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Personas y personajes, ¿Olvidados? Maestro Ángel Trujillo Rodríguez.

  •   JOSé JUAN GARCíA BATISTA.
  • 1 COMENTARIO

vgrupo20_redRecordamos el viejo taller de la herrería que regentaba Maestro Ángel Trujillo Pérez en la Carretera General del Norte, en la curva a la entrada del casco urbano, hoy calle Capitán Quesada. En dicha herrería, en aquellos años, una industria en ebullición, trabajaba Maestro Ángel Trujillo “el chico”, hijo del dueño del taller. Allí aprendió el oficio de herrero, él y algunos de sus hermanos, y lo ejerció más tarde con pulcritud y arte.

En el taller se herraban a caballos y demás bestias de carga, se fabricaban también “sachos”, picos, alcayatas, herraduras…, al calor de la fragua en la que ardía el carbón de piedra, como se conocía entonces. Se colocaba el hierro que se iba a transformar en herramientas después de ser golpeado en el yunque y enfriado con el agua de un recipiente adecuado, donde se endurecía.

Nos parece estar viendo al chiquillo, aprendiz de turno, maniobrando el eje de la fragua. A los operarios golpeando el hierro al rojo vivo para ir dando forma a la pieza que se pretendía fabricar. Aún nos parece oír el fuerte repiqueteo rítmico del martillo sobre el yunque, ver la humareda que salía del recipiente del agua, cuando se introducía en él el hierro que se trataba de acerar.

En aquel entonces había otra herrería en la calle Siete, hoy Faycan Aythami, entre las casas de Manuel el de Victoriana y Remeditos, con su escuela privada de niños pequeños.  Este establecimiento pertenecía a Maestro Santiago Sánchez, que regentó más tarde su discípulo y yerno Maestro Enrique Domínguez, casado con su hija Fefita, hábil y exquisita costurera.

Maestro Ángel Trujillo “el chico” trasladó la herrería ya de su propiedad a la zona de San Sebastián, muy cercano a la estación de Fernandito, en la misma carretera general.  Allí trabajaba junto a su hermano Nicolás.

El herrero, debido a las circunstancias del progreso, fue dejando la herrería poco a poco, transformándose en mecánico.

Cuando llegó la fiebre de la perforación de la tierra para encontrar agua, tan necesaria para las tierras, Maestro Ángel fue un “entendido” en reparar bombas en los pozos. Bajaba cincuenta, cien y trescientos metros de profundidad en un rudimentario y peligroso ascensor metido en un “cacharrón” habilitado adecuadamente para transportar personas, repuestos y herramientas, con el fin de reparar la bomba del pozo destruida, o reponer una nueva.  Esta peligrosa operación la realizó durante algunos años.

pgrupo05__redDedicado a esta profesión pudo tener una familia a su cargo. Casó en primeras nupcias con su prima Pino Trujillo Suárez, de la que tuvo dos hembras, Lolita y Pepita, que asistieron a la escuela privada de Carmelita la Maestra en La Montaña, pues como en la escuela pública se cantaba diariamente el “Cara Al Sol” su familia impidió que las niñas se impregnaran del Movimiento Nacional.

Más tarde asistieron con provecho al colegio que Don Fernando Cambres y su tío, Don Diego Trujillo, tenían abierto en la Plaza de Santiago. Donde años después estuvo el Banco Hispano-Americano.

Ambas, que fueron alumnas destacadas, hicieron los primeros cursos de bachillerato. Eran ya adultas y reanudaron sus estudios “empujadas” por su madrastra y hermanos, hijos de ésta que llevaban con bastante éxito sus respectivos estudios y a punto de finalizarlos.

Lolita, finalizó Magisterio y ejerció en Guía. Pepita se orientó hacia la Sanidad, en el ambulatorio de Gáldar fue Jefa de Enfermeros. Ambas, actualmente jubiladas.

Su segunda esposa, Carmita Cubas Cárdenes, fue la íntima amiga y confidente de la primera. Trajo al mundo tres vástagos, dos varones y una hembra. Francisco, el mayor, ocupó plaza como policía local en Las Palmas de Gran Canaria; murió relativamente joven. El segundo, Ángel, médico psiquiatra de mucho prestigio. La hembra, Leandra, estuvo de maestra en una sección de Barrial, y de la escuela cursó los estudios de medicina obteniendo la especialidad de dermatología que ejerció en la Seguridad Social. Desgraciadamente murió joven.

En aquéllos años la familia estuvo muy unida y compenetrada. Maestro Ángel se sentía satisfecho y orgulloso. Carmita, su segunda esposa, logró con habilidad que todos los hijos de maestro Ángel fueran un ejemplo de hermandad; batalló vendiendo máquinas de coser, “pateando” toda la zona para aportar unos “dinerillos” a la formación de sus hijos. El mismo Ángel, que estudiaba en Barcelona, trabajaba en verano en bares para recaudar unas pesetas, que le ayudaron bastante en la terminación de sus estudios.

