su conmemoración a la fundación, en Julio de 1793, de la Hermandad de la Caridad, popularmente conocida hasta su lamentable desaparición, Hermandad o Cofradía de Santiago que tenía como fines primordiales el acabado del nuevo y actual templo y concluido éste, la construcción de una Colegiata para la educación de las jóvenes.

Reunido el obispo don Antonio Tavira, Caballero de la Orden de Santiago e impulsor del proyecto con los miembros principales de la Hermandad en la casa del ya nonagenario, casi ciego y Hermano Mayor, don Esteban Ruíz de Quesada, decidieron que la celebración anual de la Junta y Capítulo de la Hermandad tuviera lugar cada veintisiete de Julio por ser fiesta el día de Santa Ana. Con gran asistencia de fieles y todos los cofrades a la magna función, tuvo lugar la primera celebración el 27 de Julio de 1794 con la sentida ausencia del ilustre patricio que había fallecido en los principios del mencionado mes. En años sucesivos fueron programados también divertidos entretenimientos, culminados en la actualidad con el vistoso desfile y bendición de automóviles.

Pero no siempre pudieron los vecinos de Gáldar gozar la festividad de Santiago en su propio día. En varias ocasiones, trágicas y amargas circunstancias obligaron a suspenderla o a posponerla a otras fechas. Los toques a rebato por la presencia de corsarios en la ciudad de Las Palmas, las plagas y epidemias coléricas, la llevada del Apóstol a la Ciudad en prerrogativas por la invasión napoleónica y el estallido de la guerra civil española en las cercanas vísperas de la fiesta, fueron señaladas y anecdóticas efemérides a las que bien podrían añadirse las pobres y deslucidas ediciones por hallarse completamente vacías las arcas municipales

Larga es la relación de las personas, nativas unas y foráneas otras, que con amorosas y poéticas palabras cantaron las excelencias del lugar de la nacencia y las virtudes y milagros del Santo Patrono desde los micrófonos de Radio Las Palmas, Radio Atlántico o Radio Ecca, desde los habilitados escenarios del Salón Plenario, Teatro Municipal, Plaza de Santiago, Calle Fernando Guanarteme, Iglesia Parroquial o Centro Cultural Guaires. Entre el primero que fuera Francisco Pérez García, Cronista de Gáldar y el de las presentes fiestas, Antonio Ramos Gordillo, han tenido el honor de ser pregonero, Juan Sosa Suárez, José Rodríguez y Rodríguez, Manuel Socorro Pérez, Andrés Ruíz Delgado, Francisco Rodríguez y Rodríguez, Félix Idoipe Gracia, Andrés Hernández Navarro, Santiago Cazorla León,, Francisco Rodríguez Batllori, Sebastián Monzón Suárez, Antonio Rosas Suris, Mercedes Miranda Martín, Juan Espino Díaz, Celso Martín de Guzmán, Antonio González Rodríguez, Abraham González Arencibia, Roberto Moreno Díaz, José Gil Alonso, José Molina Mendoza, Francisca García Lorenzo, Andrés Díaz Tacoronte, Ángel Trujillo Cubas, Manuel Reyes Brito, José Rodríguez Batllori, José Galindo y Antón, Nicolás Guerra Aguiar, Carmelo Padrón Díaz, Juan Sebastián López García, Fernando Redondo Rodríguez, Cristóbal Pérez Viera, Antonio Cruz Domínguez, Santiago García Ramos, Rosa María Martinón Corominas, Jesús Gómez Rodríguez, Antonio González Molina, Francisco Rubio Royo, María Victoria Padrón Martinón, Juan Manuel Suárez Rodríguez, Juan Quesada López, Marcelino Cisneros García, Pedro Espinosa Lorenzo, Pedro Monzón Suárez, Antonio Rodríguez Batllori, Sergio Moreno Pérez y Rafael Sosa Ruíz.

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 Dentro de pocos días volarán en todas direcciones los sones campaneros anunciadores de la fiesta. Grandes y pequeños compartirán planes en razón del apretado programa de actos, pacientes unos e ilusionados otros. Mas, quienes ya no están para batallas de flores, ajetreos de romerías y verbenas salseras, desfiles de carrozas trasnochados ni siquiera para el copeteo controlado con los amigos de antaño, amén de desearles unas felices fiestas y alegrarse con el sano gozar de los demás, cerrarán los ojos y dejarán que el alma les revuelvan los recuerdos. Y serán felices siendo de nuevo aquellos niños de ayer, asustados en las pruebas de la costurera, maldiciendo en voz baja la apretura de los zapatos estrenados y los pellizcos del barbero mientras moldea la “ moña veraniega “. Y volverán a embelesarse con las banderillas, guirnaldas y farolillos de la plaza, con el girar de ruletas y molinillos con gallos de escayola, con el olor y el bullicio de los ventorrillos de palma y el apetitoso turrón de la Moyera vieja.. Irán cien veces a la trasera de la iglesia para embobarse en el terco regateo entre compradoras y feriantes, desparramadas frutas y verduras sobre la desteñida trapera y la estera de palma. Cien veces también entrarán en la iglesia y saldrán corridos por el calor sofocante y la largura de la liturgia. Y seguirán a las parrandas callejeras y al peregrino penitente que recorre de rodillas medio pueblo hasta el trono del Apóstol en pago de los callados favores. Niños empachados del helado y la granizada de los carros amarillos, de carnes y salsas, hinchas renacidos del Galdense, del Victoria o del Marino, del Gordo y el Flaco, de los ciclistas con cintas y de la Banda de Música.

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Sebastián Monzón Suárez

Actualizado el Jueves, 29 Enero 2015 17:35

1 comentario

  • aguanca
    aguanca Lunes, 22 Febrero 2016 16:34 Enlace al Comentario

    Francisco Morales Padrón:(Canarias: Crónicas de su conquista)
    Resumiendo:
    Creemos que estamos pendientes de hallar la primera y única crónica de la conquista de Gran Canaria. Por el momento la copia "Ovetense" es la que más se acerca al primitivo original.
    *La matritense es un extracto realizado a mediados del siglo XVI
    * Gómez Escudero son recreaciones del siglo XVII.
    Saludos

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