QUICO ESPINO: “La escritura es el mecanismo que me permite adentrarme en mi propio universo”


Escribir para los niños me ha llenado la vida desde mucho antes de mi jubilación”, afirma este escritor, natural de Ingenio pero afincado desde más de treinta años en Gáldar, cuando comenzó a impartir clases como profesor de inglés en el instituto de secundaria Saulo Torón.


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Es curioso cómo en ocasiones se alían los astros para situarte en un momento concreto en un lugar específico del mundo. Es algo así como mágico, producto de una azarosa casualidad, o si se quiere, de una coincidencia tan extraña de entender como los principios de la física cuántica, al menos para los profanos en la materia como yo, pero, ciertamente, a veces sucede y precisamente ahí radica la magia.

El endiablado trajín del día me había conducido hasta la playa de Sardina. Necesitaba rabiosamente sentir cómo el viento me acariciaba el rostro y a dejarme llevar, una vez más, por el estrepitoso sonido del mar transformado, cual kafkiana materia líquida, en la anhelada pócima que me reconciliara con la vida. Y, de pronto, apareció Quico Espino caminando apaciblemente por la avenida. Mientras avanzaba, su mirada recorría el horizonte infinito del mar del norte grancanario, quizás rebuscando alguna frase entre las gastadas maderas de las barquillas o, tal vez, visualizando junto a la sombra del Teide alguna futura idea para un relato.

Fue en aquella avenida donde tuvo lugar esta improvisada entrevista; una charla que discurrió bajo la atenta mirada de las siempre curiosas gaviotas y con el suave acompañamiento musical de las olas rompiendo contra los muros del muelle.

¿Cómo se inició en el mundo de la escritura? Cuando era adolescente, me presenté a un concurso de redacción patrocinado por una empresa de bebidas en el instituto de Agüimes. Gané el primer premio: una veintena de títulos que incluían todas las obras de Shakespeare, de Federico García Lorca, Calderón de la Barca, Molière, Neruda, e incluso algunos volúmenes del teatro del absurdo de Eugène Ionesco. Fue precisamente con el director del centro por aquel entonces, el poeta Eugenio Padorno, con quien llevamos a escena ‘La cantante calva’. Yo salí al escenario vestido con una falda escocesa, ¡aquello fue un espectáculo! (risas). A partir de entonces leí una gran cantidad de obras de teatro y de poesía; eso me llevó a escribir canciones y, un tiempo después, cuentos, novelas cortas,…

¿Qué significado tiene para usted escribir? Escribir es el mecanismo que me permite adentrarme en mi propio universo, me ayuda a crearespacios donde poder encontrarme conmigo mismo. Con la escritura me sucede que tengo la sensación de que algo me impulsa, me incita a escribir, a expresar lo que sale de mí, a comunicarlo, y entonces, me siento y escribo. Yo creo en la inspiración, pero sobre todo creo que hay que ponerse, escribir algo cada día, sentarte y emprender la historia; una frase, una palabra puede ser la inspiración, te puede dar la llave para desplegar la trama, y surge entonces algo mágico que hace que te sumerjas de lleno en la escritura, abstraído del resto del mundo.

En su caso, ¿cuándo se sienta a escribir, ya sabe cómo va a terminar el texto? Bueno, yo parto de una idea, y casi siempre sé cómo voy a terminar la historia antes de comenzar a escribirla, pero lo que no sé nunca es cómo voy a llegar a ese final concreto. Ahora bien, también me ha pasado que inicio un texto sin conocer muy bien por dónde voy a salir. Con ‘El comisario desnudo’ ocurrió que encontré la trama en un sueño; en él aparecían tres grandes de la novela negra clásica como son Sam Spade, Philipp Marlowe y Kurt Wallander y, junto a ellos, surgía un cuarto personaje que no tenía rostro; les pregunté a los otros quién era, y me contestaron que se trataba de mi comisario, que aún no tenía cara porque yo no había escrito aún nada sobre él. A partir de ese sueño, comencé a escribir la novela y nació Nando Torres.

¿Escribe más ahora que ya no imparte clases en el instituto? No, curiosamente, cuando más escribí, mi etapa más prolífica, fue cuando estaba laboralmente en activo. Entonces escribí hasta una docena de cuentos para niños que posteriormente se han ido convirtiendo en libros, acompañados de buenas ilustraciones. Pero esa actividad no ha parado, ahora tengo más tiempo. De hecho, en breve se publicará otro nuevo, ‘Los niños de mar’, un conjunto de cuatro cuentos para niños de 4 a 6 años, así como otro para lectores de un poco más edad, de 10 a 12 años, que llevarán por título ‘El diablo anda suelto’, compuesto por tres cuentos de miedo. Y para finales de marzo espero tener ya en la calle una novela, ésta ya para adultos, que se titula ‘La culpa la tienes tú’.

Pero en su faceta como escritor, se ha especializado más en libros para el público infantil… Sí, cierto, es lo que más me divierte. Cuando escribo esas novelas me veo, de antemano, en las aulas llenas de niños metidos conmigo en un mundo de fantasía al que mis historias les transporta. Y yo me siento un chiquillo más con ellos.

¿Y no le resulta más difícil escribir para el lector infantil? No, todo lo contario. Además, entre los juegos que hago con los niños, se encuentra hacer teatro con los textos de mis novelas y eso me gusta mucho. La verdad es que es muy gratificante esta labor.

¿Para quién escribe Quico Espino? Para todos los públicos, pero, sin duda, muy especialmente para los niños. Escribir para ellos me ha llenado la vida desde mucho antes de mi jubilación.

