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Historia de los centros de enseñanza de La Aldea y su entorno (IV) La Cardonera

la_cardonera_01C.E.I.P.  La Cardonera, en el núcleo principal de la población

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Entre Barranco Santo y Los Pasitos, por la carretera que, desde el pueblo llega a El Hoyo, encontramos el barrio de La Cardonera donde, desde 1961, funciona un grupo de dos escuelas unitarias (niños y niñas) transformado en los años ochenta en Colegio Incompleto de EGB y luego en Centro de Educación Infantil y Primaria.

En este ensayo se  describe la evolución histórica del  barrio de La Cardonera y zonas de influencia escolar de El Molino de Viento, Barranco Santo… un espacio casi despoblado a lo largo de los siglos, a pesar de lo cual encierra interesantes capítulos sobre la evolución de la propiedad agraria, las arquitecturas hidráulicas e industrias artesanales. Asimismo se hace una detallada descripción de la escuela a lo largo de tantos años de cambios.

 1.- Antecedentes históricos antiguos (Siglos XVIII-XIX)

La Cardonera y espacios anexos conforman un área geográfica de suaves laderas que comienzan en su base de Los Llanos de La Mina y el barranco de Tocodomán, hasta las alturas de El Granillar, La Montañeta del Pueblo y Artejévez. Su vegetación natural la conformaba antes la flora del piso basal canario sobre todo una masa de euforbias canarias que generó el topónimo de La Cardonera.

La ausencia de cursos de agua continuos y la disposición de un terreno enladerado no hizo posible que, desde los primeros siglos de la Colonización,  estas tierras se convirtieran en fértiles terrenos. Permanecieron estériles por mucho tiempo, a excepción de unas pequeñas huertas regadas con el agua de las madres  y minas del barranco de Tocodomán, frente a algunas tierras de secano o de “pan y sembrar”.

Desde el siglo XVIII, o quizás antes, hasta el siglo XX, la habitan sólo cuatro o cinco familias de medianeros de la Hacienda Aldea de San Nicolás. Es lo que permitía su corta capacidad  de sustentación ecológica frente a los terrenos ubicados más abajo regados, del pueblo a la playa, con las aguas más continuas  del barranco de Tejeda-La Aldea.

La población más antigua, siglo XVIII

Las primeras familias de La Cardonera roturaron y pusieron en cultivo las primigenias tierras de riego y de sembrados en los secanos adyacentes,  afirmando los derechos de medianería perpetua para sus descendientes. Quizás sean de La Cardonera algunos de los 8 vecinos censados, en la entidad de El Pueblo Canario (zona de Artejévez), en 1735, por la Sinodal del obispo Dávila. Cuando se crea la Ayuda de Parroquia de San Nicolás, en 1742, aparecen tres casas de familia de La Cardonera que aportan la correspondiente limosna para el inicio de los cultos e infraestructura de la nueva institución religiosa.

A finales del siglo XVIII, ya estructurados todos los barrios históricos de La Aldea, en esta zona vivían unos cuatro o cinco vecinos, en  humildes casas repartidas desde Los Llanos Altos hasta Los Pasitos, en cada una de las fincas históricas. Lo confirma el primer censo detallado que elabora la Parroquia, en 1820, donde  constan  5 familias con  un total de 23 habitantes. En ese momento la población de La Aldea permanecía estable tanto fuera (Furel, Guguy, Tasarte, Tasartico…) como dentro de las tierras de Hacienda Aldea de San Nicolás, aún vinculadas al mayorazgo de los Nava Grimón, cuya capacidad agraria y demográfica era de 180-200 medianeros. Las familias censadas en aquel año son  las siguientes: Juan García y María Ramírez, con dos hijos; Juan Viera y Francisca Montesdeoca, con otros dos;  Diego Montesdeoca y Francisca Saavedra, con un solo hijo; la viuda Claudina Afonso y tres hijos y por último la casa del viudo Antonio Delgado, la persona de más edad de la zona, con sólo 50 años y seis hijos (lo que nos indica el bajo índice de esperanza de vida). Estos vecinos, nacidos en el siglo XVIII, son los bisabuelos de la media docena de familias que, a principios del siglo XX, habitan y cultivan esta zona.

Un paisaje desolado. Siglo XIX

A lo largo del siglo XIX asistimos a un estancamiento demográfico y pobreza de la población de La Cardonera-Barranco Santo, un barrio con sólo una media docena de familias de medianeros perpetuos de la Hacienda Aldea de San Nicolás,  propiedad del Marqués de Villanueva del Prado hasta 1892 en que los Pérez Galdós se hacen con ella.

