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María la de las Cabras.

María la de las cabras o la de Guayedra. Así era conocida cariñosamente en La Aldea entera. Su nombre es María Bartola Montesdeoca Álamo. Tenía sesenta y cinco años cuando se comenzó a realizar el trabajo; tuvo tres hijos, dos varones y una hembra, dos son guardias civiles, cosa que a María no le gustaba mucho y otro es labrador. Se puede comprobar que se han alejado mucho del oficio de su madre. Ninguno quiso seguir los pasos de la misma. Además contaba con cuatro nietos, tres hembras y un varón. María era mi vecina.

Su familia

La madre de María, que aún vive, se llama María de la Concepción Álamo Hernández y tiene ochenta y nueve años. Nació en El Risco. También era pastora. Llegó a tener doce vacas y tres o cuatro cabras. Las tenía donde ahora está la potabilizadora. Aparte de María tiene otra hija más, la única que heredó el oficio de pastora fue ella.

El padre de María, José Montesdeoca Viera, también fue pastor y capataz de obras, aparte de carpintero. Era amañado para todo. Dicen que  amaestro José (así le conocían en La Aldea, en El Risco, en Agaete… se puede decir que en todo la isla de Gran Canaria) le traían escopetas para que las arreglara porque era un buen artesano. El horno que está en la casa del Barranco de La Palma lo hizo maestro José, y los árboles que están plantados por encima de la casa también los plantó él, al igual que un estanque, que aún existe y que está situado en el barranquillo. Este estanque se utilizaba para recoger el agua de la lluvia. Los terrenos, hoy en día abandonados por debajo de la carretera, eran plantados por la familia y las ganancias eran compartidas a medias con los propietarios. Tanto su mujer como su hija María dicen que era amañado para todo.

 En qué trabajó antes

María estuvo viviendo en El Risco y en el Barranco de La Palma. A los quince años se vino para La Aldea y fue a vivir a El Roque.

Su hija Teresita cuenta que su madre era más conocida en Agaete que el Canarias 7. Dice que todas las montañas del Barranco de La Palma y alrededores se “as andó” con su garrote.

María nos contaba que cuando vivían en el Barranco de La Palma la gente paraba en su casa para beber agua e incluso en algunas ocasiones para comer. Todo esto fue cuando se estaba haciendo la carretera de La Aldea al Risco. Cuando vivíamos en el Barranco La Palma la gente paraba en mi casa a beber agua y alguno hasta pa’ comé.

María plantó tomateros en La Rosa, en La Hoya, en las Cuarterías de Velázquez  y tenía unas pocas cabras. Al cabo de unos años abandonó la agricultura para dedicarse única y exclusivamente a la ganadería, a las cabras. En primer lugar, las tenía en el Lomo del Pino, en lo de los Rodríguez,  y cuando pudo compró un terreno en La Hoya del Viejo, donde hizo un corral que todavía hoy existe.

¿Qué decía María de sus cabras?

María decía que es muy difícil ser pastora porque a cada rato tienes que salir corriendo detrás de las cabras. Le tenía nombre a todas; por ejemplo:Margarita, Pepa, Feliciano, Ambrosio, Rita María, María Teresa, etc. A todos los machos los llamaba Perico. Cuando llamaba a las cabras por su nombre venían, y sobre todo la Rita María, que era una de sus mejores cabras, su preferida.

Ella no las miraba como animales sino como personas. Las cabras pa´ mí no son animales, son como nosotros y sobre to´ la Rita María , esa la llamaba y venía. Tenía cabras Holandesas que eran blancas, del país que son Rusias, Berrendas y Negras, Majoreras son Rusias y también tenía mochas, sin cuernos.

Hay varias razas de cabras como son: La Pipana, La Berrenda, La Culeta, Negra, Blanca, etc. María decía: Yo les echaba de comer yerba, millo y las soltaba para que comieran yerbas. Las mejores yerbas son los cardos, pelinchones, pavoneras, treo, etc.

El mejor perro de La Aldea lo tenía María. Eso lo decía todo el mundo. Se llamaba Arrogante. Era una mezcla del perro de la tierra con perro policía. Este perro conducía a las cabras desde el Barranco hasta la Hoya del Viejo donde todavía está el corral.

El perro lo tuve unos doce años. Yo no lo enseñaba siempre: he dicho que el que era trabajador no era menester decirle por donde tira el sacho. También tuve otro que se llamaba Mallorquina, que duró por lo menos siete años. Este, pa´ no ir a ca´ rato al ganado, se quedaba sentao a onde estaba el ganao hasta que yo le dijera que las metiera en el corral.

