Agaete mi pasión: Agaete 4 de junio de 1957, uno de los hallazgos más importantes de la arqueología de Canarias

El párroco D, Manuel Alonso Luján, el comisario de excavaciones arqueológicas D.  Sebastián. Jiménez, el alcalde de Agaete, D. Pedro Esparza y niños de la villa, dentro del túmulo donde se encontró el sarcófago aborigen, Junio de 1957. (Historias y personajes de Agaete)El párroco D, Manuel Alonso Luján, el comisario de excavaciones arqueológicas D.  Sebastián. Jiménez, el alcalde de Agaete, D. Pedro Esparza y niños de la villa, dentro del túmulo donde se encontró el sarcófago aborigen, Junio de 1957. (Historias y personajes de Agaete)

Empezaba a caer la tarde de aquel caluroso martes día 4 de junio de 1957, la cuadrilla bajo la dirección de Antonio Mendoza Medina, realizaba trabajos de allanamiento en los terrenos que en la actualidad ocupan el estanque conocido por "mareta de los García", frente al hotel "Puerto de Las Nieves", propiedad de los hermanos Juan y Francisco García Martín, antiguamente dentro de la hacienda denominada "Casa Fuerte de Agaete". 

El Maipéz de abajo, antes de  ser desbaratados los túmulos para ganar terrenos con destino a la construcción y agricultura. (FEDAC años treinta del siglo XX)El Maipéz de abajo, antes de  ser desbaratados los túmulos para ganar terrenos con destino a la construcción y agricultura. (FEDAC años treinta del siglo XX)

 El lugar conocido como Maipéz de abajo, es un terreno compuesto de escorias volcánicas cercano a la playa, donde los antiguos canarios que habitaban las laderas del  valle de Agaete enterraban sus muertos. 

Según las crónicas y los testigos que aun viven, habían cientos de túmulos funerarios, que fueron desapareciendo a medida que el crecimiento de las explotaciones agrícolas y las necesidades urbanísticas del Puerto de Las Nieves necesitaban los terrenos.

Los túmulos eran construcciones troncocónicas, en su interior se hacia una oquedad o cripta con la misma roca volcánica o cascajo, para depositar el cadáver, los había de hasta dos metros de altura y hasta seis metros de diámetro.

Aquella tarde de junio de 1957, la casualidad hizo que mientras los obreros desbarataban los antiguos túmulos funerarios de los aborígenes canarios, algunos con más de mil años de antigüedad, pues no había conciencia sobre el valor histórico de los mismos, con el fin de convertir la necrópolis en terrenos de cultivo de plataneras y construir un gigantesco estanque de 5.700 m2, un trabajador observó que debajo de los cascajos se veía lo que parecía un tablado de vigas de madera, lo puso en conocimiento del encargado Antonio Mendoza, que procedió a quitar las piedras, observando que debajo de los gruesos tablones había lo que parecía un tronco de madera en forma de ataúd, nada parecido a las decenas de túmulos que con anterioridad habían destruido para explanar el terreno. 

Llevados por la curiosidad y el carácter "goleor" de los culetos, o tal vez esperando encontrar un tesoro que los sacara de la miseria imperante, procedieron a destapar el sarcófago, observando en el interior restos óseos de un cuerpo humano. Sorprendidos por el hallazgo, tras discutir que hacer, decidieron parar los trabajos y ponerlo en conocimiento del alcalde, Don Pedro Esparza Martín.

Recreación de como fue encontrado el túmulo del sarcófagoRecreación de como fue encontrado el túmulo del sarcófago

El alcalde, sabedor de la importancia del hallazgo, rápidamente lo pone en conocimiento del Director provincial de excavaciones arqueológicas, D. Sebastián Jiménez Sánchez, conocedor de la zona en la que ya había excavado anteriormente. Jiménez Sánchez a la mayor brevedad se personó en Agaete, procediendo a hacerse cargo del sarcófago y demás restos encontrados, que fueron trasladados al Museo Canario de Las Palmas para su estudio y exposición.

Mientras estuvieron los restos en el lugar, todo el pueblo peregrinó "pa´ abajo a goler" como decimos los agaetenses, empezando por el párroco D. Manuel Alonso Luján que se inmortalizó en la fotografía del encabezamiento dentro del túmulo, las primeras en llegar fueron las muchachas de los cercanos almacenes de empaquetado de Don Antonio Rodríguez en la "Fontesanta" y de los Manrique en Las Nieves.