Estos primeros colonos de La Cardonera vivían desde siglos atrás en las mismas casitas de piedra de sus ascendientes, con techumbre de torta de paja y barro a dos aguas, que ahora se cubren de tejas. Estaban ubicadas dentro de cada una de la media docena de fincas históricas comprendidas entre Barranco Santo y Los Pasitos.  No había espacio de producción para más familias pues la capacidad de sustentación ecológica y demográfica seguía comprendiendo unas cinco o  seis posesiones, cultivadas por los colonos al partido de medias perpetuas, con una superficie de una o poco más fanegadas de riego y, a su vez, fraccionadas en pequeñas cadenas de un par de celemines. Son terrenos situados bajo el nivel de las acequias de las minas que seccionaban el barranco de Tocodomán, por tanto de riego o de medio riego cuando eran cadenas de nueva roturación con  derecho a regar cuando las antiguas lo habían hecho. Y cada una de estas posesiones de tierra de riego o medio riego se unen posesiones de los mismos medianeros sobre tierras de secano en las zonas adyacentes.

En este contexto histórico tenemos, a principios del siglo XIX, año 1912-1913, un censo agrario realizado en toda la Hacienda Aldea de San Nicolás que, en la zona de La Cardonera-Barranco Santo, contabiliza un total aproximado de cuatro fanegadas de riego y dos de medio riego, las que a su vez limitaban con el amplio espacio de tierras de siembra que ascendía por el Granillar hasta Artejévez.

Y es que desde muy antiguo, en toda la hacienda, los medianeros que disfrutaban tierras de riego debían sembrar obligatoriamente granos (trigo y cebada) en los secanos adyacentes, para lo que la Casa aportaba la semilla y además tener ellos la obligación de criar en la finca a una yunta de vacas y una bestia de carga, a disposición del administrador de la hacienda.

Esta distribución de la tenencia de la tierra que describimos es la preexistente desde siglos atrás en cualquier zona de la Hacienda Aldea de San Nicolás.

La posesión enfitéutica de más valor, es la finca de riego de una fanegada como media, donde está ubicada la vivienda familiar, la gañanía, el corral y muladares, complementada, obligatoriamente, con el cultivo de tierras de secano para los sembrados casi siempre cerca o en el área geográfica de la posesión principal de riego y residencia del medianero, por cuya casita debía de pagar al marqués, todos los años, una especie de renta feudal, de una gallina o dos reales de plata.

Además, cada familia tenía que contribuir con trabajos adicionales que les indicaba el mayordomo o administrador de la Hacienda: limpiar las acequias, ir a vigilar a Tejeda las aguas (de lo que estaban exentos los medianeros de La Cardonera, El Hoyo y Artejévez) y prestar, como ya indicamos, las bestias de carga y las yuntas cuando lo necesitase la Casa (arar, llevar granos al puerto, etc.).

la_cardonera_03Panorámica de la zona del barranco de Tocodomán desde

El Pinillo a La Cardonera y Los Llanos Altos.

Año 1927-1928. Teodor Maisch

En estos tiempos del último cuarto del siglo XVIII a mediados del XIX, los vecinos de todos los pueblos debían afrontar otros servicios comunitarios, organizados por el alcalde real y el oficial de las milicias locales (vigilancia de costas, traslado al cementerio de muertos abandonados en los caminos, un servicio militar local, obligatorio durante varios años, en el marco de las milicias canarias, etc.). Más tarde, cuando se organizan los Juzgados de Paz y los de Instrucción del Partido Judicial, los mozos estaban obligados a el traslado de los cadáveres de accidentes hasta Guía para hacer la preceptiva autopsia).

¿Qué ocurre desde La Cardonera hasta Barranco Santo según avanza el siglo XIX? A nuestro entender son pocas las novedades. La zona se dibuja aún más despoblada que media centuria atrás, con sólo 9 habitantes en 1860 y 14 en 1895. La principal razón del desplome demográfico está en la crisis económica que sufrió Canarias, con sangría constante de emigrantes hacia América. A parte los Delgado Gil, ubicados entre Barranco Santo y Los Llanos Altos, encontramos según los censos de las últimas décadas del siglo XIX, en La Cardonera, a las familias de  Claudina Montesdeoca, Dionisio Suárez, Juan Molina Dámaso, Eugenio Suárez Rosa…

La Cardonera mantiene aquel paisaje desolado que se apreciaba desde  siglos atrás  en los márgenes del estrecho camino real que iba para el Sur, dirección El Hoyo desde Los Llanos Altos-Barranco Santo. Era una estrecha vía abierta desde tiempo inmemorial entre el gran barranco de Tocodomán y las parcelas de cultivo,  separadas a su vez unas de otras por muros de piedra coronados de alguna higuera, tuneras y cañas. El camino tomaba un  suave y ondulado ascenso hasta La Cardonera, entre los eriales de piedras, cardones y espinos del amplio cauce del barranco de Gomanillo en su confluencia con el de Tocodomán.

