Escrito por Infonortedigital
Domingo 12 de Septiembre de 2010

La esplendida mañana de septiembre, cayó sobre La Aldea, anunciando el sábado de reencuentro con la tradición festiva más querida de los aldeanos.

En la carretera que lleva a La Aldea, se oía el canto orgulloso del "soy aldeano señor", calentando desde el alba, el gran día de fiesta.

Abajo en la playa, se respiraba el aroma especial del Día del Charco, con la ilusión prendida en la mirada y el corazón a punto de echarse a volar. Y es que este sábado, once de septiembre, La Aldea se despertó con un anhelo en el alma, el de recibir la bendición anual del Charco.

Desde las diez de la mañana, la playa era un hervidero de gente, con los mayores preparando las mesas en el parque, y la juventud esperando en el cruce, para sacudir el cuerpo y agotar las últimas fuerzas que quedaban, después de dos días de intensa fiesta.

Cuando el sol marcó el mediodía, la Banda de Agaete llenó de música celestial el puerto, y un año más, las cestas que serían empleadas en la pesca de las lisas, las guitarras y timples, se alzaron al cielo, en esa ofrenda de vida que hace el pueblo aldeano cuando llega el día del Charco.

Se bailó hasta el muelle, con el gusto en los labios del sabor especial del Charco. Ese sabor auténtico que dio la ilusión de Jose, que a sus ocho años, estrenaba su primer terno oficial para meterse en las sagradas aguas.

El sabor que dio el orgullo de Andrea, que por fin, después de muchos años de espera, se bautizó en el Charco, acompañada de sus padres Pino y Carlos. La espera, viendo su cara, mereció la pena.

El sabor que dio las lágrimas emocionadas de Eva, que después de diez años, volvió a estar con su pueblo, el siempre añorado, once de septiembre.

Con ilusión, orgullo y emoción, se bailó en el muelle, refrescando el cuerpo con alguna zambullida en las cristalinas aguas del mar aldeano, o con el sabroso pizco de ron, o la helada cerveza, que deja a uno como nuevo, después de horas y horas de jolgorio festivo.

Cuando la Banda se tomó su merecido descanso, llegó el momento de buscar la acogedora sombra del parque Rubén Díaz, y compartir el almuerzo con la familia y amigos.

Entre ensaladilla rusa, paella y chuletas, se disfrutó de lo lindo de ese ambiente festivo que solo se encuentra en La Aldea en el día más esperado. Se venció el sueño de la tarde, con el cantar de las parrandas, que hicieron canción el sentimiento puro de los aldeanos.

El buchito de café y algún sorbito de licor de papa, dio fuerzas al corazón para afrontar, la emoción del baño deseado. Así, sonaron de nuevo los instrumentos de la banda, y se volvió a bailar con la alegría que da el saber que quedaban pocos minutos, para que el volador rompiera la quietud de la tarde, y La Aldea en peso, se tirara al Charco.

Y sonó el volador, y La Aldea se remojó, renovando su promesa anual , y cuando el sol dio paso a la luna, llegó el momento de regreso a casa, un regreso en el que los aldeanos llevaron como miel en los labios, el sabor intenso del día del Charco.

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AMPLIO REPORTAJE FOTOGRÁFICO DEL BAILE EN EL MUELLE Y EL CHARCO EN ESTE ENLACE.

Infonortedigital

12 de Septiembre de 2010

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Todos al Charco
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Objetivo cumplido
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Baile en el muelle

Y cuando el sol dio paso a la luna, llegó el momento de regreso a casa, un regreso en el que los aldeanos llevaron como miel en los labios, el sabor intenso del día del Charco.