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Al Deán López Martín en el centenario de su muerte

“La humanidad, decía maese Pedro, es como la mesa de mi taller, en cuyos utensilios están gráficamente representados los diversos caracteres que en mucho distinguen a la especie humana.

Hay individuos martillos; para éstos el placer más grande y la ocupación predilecta, muy conformes por cierto con el oficio y naturaleza de aquel útil, indispensable en mi taller, es golpear, maltratar, vejar. . .

Individuos suelas, bajos, arrastrados, apegados a vivir bajo las plantas de otro, aduladores que soportan el insulto y el desprecio. . .

Hay individuos cuchillos, cortantes y alevosos, como el insulto, por las armas que esgrimen; calumniadores que infunden pánico y miedo en la Sociedad . . .

Individuos lesnas, pérfidos, agudos en sus instintos depravados y corrompidos; con cabos de hombres de bien y trajes de ciudadanos pacíficos, pero que enconan las heridas . . .

Individuos cera, pícaros, flexibles a todas las situaciones, a las que se amoldan fácilmente. . .

Individuos tachuelas, que a semejanza de las que tengo aquí, en mi mesa, hieren al que confiado, les tienden las manos para levantarlos; penetrantes y agudos de maldad. . .

Individuos hilazas, ambiciosos, con pretensiones de grandes; enredadores y prontos a estrechar al incauto que caiga en sus madejas. . .

Individuos betún; esta es especie muy original; se creen una categoría, presuntuosos, echándolas siempre de grandes y de nobles… Con frecuencia tienen un amigo que les da realce y tono; este amigo hace el oficio de los cepillos. . .

El hombre lima, armado de los agudísimos dientes de la envidia, ocupado constantemente en rozar, morder y roer la honra del prójimo, mermando y hasta destruyendo las más sólidas y bien sentadas reputaciones, unas veces por medio del estrépito y del escándalo, y otras hipócrita y silenciosamente, como la lima sorda, cubierta de plomo para evitar el ruido. . .

El hombre tenaza, agarrado, ruin, tacaño, cicatero que no suelta lo que atrapa, y que al fin, o saca el clavo o lo deja sin cabeza.

El hombre pata de cabra, variedad que presenta especial parentesco con el demonio. Se entrega al feo vicio de la lisonja, a la rastrera y degradante adulación. . .

El hombre zapato, que no conoce la delicadeza ni la dignidad, se somete a las más bajas humillaciones, se convierte en defensor de las más reprobables conductas y encubridor de las mayores felonías. . .

El hombre chanco es el colmo de todas las bajezas y miserias humanas; es aquél de quien decimos: no llega a la suela de mi zapato…

( La mesa del zapatero: J. López Martín) Las Palmas, Marzo de 1899. Publicado en el diario España , Abril de 1899 y editado en 1926 por José González Rodríguez en PRO CULTURA   Volumen II.

Aún no habían perdido el penetrante olor de las tracas y voladores los alrededores de la emparrandada Plaza de Santiago en la mañana del 27 de Julio de 1907, festividad de San Cristóbal y tercera de las patronales desde que en Julio de 1793 se creara la Hermandad de Caridad para honra del Santo Apóstol.. Una mañana aquella de tempranero ajetreo, con tufillo de carburo y rezongos de turroneras y feriantes, de mercadillo y chirriar de botines nuevos sobre los relucientes callaos, del sonoro esquilón llamando a las misas primeras entre el alboroto alocado de los pájaros sobre las ramas, las primeras también, de los jóvenes y hermosos laureles de Indias..Mañana de sol tibio y de fiesta grande todavía, de soledades y surcos vacíos de trigales y amapolas. . . Mas, de pronto, a los caminos que llevan y traen por los cuatro puntos cardinales, les crecieron silencios premonitorios..Y titiritaron las torres de Santiago cuando su bronce mayor, el de la voz ronca, le puso alas a su fúnebre poemario..¡Con que frescura le llueven a la frondosa alameda los tan bien sabidos versos!: “Campana de mi lugar / tú me quieres bien de veras / cantaste cuando nací / llorarás cuando me muera “!.. De una calle a otra calle, iba con prisa la noticia: ¡Ha muerto el Deán López Martín!..

Era Lunes aquel 27 de Julio de 1907. Y celebraba la Corporación Municipal su acostumbrada Sesión plenaria cuando el Alcalde Rodríguez Bethencourt, con sentida emoción, daba cuenta del fallecimiento, a las nueve de la mañana y en su casa de la Plaza de Santo Domingo, de don José López Martín, “ hijo ilustre de Gáldar, gloria de Gran Canaria, primera figura del clero y de la diócesis “.