Por este solitario camino, en un lugar aún indeterminado, en 1876, poco antes de caer asesinado en Tirma, el secretario del Ayuntamiento y del Juzgado, don Diego Remón de la Rosa, fue asaltado por unos encapuchados cuando venía de El Hoyo, a punta de revólver para quitarle y destruir las notificaciones que venía haciendo entre los medianeros para desahuciarlos si no reconocían la propiedad del marqués, cuando el Pleito de La Aldea, había vuelto a renacer después de setenta años de los graves conflictos de principios del siglo XIX.

la_cardonera_04Panorámica de la zona del barranco de Tocodomán desde

El Pinillo (primer Plano) a La Cardonera y Los Llanos Altos.

Año 1934. Leopoldo Medina Ojeda (Gentileza de Toñín de La Nuez

2. Los cambios. principios del siglo XX

La difícil situación social y económica heredada del siglo XIX se mantuvo hasta principios del siglo XX; aunque, en sus primeros años, un nuevo cultivo, introducido desde 1897, comienza a modificar el paisaje y a cambiar las estructuras agrarias con unas decisivas consecuencias sobre el régimen y propiedad de la tierra, así como en la evolución demográfica. Se trata del cultivo del tomate con sus almacenes de empaquetado y las mejoras que debieron hacerse en las fincas para producir más, lo que a su vez generó la conflictividad social del reinicio y fin del Pleito de La Aldea (1912-1927). Es cuando, lentamente, comienza a repoblarse La Cardonera, aunque seguirá siendo uno de los barrios más pobres del municipio. Es el momento en que las fincas se ponen más verdes, gracias a la construcción de nuevas minas de agua en el barranco de Tocodomán (algunas estaban trazadas desde el siglo anterior o quizás del siglo XVIII), de la perforación de los primeros pozos donde se instalan molinos, norias y motores para bombear el agua a la superficie.

La primera gran novedad es la noria que Magdalena Gil instala en su pozo de La Cardonera, luego se perforarán otros pozos con la instalación de molinos de viento americanos o motorcillos térmicos que accionan bombas. Las ampliaciones de las superficies de cultivo se hacen sobre los laterales del cauce del barranco de Tocodomán, siempre amenazante, que obliga a realizar los primeros muros de contención, denominados fuertes.

Así comienza la historia moderna de este barrio, que detallaremos a continuación. Antes podemos analizar este paisaje con la fuente de información más precisa: las fotografías de Teodor Maisch (1925-1927), en la página anterior y la de Leopoldo Medina Ojeda (1934) en esta. Con ellas podemos hacernos una  idea bastante exacta del paisaje agrario antiguo de Los Llanos a La Cardonera, ya en transformación, con el crecimiento urbano en la zona baja (Los Llanos), las nuevas sorribas y los fuertes en los laterales del barranco de Tocodomán, la huella de los aparatosos desbordamientos del  barranco de Tocodomán en temporales como los de 1878-1879, 1896 y 1919, hacia el pueblo, llegando incluso a la Iglesia.

La propiedad y tenencia de la tierra (1912-1928)

A partir de 1912, la Casa Nueva, propietaria y administradora del latifundio o Hacienda La Aldea de San Nicolás (en posesión de los Pérez Galdós desde 1892) es gestionada por don Hermenegildo Hurtado de Mendoza, quien tiene que afrontar los graves conflictos creados por los colonos-medianeros. Esto le obliga a plantear un acuerdo de venta con los mismos a fin de solucionar el centenario Pleito de La Aldea. A tal efecto elabora un censo agrario de todas las posesiones que disfrutaba cada medianero de la hacienda. Gracias a este documento podemos conocer con toda precisión la distribución de las posesiones de los colonos, los que tras la solución del Pleito en 1927 pasan al status de propietarios.  Podemos distinguir el régimen de propiedad y tenencia de la tierra en dos áreas distintas pero anexas y con los mismos agentes de posesión: regadío  y secano.

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También puedes acceder al trabajo en formato libro digital pinchando sobre la imagen inferior.

 
Actualizado el Domingo, 11 Enero 2015 17:42

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