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Hacen falta más manos

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En nuestra ciudad, en el colegio de tus hijos o hijas, en tu comunidad de vecinos... a tu alrededor, puede que haya gente que lo está pasando muy mal y que ni siquiera puede acceder a algo tan básico como un plato caliente de comida al día. Por eso, es fundamental el papel de los comedores sociales y la ayuda que reciben de todas las personas voluntarias que dedican una parte de su tiempo a ayudar a los demás.

Tuve la oportunidad de escuchar miradas y sentir sus corazones, personas reconfortadas por tener un plato de comida caliente y unas personas que los tratan como seres humanos.

Ellos arrastran historias y sueños y nosotros queremos escucharlos.

La  crisis económica ha provocado que el nivel adquisitivo de muchas familias se haya reducido sustancialmente, llevándolas a situaciones extremas y hasta quedándose sin recursos para poder alimentarse. Si hace unos años el perfil más recurrente en los comedores sociales era el del inmigrante sin recursos y el del sin techo, excluido de la economía y de la sociedad, hoy en día, el más repetido es el de la persona  de mediana edad que se ha quedado sin empleo, como  explican las hermanas de la Caridad de San Vicente Paúl, Sor  María del Carmen, responsable del servicio comedor, me habla de que la única bandera que ondea y el único idioma que une en el comedor es la de la Solidaridad.

Los alimentos más demandados son leche, azúcar, aceite, legumbres secas, latas de conserva. En definitiva, cualquier producto de alto valor nutritivo y no perecedero. También hay agricultores que donan parte de su cosecha, por allí habían unas calabazas gigantes.

Llevan 28 años ofreciendo los servicios del comedor social para los más necesitados, siempre  están desbordadas ante la demanda de personas que llegan a diario para pedir una comida. Las hermanas de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y voluntarios, trabajan a destajo para poder atender a las 60 personas de más que van llegando hasta el colegio Nuestra Señora del Carmen, en la zona del parque Santa Catalina.

Las hermanas saben que los usuarios y usuarias las quieren y aprecian su labor, pero ellas son las que agradecen a la sociedad de Gran Canaria su Solidaridad y ayudas, que al fin y al cabo contribuyen y aportan lo que pueden, eso es lo que  les permite ofrecer un plato caliente a los más necesitados.

El 12 de septiembre de 1989 y dada la necesidad que en aquél momento había deciden dedicar su tiempo y poner su esfuerzo en elaborar bocadillos, hoy en día elaboran los menús, los sirven y mantienen las instalaciones de un local anexo al colegio, por el que tienen que pagar un alquiler mensual.

Muchos de los usuarios y usuarias  que necesiten el servicio de comedor, están derivados por los trabajadores sociales, como el centro Gánigo, entre otros. Una vez allí se promueve la implicación de los usuarios y usuarias en varias tareas del comedor.

Aunque no siempre la veamos, esta realidad está entre nosotros, no es difícil encontrar maneras de ayudar a que los más necesitados tengan su plato de comida caliente al día. Ya has visto que puedes hacerlo de varias maneras: bien formando parte de un comedor social, bien ayudando a una organización a conseguir alimentos básicos; según tu disponibilidad, puedes optar por una u otra (¡o ambas!). Como ves, hacen falta manos, ¿contamos con las tuyas?

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