También cultiva el género poético. ¿Qué es la poesía para usted? La poesía exige una elaboración más minuciosa a la hora de escribir, más elaborado a nivel formal. La métrica siempre me atrajo; se trabaja con tiempos como en la música. Casi siempre canto los poemas con rima, les pongo música. Además, creo que a través del poema, el escritor se expone más al lector que a través de la prosa.

¿Existe algún tema recurrente en su poesía? Sí, claro, el amor, la vida, la muerte, el mar, el misterio de nuestra existencia,…

¿Qué recomendaría a una persona que comienza a escribir? Leer mucho, sobre todo. Trasladarse mentalmente al lugar donde se desarrolla la trama de la que quiere hablar, situarse, y encontrarse con los personajes, verlos, sentirlos, incluso soñar con ellos, y contar luego su historia. No está de más, por otra parte, leer ensayos que le orienten, como, por ejemplo ‘El arte de la novela’, de Milan Kundera, en el que el autor ofrece pautas a la hora de afrontar un relato.

¿Qué libro debería de estar en todas las bibliotecas? Tengo una especial atracción por la novela histórica y me encanta la literatura latinoamericana. Sin duda, todas las obras de Gabriel García Márquez, con su maravilloso realismo mágico, deben contar siempre con un lugar destacado en las bibliotecas, como también, por supuesto, los clásicos de la literatura francesa, de la literatura rusa, los grandes autores ingleses, los españoles, los africanos…

¿Qué libro salvaría de ser quemado en una hoguera? Cien años de soledad, de García Márquez, y casi todos los que he leído.

Y para terminar, si pudiera elegir a un escritor para tomar un café y hablar de literatura, ¿quién sería? Sin duda, Eugenio Padorno. En una ocasión, después de ganar el concurso de redacción en el instituto, me dijo que yo tenía madera de escritor. Pasados los años, cuando le presenté mi primera novela, ‘La cueva treinta’, en la que Ingenio, el pueblo donde nací, es un personaje más, me dijo: ‘¿ves por qué te dije que tenías madera de escritor?’. Siempre se lo agradeceré.

Termino de transcribir las preguntas y sus respuestas, y lo confieso: no lo he podido evitarlo pero mientras lo hacía, en mis oídos resonaran, como extraídos de ese siempre misterioso rincón del cerebro donde descansan los recuerdos, los compases de la canción ‘How deep is your love?’, de la afamada banda británica de los 70, Bee Gees. Y, lo reconozco con total sinceridad, por momentos, sentí cómo mi memoria me transportaba hasta un pupitre rayado en un aula de secundaria.

Y es que Quico Espino fue durante 32 años profesor de inglés en el Instituto Saulo Torón de Gáldar. Cientos de galdenses aprendieron de su mano lo poco que saben del idioma extranjero. Yo fui una de esas personas.

Han pasado muchos años desde aquella canción y, sin embargo, la relación que nos une no se ha deteriorado ni un ápice; más bien al contrario, ha ido afianzándose a base de tardes de playa. Sin duda, la devoción que ambos profesamos a ese pequeño rincón del mundo que es la playa de Sardina, me ha brindado la posibilidad de ser más que una antigua alumna. Además, me declaro, como estoy segura de que se declararían muchos de los que tienen la fortuna de contar con este galdense de Ingenio en sus vidas, como una gran admiradora de Quico Espino, y no solo de su irrefrenable capacidad creadora a través de la palabra, sino también de su incombustible vitalidad, de sus explosivas ganas de vivir, de su alegre carcajada contagiosa, de su portentosa memoria y de su capacidad de convertir una tarde de verano en una copla con sabor a mar.

Quico Espino es una de esas personas a las que no hay más remedio que respetar como escritor y querer como amigo, pero sobre todo, es uno de esos seres humanos que brillan con tanta luz propia que una da las gracias al firmamento, al universo y hasta a la física cuántica, por tenerlo cerca, entonces y ahora.

Quico Espino (Ingenio, 1952)

Estudió la carrera de Filosofía y Letras (sección de Filología Inglesa), en la Universidad de La Laguna. Impartió clases de inglés en los institutos Blas Cabrera Felipe y Agustín Espinosa, en Lanzarote, y Saulo Torón, en Gáldar (Gran Canaria), donde también impartió clases de Lenguaje cinematográfico, como asignatura optativa.

Entre sus publicaciones se encuentran María Concepción (La Provincia), La cueva treinta (Ayuntamiento de Ingenio), En la puerta tengo el coche (Ayuntamiento de Gáldar), Relámpago del Sentido (antología de poemas, Infonorte), En la variedad está el sexo (antología de cuentos, Infonorte), Mujeres con ingenio, junto a Pepa Aurora, Luis Rivero y Lidia Romero (Ayuntamiento de Ingenio) y El comisario desnudo (Beginbook Ediciones, 2016).

Entre sus obras infantiles se encuentran Niñosyniñasdelatierra.net, Niños poeta de la Tierra, Los viajes de Marilú, Rubén y Diana, Karamela y Pelukín, Un mundo de aventuras, El globo de las sorpresas, y La rebelión de los elementos, todos ellos editados por la editorial ‘A toda vela’, (Maresía).

1 comentario

  • Josefa Molina Miércoles, 13 Febrero 2019 11:05 Enlace al Comentario

    Muchas gracias a Quico Espino por dejarme hacerle esta entrevista, y a los lectores de Infonorte, por leerla. Gracias!

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