El enterramiento tenía forma circular troncocónica, el sarcófago descansaba en una cista o nicho de piedras de forma rectangular, cubierto por dieciséis vigas de madera que hacían la función de techo y sobre éstas, rocas volcánicas o cascajos conformaban el túmulo. La cista o cajón funerario  es de 2,54 metros de longitud, con anchos de 84 y 78 centímetros en la cabecera y pié respectivamente, presentando un alto de 86 centímetros. El sarcófago de estructura abarquillada recuerda a la de una piragua. Las dimensiones son; largo interior dos metros, anchos interiores de 39 a 42 centímetros. La longitud externa es de 2,39 metros, con un alto de 43 centímetros. La cabecera u orientación del féretro era al norte. Es curioso el cierre del ataúd, lo forma una tabla de unos cuatro a cinco centímetros de grosor que encajona en unos rebordes. Su cierre lo hace por la cabecera con dos punzones o clavijas de tea o madera de pino, de 12 a 14 centímetros de longitud, uno a cada lado, en tanto que por el pie del féretro queda fijada aquélla con dos punzones horizontales.

"En el interior del mismo aparecieron restos humanos de un solo individuo, pero muy deteriorados. Del cráneo se conserva una buena parte de la bóveda con el frontal muy pequeño y arcos superciliares, la mandíbula inferior presenta reabsorción alveolar en los molares del lado izquierdo. Conservaba dos dientes. Los demás huesos aparecen mutilados o deshechos. Ningún otro material de ajuar funerario fue encontrado dentro, sólo cenizas y areniscas."

06 tumulo

La empalizada o techo horizontal que cubría el cajón pétreo funerario la componían dieciséis vigas redondeadas, de unos 2 a 2,25 metros de largo, correspondientes a ramas de pino canario. Aunque la madera de este árbol de la flora autóctona es duradera, buena parte de estas vigas y aún del mismo féretro aparecen como bizcochadas. Las más sanas, al hacer en ellas una incisión, aún conservaban el clásico olor  de la tea, según los testimonios de los testigos.

El monumento tumular troncocónico, erigido con cascajos de lava, alcanzó una altura de 1,50 metros, en tanto que su ancho máximo pudo alcanzar los 2,75 metros.

A juzgar por la importancia del féretro debió pertenecer a un elevado personaje político, de rango social, suprema jerarquía religiosa o a mujer de marcada Influencia y veneración. Este tipo de féretro se considera como excepcional, pues aparte de estar completísimo, hasta el momento no se ha descubierto otro igual.

Ante la técnica constructiva de este extraño féretro y teniendo en cuenta que los aborígenes canarios carecían de especiales herramientas, sólo tahonas y hachas de mano, toscamente labradas en piedra, no conocían los metales, surge la apreciación de si ellos construían sus ataúdes y mortajas con anticipación al hecho del óbito o si por el contrario su construcción la hacían los familiares después de ocurrido el fallecimiento y de obtenida la momificación.

En algunas de las vigas de tea se apreciaron abundantes huellas de carbonización.

La antigüedad efectiva o aproximada de las maderas se dataron a través de la técnica del Carbono 14, en los Laboratorios del Seminario de Historia Primitiva del Hombre de la Universidad de Madrid, en el siglo VIII después de Cristo. Modernas dataciones lo sitúan entorno al siglo XI, más de mil años de antigüedad de éste  o ésta agaetense que al parecer debió de ser ilustre.

El valioso material  fue trasladado y se encuentra expuesto en la actualidad en el Museo Canario  de Las Palmas.

Como anécdota, el día que se los llevaron para Las Palmas, un grupo de jóvenes que pertenecían a un grupo de teatro del pueblo, entre ellos Pepe Dámaso, Pilar Cruz, el "Nene", Manolo Barroso y unos cuantos más, organizaron un duelo simulado, fueron detrás del camión que se llevaba el sarcófago con llantos, despidiéndose con agite de pañuelos en las "Chisqueras".

Este acontecimiento  fue uno de los mayores hallazgos  de carácter arqueológico de la historia de Canarias y   tuvo en vilo a la villa de Agaete en aquellos días.

Si bien lamentablemente el Maipéz de abajo desapareció bajo el cemento y los escombros, afortunadamente hoy en día contamos con el espacio del Maipéz de arriba, recuperado en buena parte, convertido en un parque arqueológico de los mejores de Canarias, con un magnifico centro de interpretación, abierto al público de martes a domingo.

Túmulos del Maipéz de arriba en la actualidad.Túmulos del Maipéz de arriba en la actualidad.


Bibliografía consultada:
Revista Historia Canaria, año 1957-01
Prensa de la época. (ULPGC)
Diario La Falange 8-06-57
 
También puedes visualizar el trabaho en formato libro digital pinchando en la siguiente imagen.
 
 

José Ramón Santana Suárez
Actualizado el Lunes, 25 Noviembre 2019 23:44 horas.

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