Este herrero mecánico tuvo su faceta deportiva. Fundó y presidió el primer equipo de fútbol de la localidad: “La Lira”. El mismo era jugador de punta derecho. Nos contó que jugando en Barrial contra el Español de Agaete, en la vieja cancha tapizada de picón, un defensa culeto llamado Mauricio tenía “asado” a un joven extremo izquierdo hijo de una señora que vivía al inicio de la calle Larga. Maestro Ángel cambió su habitual posición de punta derecho por el de izquierdo. Esperó su momento y, cuando Mauricio le atacó, nuestro hombre se agachó y derribó por tierra al defensor agaetense, que se raspilló manos y cara. Nos dijo Maestro Ángel que desde aquel día le faltan dos muelas de la parte izquierda de la dentadura inferior. Esa fue la respuesta de Mauricio; muy amigo, años más tarde, de nuestro hombre.

foto_17_redPero donde destacó nuestro amigo fue como músico. Durante muchos años estuvo en nuestra banda de música, la que dirigía el maestro Batista padre, el cual le destinó al saxofón barítono y le ató un cordel, desde el dedo meñique de la mano izquierda a una llave del instrumento, pues su mano no alcanzaba a dicha llave. Tocaba el referido instrumento cuando, actuando en el parque Doramas en Las Palmas, se le olvidó el mismo. Se dieron cuenta al llegar a Gáldar, desde donde dieron señales de en qué lugar del parque lo había dejado. El maestro llamó por teléfono a un hijo suyo que estaba en Las Palmas de Gran Canaria, señalándole el sitio donde lo habían dejado. El instrumento apareció sano y salvo. Estuvo de nuevo en la banda antes de las veinticuatro horas.

En otra ocasión, en Arucas, en la noche de la víspera de San Juan, el maestro de música llegó tarde para tocar el paseo de música clásico de la noche de los fuegos. Se había entretenido en casa de su hija primogénita, Elisa, casada con Ceferino Pitti Santana. Solamente, encontró a los muchachos de la banda, muertos de frío. A los mayores, fue a buscarlos. Los encontró, pues supuso que seguramente estaban en casa de la “Reina Mora”…

foto_14_redPero su “golpe magistral” le sucedió en La Aldea. La banda había marchado embarcada en Sardina para amenizar las fiestas de San Nicolás. El maestro se alojaba en la casa del señor Araujo, alcalde del pueblo; los muchachos en casa de personas conocidas y los mayores en la escuela pública, en la que se guardaban los “papagüevos” y otros objetos festivos. La banda fue multada porque los “gigantes” no pudieron bailar al quedar inservibles. Maestro Ángel, “algo alegre” los había colocado frente a la pizarra y con la regla en la mano fue preguntándoles temas de la clase; como es lógico los “papagüevos” callaban, no se sabían la clase, y a “reglazo” limpio los fue castigando por su falta de aplicación. El castigo fue duro y fuerte.

Maestro Ángel no pudo entregar como hacía siempre su jornal al maestro de la banda porque tuvo que pagar su parte de la multa impuesta. Era costumbre de nuestro hombre entregar su paga correspondiente al maestro porque tenía que alimentar a nueve bocas y educar a siete.

Maestro Ángel, con gran pena, dejó la banda, en plena Guerra Civil, cuando fue impuesta la camisa azul con “el yugo y las flechas” como uniforme. La Banda, su oficio y su familia eran su vida.

Pasados unos años, concretamente en 1944, llegó al pueblo el nuevo director de la Banda, D. José Albuger Cuenca, del cuerpo de directores de Bandas de Música, que venía a sustituir al Maestro Batista hijo, que había ocupado la plaza al fallecimiento de su padre en 1942.

El maestro Albuger estuvo convenciendo a los músicos viejos para que se reintegraran en la Banda. Cuando maestro Ángel fue visitado para ello, agradeció el hecho y muy amable rechazó la oferta alegando, con modestia, que él no era un músico de primera. La conversación derivó en otros asuntos privados. El Director, que fue “fichado” en algunas “batatas”, dijo que su suegro, en la península, tenía más de ochenta vacas; entonces nuestro hombre con su “picardía” le respondió: “Maestro y usted se vino a Canarias y dejó las vacas que, solamente vendiendo el estiércol, vivía estupendamente”.

Francisquito_Domnguez__redPor los años veinte y principio de los treinta existían pandillas de jóvenes que se hacían llamar “hombres valientes y fuertes”. Estos colectivos se dejaban ver en las fiestas de la zona, se desafiaban y tenían enfrentamientos bastante violentos, con resultados de empates en golpes, heridas, sangre y magulladuras. Maestro Ángel estaba encuadrado en la pandilla que lideraba Pepito Ojeda, buen luchador, cazador y amaestrador de perros.

Una víspera de San Isidro en el Barrio se enfrentaron el bando de Pepito Ojeda con otro grupo rival. Maestro Ángel, en esta ocasión, llevaba escondida en su antebrazo una pequeña porra cilíndrica de madera de unos quince o veinte centímetros para, si era menester, usarla. La pelea iba a favor de los contrarios y fue el momento de actuar de Maestro Ángel, que en un hábil y rápido movimiento de su mano golpeó levemente en el tronco del oído a uno de los rivales y lo dejó k.o.  Todo lo recordaba, pero el final fue que se encontró acostado en una cama de la casa del comerciante del barrio Juanito Pérez Mateos, atendido por la esposa de éste, pues despertó allí de un fuerte golpe propiciado en su cara por un valiente hombre fuerte del bando contrario.