 ¿Cuál era su trabajo en el ganado?

María se levantaba a las dos de la mañana para ir a ordeñar a las doscientas  cabras que tenía. Hay que destacar que las ordeñaba ella sola y, cuando eran las seis de la mañana, ya tenía ordeñadas dos lecheras de cuarenta litros cada una y luego otra más. En total sacaba ciento veinte litros de leche diariamente. A las dos estaba en pie pa´ ir a ordeñar a las cabras. Cuando daban las seis ya tenía dos lecheras llenas, y ya después llenaba la otra. María también hacía quesos para luego venderlos. Ya de último le vendía la leche a la quesería, y los últimos años, en los que su enfermedad estaba más pronunciada, hacía quesos para sus nietos a los que les encantaba. Nos decía que las cabras que más leche dan son Las Holandesas.

María soltaba las cabras a las doce del mediodía, después de echarle la ración de millo, y por las tardes las soltaba y las llevaba a las fincas que tenía arrendadas.

Cuando las cabras parían los baifillos se los daba a la gente que le arrendaba las suertes (fincas que tenían mucha hierba y no estaban plantadas), donde ella llevaba a las cabras a comer, a cambio de algo de comida.

María le ponía cencerras a todas sus cabras y a todas las conocía por el sonido distinto de cada una de ellas. Nos contó una anécdota sobre los sonidos de las cencerras y es que una vez le robaron todas del ganado en una noche, o sea, que le robaron doscientas cencerras. Me gusta ponerle cencerras a las cabras, así sé dónde están. Sabe usted que una vez llegué al corral y mi ganao no tenía ni un cencerro y supe enseguía quién fue, y por la tarde lo vi y le dije que la gente no es boba, que ya sabía que fue él. Sí, señora, me las quitó toas, y le dije que si quería cencerras que las comprara como yo. Me acuerdo cuando iba a Guía a comprar las cencerras, ca´ una me valía 2500 pesetas.

En los corrales tenía las cabras separadas según el tamaño y las edades.

María tenía una enfermedad en los huesos llamada Poliositis(deformación de los huesos) pero esto no le impidió seguir yendo a ver todos los días a sus queridas y apreciadas cabras. Murió después de haber estado muchas veces ingresada, aunque después volvía a su casa por su propio pie, pero un día la grave enfermedad que padecía pudo más que ella y no la superó. En la clínica le decía a su hija: ya no veré más La Aldea , Teresita, no volveré. Palabras muy dolorosas y mucho más cuando provienen de una mujer fuerte, con un gran carácter y que nunca necesitó a nadie para realizar su trabajo. Así llegó el día  veintiuno de febrero de 2005, un día fatídico para todos, día lluvioso y triste, María nos dejó para siempre. Tuvo en su entierro un buen acompañamiento. No faltó ninguno de los pastores de la comarca. Hay que decir y destacar que nunca perdió su humor ni siquiera en los momentos más críticos. Este pequeño trabajo de investigación lo hice estando María en vida, hace unos cinco años  y lo he vuelto a recomponer cuando acabo de terminar el bachillerato. Con María solo en el recuerdo.

¿Hay duda sobre quién es María la de las cabras?

Quien lea esta pequeña semblaza de un personaje de mi barrio sabrá que María era una persona muy curiosa, una pastora, porque siempre tenemos la idea del pastor con su garrote y perro. La mujer, por qué no… también puede ser pastora. La duda la tengo yo ahora: ¿y… por qué, que tantos homenajes hacen a las mujeres en los días señalados, no se han acordado de mi vecina María? Es la conclusión o el resumen de todo esto.

 Agradecimientos

 Quiero agradecer a María, aunque ya no pueda ver este pequeño trabajo en su nombre, por su afecto e interés, por facilitarme la historia de su vida cuando toqué un día en la puerta de su casa y me recibió con los brazos abiertos. También a su hija “Tere”, que igualmente se ha preocupado muchísimo por ayudarme con este trabajo después de que su madre muriera. Muchísimas gracias, me llevo unos recuerdos muy bonitos al igual que muchos conocimientos que desconocía.

Autora.  

Oneida Armas González. Alumna del IES La Aldea, 2º Bachillerato, BCL

Profesores coordinadores.

José Miguel Perera Santana (Lengua y Literatura C.)

Francisco Suárez Moreno. (C. S. Geografía e Historia)

 

Actualizado el Jueves, 29 Enero 2015 15:59

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