En memoria y perpetuo agradecimiento a las parteras, las mujeres que hacían posible la vida

celedonitasuarezfamiliaHasta hace unos años, estas mujeres, sin titulación ninguna, con la preparación de su propia intuición y lo aprendido con otras más ancianas, suplían con su empeño y buen hacer las carencias sanitarias de los campos canarios en el momento de dar a luz; de ahí la obligación de recordar su meritoria labor, única ayuda con la que contaban las mujeres de entonces, hasta que las instituciones públicas comenzaron a superar estas deficiencias.

La partera más destacada a fines del XIX y durante el pasado siglo en Teror y toda la comarca cercana fue Celedonita Suárez.

Mª de la Concepción Celedonia Suárez Medina -hermana de mi bisabuelo Juan Mª Suárez- nació en la Cueva Gacha de El Palmar el dos de marzo de 1870, víspera del día en que la Iglesia Católica conmemora la onomástica de los mártires San Emeterio y San Celedonio. Hija de Agustín Suárez y de Mª de la Concepción Medina, su familia materna estaba caracterizada por tener siempre miembros en la clerecía de la Villa, como don Rafael, párroco de Valleseco, o don Francisco Medina, coadjutor en Teror.

Toda su vida fue conocida por su segundo nombre, Celedonita, y por la tarea a la que se dedicó desde fines del XIX y durante toda la primera mitad del siglo XX: fue la partera de El Palmar.

Celedonita casó con José Acosta Domínguez, natural de Guanchía, el veinticinco de septiembre de 1888 y procreó una extensa familia, mucho de cuyos descendientes habitan hoy en día el barrio Asistió como partera por última vez en julio de 1954 en el nacimiento de su bisnieto Orlando Ramírez Acosta y falleció al año siguiente, el cuatro de enero de 1955. A partir de entonces los nacimientos de el barrio de El Palmar, aunque había algunas mujeres bien amañadas, pasaron a las manos de otra partera del pueblo, Ciprianita Santana, que hasta el inicio de los partos en instalaciones hospitalarias continuó con tan secular tradición.

En mínimo pago a tantas décadas de callado servicio, una calle en El Palmar mantiene viva en la actualidad la memoria de Celedonia Suárez.

ciprianasuarezLa otra mujer relevante en estas tareas fue Cipriana Santana Pulido, que nació en Teror el 19 de enero de 1902, hija de Antonio Santana y de Juana Pulido; todos con raíz familiar en esta costumbre del país. Ella afirmaba que la tradición, la herencia del oficio, pesó en la decisión de dedicarse a él. También se lamentaba, ya mayor, de que “la tradición no siguiera…”

Casó con Antonio Santana Rodríguez “el Guardia”, otro popular personaje de la historia terorense y su decisión de comenzar aayudar a las mujeres de toda la comarca norteña de Gran Canaria en los difíciles momentos de dar a luz; la tomó con unos 25 años cuando un médico solicitó su ayuda. Cuando el médico llegó a la casa de la parturienta, el niño ya estaba en el mundo gracias a a Ciprianita.

En prueba de agradecimiento, el Ayuntamiento de Teror acordó en pleno de 11 de marzo de 1987 dedicarle un homenaje, que se celebró el 28 del mismo mes, y que culminó con la inauguración de una calle con su nombre en el populoso barrio de Los Llanos.

Recuerdo perfectamente el momento; la alegría de mi padre (alcalde de la Villa por entonces): y la sensación de agrado que experimenté al ver a la partera que había ayudado a traerme al mundo, recibir el agradecimiento de sus vecinos cuando todavía podía disfrutar del mismo.

En aquel año se le hicieron muchas entrevistas de las que dejó testimonios, que son hoy un patrimonio de valor incalculable de la historia terorense-

Vengo de una familia -decía- que siempre conservó este, digamos, oficio. Mis abuelos eran parteros y también mi madre. Recuerdo que cuando se presentaban varios partos, iban los tres, caminando por Tejeda y por los pueblos de donde les llamaran, recorrían las casas y, después, cada uno elegía a su parturienta. Lo curioso era que mis abuelos siempre se trataron de usted entre ellos.

Ha sido una vida rica emociones y en satisfacciones. Yo quiero con locura a todos los que ayudé a traer al mundo. Tengo, además, la satisfacción de que nunca, ni parturientas ni natalicios, se me murieron en las manos. Jamás puse un punto y no provoqué la más mínima infección, a pesar de que fueron innumerables los chiquillos que venían “de pies” o de “nalgas”.

Venían a cualquier hora desde El Zumacal, para Tejeda, para San Mateo, para Valsendero, para donde fuera. Tenían que ir caminando. Yo siempre llevaba una caña, que me hacía de bastón y un quinqué, que tenía que limpiar a cada rato porque el petróleo me lo empañaba. Muchas veces me pagaba los propios desplazamientos, cuando podía coger un coche. Mi marido, que era guardia municipal, jamás me preguntó cuánto me habían pagado por mi trabajo. Sabía que yo lo hacía por bondad y que muchas veces daba más que lo que podía recibir.

Jamás,.. nunca cobré un duro.

Llegaban a casas donde la miseria reinaba por todas partes. En algunas viviendas no tenían más que dos sábanas, por lo que había que buscar “zalea” para recoger los restos del parto y conseguir así que la madre y el niño tuvieran una cama seca para después del parto. En otras ocasiones, las madres, por el frío, no podían hacer fuerzas y, como quiera que no tenían nada en casa, no podía hacerles una taza de matalahúga o de canela. En no pocas ocasiones saqué dinero de mi bolsillo para mandar a comprar esas cosas y calentar a las parturientas.

Nunca pedí nada, pero, en cambio... era bonito ver cómo mi casa se llenaba de sacos de papas, de huevos, de gallinas, de lo único que aquella gente tenía y que me entregaban con lágrimas en los ojos, como diciéndome que era poco, pero que no podían más. De siempre he sentido el agradecimiento de esa gente, por eso mi puerta siempre está abierta. Recuerdo aquellos duros momentos, aquellas caminatas y aquellas fuerzas que hacíamos tanto la madre como yo, esperando oír el primer llanto del chiquillo, en una lucha por la vida tremenda, maravillosa. Siempre “me traje” a los críos conmigo y eso no ceso de agradecérselo a Dios y a la Virgen...”

¡Extraordinario testimonio de una mujer que tanto hizo por la vida!

Falleció el 21 de diciembre del año 2000, cuando ya tanto ella como Celedonita eran patrimonio humano, inmaterial de la Villa de Teror, de toda Gran Canaria.

José Luis Yánez Rodríguez es Cronista Oficial de Teror

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