Hemos dicho que nuestro hombre formaba parte de la pandilla de Pepito Ojeda. No solo participaba en las enconadas peleas. También como hombre optimista, alegre y desenfadado era muy aficionado a “comilonas”,  “cochafiscos” y otros festejos propios de la época y de la edad.

Los miembros del equipo donaban un gallo, cordero, cabra, conejo, baifo. Siempre en el equipo había un cocinero y  su ayudante; generalmente, lo celebraban en una casa de la playa, propiedad de un amigo que la cedía para esos menesteres. En una ocasión Maestro Ángel estaba sentado cerca del fogón. Un perro que estaba amaestrando Pepito Ojeda se le acercaba al olor del comistraje y Ojeda, con autoridad,  le ordenaba que se volviera al lugar donde lo había colocado. Maestro Ángel muy “cuico” y cariñoso atendía con mimos al perro cuando se le acercaba. Pepito Ojeda, cada vez más enfadado, volvía a ordenar ya violentamente que regresara a su sitio. Entonces nuestro hombre, con su proverbial sonrisa maliciosa, le espetó a Pepito Ojeda: “Pepe, el animalito necesita cariño. Por eso se viene conmigo”. A lo que Pepito Ojeda ya enfadado cogió el perro y se lo llevó. No se supo más del pobre perro.

vgrupo19_redEn el primer tercio del siglo XX, el Carnaval era una fiesta que se celebraba de forma muy animada y concurrida en toda la isla. Maestro Ángel con un grupo de amigos marchó, en cierta ocasión, en un “pirata” alquilado (un Hudson con techo de lona con capacidad para 9 viajeros) a Las Palmas de Gran Canaria. El destino era una sala llamada “Chaparra”, situada en el barrio de Arenales, para celebrar animadamente cierto día de Carnaval. Cuando se disponía a entrar en la sala no se lo permitió uno de los organizadores, sus compañeros si entraron. Entonces, al quedarse desplazado, lo tomó con tranquilidad y se metió en un bar cercano. Allí, casualmente, se encontró con un paisano, Lorencito Guerra Domínguez, un hombrón de cerca de 1,95 m de altura, con casi 80 cm. de hombro a hombro. Era, pues, un hombre fuerte, atrevido y valiente. Él y sus hermanos eran gente conocida en el pueblo por su fuerza y eran temidos y respetados. Lorencito al parecer era policía secreto y podía utilizar, en ciertos casos, pistola. Casado con una señora de Tirajana llamada Clarita López Vega, con propiedades en el barrio de Rosiana, que el atendió hasta su fallecimiento.

Nuestro hombre y el paisano entraron en un bar. Lorencito cogió a maestro Ángel por las axilas y lo sentó en el mostrador y dijo al camarero: “Aquí está el hombre más grande de Gáldar y el más chico. Lo que bebe el mayor, el menor no se le queda detrás”. Cuando habían hecho algunas consumiciones  y algo alegres, Lorencito preguntó que qué hacía por allí, a lo que nuestro hombre le dio cumplida respuesta poniéndole en antecedentes, sin darle demasiada importancia y sin esperar que su amigo le empujara al “Chaparra” para averiguar la causa por la que le impidieron el acceso a la sala. Ya dentro, los compañeros de maestro Ángel, viéndole acompañado de Lorencito se imaginaron lo que iba a suceder y se acercaron a la desigual pareja a ver qué pasaba. Averiguado quién fue el causante de tal “agravio”; Lorencito sin pensarlo mucho, le propinó un fuerte golpe en la cervical que desequilibró al pobre hombre que llevaba una bandeja con vasos y botellas, haciéndole desplazar por el piso resbaladizo hasta parar en el borde del escenario, cayendo al suelo todo el contenido de la bandeja y formándose el lógico “zipizape”. El público se arremolinó frente al grupo de forasteros con muy malas intenciones. Lorencito sacó la pistola, mantuvo a raya a la gente hasta que todos metidos en el “pirata” se alejaban raudos carretera del norte adelante hacía Gáldar.

Maestro Ángel falleció en 1968, el mismo día que también fallecía el insigne pintor galdense Antonio Padrón.

 

José Juan García Batista

 

Fotos  del CD Gáldar a través de la fotografía de Sebastián Monzón Suárez

Actualizado el Lunes, 12 Enero 2015 16:53

1 comentario

  • Diego
    Diego Sábado, 27 Julio 2013 18:32 Enlace al Comentario

    Gente que estuvo en nuestra. Queoria del día a día y sin embargo los politicos posteriores y actuales no han sabido colocarlos donde se merecen.Cuando se mira atras y vees estas cosas te duele.
    Tantas cosa que crea Gáldar y nunca a creado un aula de la historia de esa Ciudad.

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