Antes de concluir la interrumpida Sesión, los ediles galdenses acordaron unánimemente colocar su retrato en la magna sala consistorial y darle su nombre a una de las vías principales de la ciudad… Sin embargo, como en otras tantas ocasiones, a ninguno de los acuerdos se le dio inmediato cumplimiento… Del retrato nada más se supo..De la calle, aunque en 1925 alguien recordó el compromiso incumplido y para subsanar el injusto olvido se señaló al antiguo pasaje denominado Siete por el trazado de su travesía, no será hasta bien avanzada la pasada centuria en que nuestro preclaro ciudadano ocupe línea en el Callejero Municipal…Hoy, el nombre del Deán López Martín rotula una calle en el popular barrio de San Isidro, “ aquella que la chiquillería llamaba de las gallinas en razón de cierto corral de puertas abiertas y paso libre para sus avispadas y escandalosas inquilinas”.

Vino al mundo el insigne sacerdote el 4 de Abril de 1854, en el humilde hogar que, en El Burrero, en la misma cuesta del camino real que orillea la antiquísima ermita de San Sebastián entre huertas de frutales y malvasía, compartían José Dolores López y López, nacido en La Cantera, y  María Bibiana Martín Mireles, la buena mujer oriunda de Guía..Llevado a la pila bautismal por su madrina y tía María Dolores Martín, recibió las aguas con el nombre de José Dolores el día cinco del mismo mes y de manos del beneficiado don  Mateo López del Valle.

Confirmado el 11 de Septiembre de 1859 por el obispo fray Joaquín Lluch y Garriga, de grata memoria en Gáldar por el valimiento que dispensó a la iglesia del Señor Santiago, el futuro ministro del altar, vivió una apacible niñez simultaneada entre las clases del párroco Pedro Regalado Hernández, en unas dependencias de la iglesia parroquial, y las que impartía el polifacético maestro de primeras letras venido de Santa Brígida, don Francisco Antonio Guillén del Toro, que hizo casa en la calle de la Barbada y fuera padre del inefable Francisco Guillén Morales.

Desde niño apuntaba el Deán López Martín las condiciones del fornido atleta que sería pocos años después. Aficionado a la lucha canaria, llegó a dominar de tal manera el arte autóctono, que cuando con doce años inicia los estudios en el Seminario tenía ya ganada la fama de temible “ pollo “ en toda clase de terreros. Y se cuenta que ordenado de sacerdote, en más de una ocasión se despojó de la sotana para “pegar junto a los que formaban la célebre pila de Gáldar”, motivo por el que popularmente se le llamara también “ el cura luchador”.

No quisiera continuar sin hacer aquí un emotivo aparte y traer al conocimiento del lector, por la leal amistad que me profesó y su docto escribir, la figura sin igual del que fuera Cronista de Gáldar y de Gran Canaria, don Francisco Pérez García, Martín Moreno, recientemente desaparecido…A su amena maestría se debe una de las más completas biografías del Deán López Martín, recogida en la serie dominical Siesta de Memorias con el título de Gloria y grandeza del < cura – luchador >.

Había superado el entonces seminarista, no sin dificultad, el primer curso de la carrera (1865- 66) cuando una de las típicas enfermedades de la época le impide iniciar el curso siguiente… Fuera tifus o meningitis, como también se dijo, lo cierto es que los sanos aires de Los Llanos, siempre saturados de mar, fueron providenciales en el restablecimiento del joven aprendiz de cura... De tal manera hubo transformación de las facultades intelectivas, que vuelto al Seminario en el curso 67 – 68, le puso techo a las más altas notas de calificación vigentes en aquellos entonces para asombro de compañeros y profesores…Y apenas rebasados los cuatro cursos de latín fue nombrado para impartir las clases de primero, luego de segundo curso y sin acabar la carrera era encargado ya de la enseñanza de griego, hebreo, oratoria sagrada y Teología.

La prematura muerte del esposo, obliga a María Bibiana Martín a dejar los trabajos de jornalera y trasladarse a Las Palmas en unión de sus dos hijas y del otro hijo varón, llamado Juan…Este ingresaría también en el Seminario, aprobando con muy buenas notas varios cursos pero sin llegar a concluir la carrera de eclesiástico. Durante años no fueron muchas las noticias que sobre su existencia llegaron a Gáldar. Sin embargo, parece ser que se estableció en Tenerife y que uno de sus descendientes fue el conocido catedrático don Juan Marichal.

Puso casa doña María Bibiana, primero en el barrio de Arenales, Fuera de la Portada, siendo parroquiana de San Bernardo y ganando el pan de los suyos con su trabajo en menesteres domésticos. Después, hasta su muerte, vivió en San Agustín, en un inmueble de la calle Audiencia.

