Agaete mi pasión: Agaete un pueblo con suerte en las grandes epidemias.

Puerto de las Nieves, finales del siglo XIX.Puerto de las Nieves, finales del siglo XIX.

Ningún interés es tan grande para la sociedad como el de la salud pública, cuando peligra la vitalidad, todos los demás intereses son secundarios.

A lo largo de los siglos las tres grandes epidemias; la fiebre amarilla, la peste, el cólera morbo, junto con otras, ahora llamadas "virus", causaron estragos en la isla. Cada cierto tiempo cabalgan de nuevo, no se libra ningún lugar, ¿o sí?
En los siglos XVI y XVII, la peste y el cólera causan estragos en las islas. Sobre el año 1.811, tenemos datos de los primeros casos de fiebre amarilla con 2.055 muertos solo en Las Palmas, una ciudad de 14.000 vecinos en la época.

En 1851, fue el cólera el que diezmó la población de Gran Canaria, en solo dos meses más de 6.000 fallecidos y un grave deterioro de la economía de la isla por el aislamiento impuesto.

El puerto de Las Nieves de Agaete,  durante siglos fue uno de los principales de las islas. Era frecuente la cuarentena de barcos en su rada por traer tripulación o pasaje con síntomas o enfermedades contagiosas. No tenemos datos de que las grandes epidemias afectarán a la población de la Villa. Sí tenemos reseñas en sentido contrario.

Antigua plaza de Andamana, hoy plaza de Tomás Morales, Agaete principios del siglo XX (archivo familia de Armas).Antigua plaza de Andamana, hoy plaza de Tomás Morales, Agaete principios del siglo XX (archivo familia de Armas).

En la epidemia de cólera que surge en la primavera del año 1851, de los 21 pueblos de Gran Canaria, solo Agaete se salvó del contagio. No sé si por intervención divina, el aire de Agaete (la tierra del vendaval, decía Mari Sánchez), por las fuertes medidas de aislamiento que tomaron las autoridades de la época o porque éramos más aseados. Lo cierto es que en los municipios limítrofes la enfermedad hizo estragos. Gáldar que contaba con 3.816 habitantes, tuvo 1.020 contagiados, un tercio de su población y 213 fallecidos. Mientras en Agaete, que contaba con 2.500 almas,  no hubo ni un solo caso.

La milagrosa salvación de Agaete en la prensa de Tenerife, 16-06-1860.La milagrosa salvación de Agaete en la prensa de Tenerife, 16-06-1860.

Las autoridades de la época impusieron duros cordones sanitarios y nadie podía entrar en la villa procedente del resto de la isla.

Agaete se convirtió en la salvación de Gáldar y otros pueblos afectados. 
Se llegaron a pactos  para suministrarles leña, carbón de nuestros montes y alimentos como; pan, arroz, azúcar y vino, dejándolos en lugares acordados de las zonas limítrofes sin ningún tipo de contacto. Por el Gobernador Civil se impuso la prohibición de alterar los precios para evitar las subidas abusivas.

El 20 de Junio da cuenta el alcalde de Agaete (al de Gáldar), don Nicolás Padrón, que el patrón del barco Esperanza acepta rebajar el precio de la leña de pino a dos y medio reales de plata el quintal y a tres menos dos cuartos el de Arinaga, puestos en la playa de Agaete.

Sobre este particular es digno de mencionarse la humanitaria disposición de muchos vecinos agaetenses que se ofrecieron a transportar la leña en sus caballerías, hasta los puntos que les fueron señalados, con el más loable altruismo.

Aunque el Ayuntamiento de Agaete ofrece llevar leña y carbón, arroz, azúcar y otros artículos indispensables, existen quejas sobre la calidad del carbón, pues se dice que lo hacen de poleo en vez de brezo y que se dobla el precio que tenía antes, puesto en las mismas casas.

(Sebastián Monzón, Gáldar: El cólera de 1851).

Se terminó por establecer puestos de venta en los puntos de control, donde se vendía carbón y leña a los vecinos de Gáldar, no sin polémicas como la de la venta de pan, ya que los panaderos de Agaete se quejaban que no vinieron a buscarlo durante tres días, contestando el alcalde de Gáldar: Al respecto se contesta no ser cierto, pues si bien acudieron los encargados de recogerlo se les negó la entrega, dicen que por ser tarde y porque debían pagar el acarreto desde Agaete al cordón de control.
El ayuntamiento de Agaete le notifica al de Gáldar que solo puede suministrar 50 libras de pan, la mitad del solicitado, que deberán recoger en los puntos establecidos a las cuatro de la tarde.

Durante los meses que duró la epidemia, el puerto de Las Nieves fue el único de la isla autorizado para el fondeo de barcos de otras procedencias, siempre lo más alejado posible de la costa, con el único fin de tomar y dejar la correspondencia y demás que se conduzca.

 La junta provincial de sanidad, con sede en Santa Cruz de Tenerife  prohibió a los pescadores faenar más allá del alcance de la vista.

El boletín oficial de Canarias, publica en agosto de 1851, la carta en que el vecino y propietario de tierras de Agaete D. Francisco de Armas, comunica la situación lamentable en que se encuentra la clase pobre de la villa, como consecuencia de no poder salir de la misma en busca de alimentos por motivos de la epidemia. Solicitando al Gobernador que medie para bajar el precio del trigo y el millo, ofreciendo el Sr. de Armas, el millo y el trigo de sus graneros a un precio inferior para obligar a su baja. Ofreciéndose en caso de que la enfermedad entre en el pueblo, traer de la capital todas las mercancías y alimentos necesarios para el socorro de los enfermos y necesitados, al mismo precio de la capital, bajo el control de las disposiciones del Gobierno Civil.

 La extremada generosidad, el desmesurado interés  de D. Francisco de Armas por los infelices de Agaete, sorprendió tanto al Gobernador, que ordenó la publicación de la carta en el Boletín Oficial, para su debida publicidad y conocimiento por todos del filantrópico gesto.

Aquel año por Real Orden, por la extremada pobreza en que quedó la población como consecuencia de la epidemia, se suspendió el cobro de la contribución en toda la isla.

Afortunadamente una vez más, inexplicablemente Agaete se libró de la epidemia, !!! que suerte vivir aquí ¡¡¡.

Por estos tiempos, nuevamente el cuarto jinete asoma la patita, afortunadamente hoy estamos más a salvo que nunca por las innovaciones médicas, higiene y mejor alimentación. 

Por si acaso, para los creyentes; ahí está el santo guerrero en la antigua entrada norte de la villa, San Sebastián, La virgen de Las Nieves en el Puerto, el Maipés y sus espíritus, todos protectores de epidemias y otras calamidades. No obstante sigan las recomendaciones médicas, que lo otro no está demostrado, es cuestión de fe...


Bibliografía:
Sebastián Monzón, Gáldar: El cólera de 1851.
Boletines Oficiales de Canarias y prensa de la época a través del portal Jable de la ULPGC.
La evolución de la población de la isla de Gran Canaria del siglo XVI al XX y sus circunstancias por Antonio Arbelo Curbelo.


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  José Ramón Santana Suárez

 

 

Actualizado el Martes, 10 Marzo 2020 01:58 horas.

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