No permaneció ajeno el seminarista a las penurias del hogar familiar, acarreadas por la temprana ausencia del padre. Así, durante los periodos vacacionales trabajó en los más variados trabajos como simple peón, ayudando en alguna medida al mantenimiento de su madre y hermanas.

En 1879, el mismo año en que tomaba posesión de la Diócesis del Rubicón y Canarias, don José P. Pozuelo y Herrero, ordenaba de sacerdote a José Dolores López Martín. Muy pronto, sin siquiera abandonar el Seminario y habiendo acabado ya el doctorado en Derecho Canónigo, el eximio paisano era nombrado beneficiado, y a renglón seguido, gozaba la dignidad de canónigo. Cuando en Agosto de 1890 el activo prelado era trasladado a Segovia, el Cabildo Catedralicio nombró Vicario Capitular al sacerdote galdense que apenas contaba una treintena de años.

Todavía sin arribar a la Isla el nuevo obispo, don José Cueto y Díez de la Masa, el cántabro dominico cuya vida ejemplar haya merecido proceso de beatificación, López Martín fue designado Gobernador Eclesiástico del Obispado, accediendo luego al arciprestazgo y prefecto de estudios antes de desempeñar el cargo de Deán de la Santa Iglesia Catedral.

Desde que éramos niño hemos oído decir a muchos de nuestros mayores que el Deán López Martín “tenía hechuras de obispo “. Posiblemente el popular rumor tuvo su origen en cierta anécdota en la que una vez más fue protagonista el profundo afecto que el prelado de la diócesis profesó al sacerdote de Gáldar...Y cuentan que encontrándose enfermo el Padre Cueto en los momentos en que debía cumplir la visita “ad Limina” comisionó para sustituirle a don José López Martín, que puso rumbo a Roma el 9 de Mayo de 1893 en el barco Hespérides y acompañado por el párroco de San Francisco, don Francisco Vega y Lorenzo.

Había movido al avieso fray José Cueto la designación de don José López, el oculto deseo o esperanza de que una vez en la presencia papal, no le pasarían desapercibidas a León XIII las extraordinarias cualidades del nuncio canario y le recompensaría con la Mitra..Sin embargo, salvo palabras amables y de bendiciones, no trajo otra cosa la embajada canaria para desencanto del buen Pastor dominico.

Estaba dotado el Deán López Martín de una voz con privilegiado timbre para el canto y la declamación, de la que fue un verdadero maestro y tanta fama le diera como orador sagrado y profano, solicitado en todas las parroquias de las Islas, deseosas de escuchar su verbo profundamente emotivo desde la más refinada erudición.

Viajero incansable, recorrió varios países en detenido estudio de sus culturas que aumentaron considerablemente sus propios conocimientos, estando en posesión de meritorios reconocimientos y condecoraciones, destacando la medalla de mérito por la singular cooperación a las solemnes fiestas religiosas que le concediera el Papa León XIII.

Hombre abierto a todos los círculos, contó entre sus amigos a destacadas personalidades del arte, las letras y las ciencias, especialmente el insigne don Marcelino Menéndez y Pelayo, con quien mantuvo una fluida y afectuosa correspondencia.

Dentro de las Islas, el Deán López Martín fue miembro asiduo de conferencias, certámenes literarios y mantenedor de Juegos Florales, como ocurriera en La Orotava en 1901, siendo el ganador de la flor natural el poeta nacido en Arrecife, don Antonio Zerolo, quien a su muerte le dedicara un hermoso soneto.

Quien fuera un “fornido bregador en todos los terreros de la vida “ caía vencido por la diabetes el día 27 de Julio de 1907, en su casa de la Plaza de Santo Domingo y cumplidos apenas los cincuenta y tres años.

A la memoria del Dr. López Martín

¡Salve, muerto inmortal!

(Benot)

 

Detrás del ataúd que contenía

Tus despojos mortales, caminaba

Todo el pueblo canario, que lloraba

Y tu santa memoria bendecía.

 

Hizo bien ese pueblo; en ti perdía

Al genio literario que creaba,

Al sabio que verdades demostraba

Y al pastor que los fieles dirigía.

 

¡Ay! yo también evoco tu figura

Y cuando voy mis versos a ofrecerte

En llanto se desborda mi amargura.

 

¿Cómo puede caer varón tan fuerte?

¿Caer?...¡Ah! no, que brillas en la altura,

Más allá de los reinos de la muerte.

Antonio Zerolo

3 de agosto de 1907.

Sebastián Monzón Suárez

 

Actualizado el Sábado, 17 Enero 2015 15:21

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