“Yendo yo para Las Mercedes…”


Hace ya algún tiempo, una tarde de verano cuando todavía con esa inteligencia infantil que nos hacia ver que los años cargan a las personas no sólo de dolores, malos recuerdos y enfermedades sino también de una sutil sabiduría que luego por mucho que buscáramos no encontrábamos en ningún libro; yo dedicaba gran parte de mi tiempo a hablar y sobre todo escuchar lo que mi abuelo Sinesio Yánez (comerciante, político, labrador,.... y persona que gustaba de hablar solo...o conmigo) con el ligero sopor de la sobremesa me quería regalar de su bagaje de vivencias, que en eso los viejos son bastante pachorrudos.


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Esa tarde, tras mirarme unos segundos socarronamente, y con la misma parsimonia de que hacia gala en sus intervenciones como concejal de la Villa Mariana, me lanzó en tono desafiante lo siguiente:

Yendo yo para Las Mercedes, me encontré siete mujeres. Cada mujer llevaba un saco, en cada saco siete gatos: entre gatos, sacos y mujeres,…¿cuántos iban para Las Mercedes?

Hice todas las operaciones posibles: multipliqué, dividí y sumé por siete; porque, fuese la fuese la solución, tenía que estar relacionada con ese número. Ni de churro;…fallé siempre; y mi abuelo, al final, sentenció:

Nada; a tener mala idea, y a pensar, que te crees todo lo que ves”

Años más tarde comprobé que este dilema, prácticamente idéntico y de donde con toda seguridad procedía el que mi abuelo me había expuesto, aparecía en un libro de matemáticas escrito casi 800 años antes en Italia por el famoso matemático apodado Fibonacci, y que presenta en la actualidad muchas variantes: "Yendo yo para Villavieja me crucé con siete viejas…”Yendo yo para Amberes me encontré siete mujeres…”, etc

Leonardo de Pisa o Fibonacci fue un matemático, nacido en esta ciudad de la Toscana en 1170; hijo de un comerciante italiano, había permanecido algún tiempo en el norte de África y gracias a él se introdujo en Occidente el sistema de numeración posicional del mundo árabe y se sustituyó el ya por entonces poco operativo sistema romano.

Fibonacci escribió varios libros sobre matemáticas; el primero de los cuales, el “Liber Abaci”, aparecido en 1202, explicaba como utilizar la numeración hindo-arábiga en las operaciones básicas, y en el que como buen tendero dedicaba varios capítulos a aspectos prácticos del tema; así, aparecían los precios de las mercancías más comunes, la conversión de monedas, y uno en el que, con un sentido lúdico un tanto inusitado para la época, planteaba distintos problemas en cuya resolución, junto a las matemáticas, entraba casi en igual medida la mala idea, el pensamiento operativo, la segunda lectura a la realidad.

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De este libro proceden juegos como el del barquero que debe cruzar un río con un lobo, un cordero y una col; el de los conejos que se reproducen a partir de una pareja a razón de un parto al mes y que daría lugar a la creación de la famosa relación consecutiva de números conocida como “sucesión de Fibonacci”; y también otro en el que nombraba a “los siete ancianos que van a Roma. Cada uno tiene 7 mulas, cada mula tiene 7 sacos, en cada saco hay 7 panes, en cada pan hay 7 cuchillos y cada cuchillo tiene 7 dientes. ¿Cuál es la suma de todo lo anteriormente nombrado?”

Quizá, también es de destacar cómo se trasladaron y canarizaron estos problemas de lógica.

Quizá la aportación más importantes de Fibonacci al mundo de las matemáticas junto a la introducción de los números árabes o su famosa sucesión, fue el de que hizo ver que a ellas nos podemos acercar desde la diversión, desde el placer del juego y del sano ejercicio del pensar, del doble pensar, del volver a echar una mirada a esa realidad que nos parece tan fiable pero a veces puede tener un leve truco que a primera vista no se aprecia.

a533945d a290 4a0a 8054 22ba06ebb07dHace unos años, en una de mis clases, aplicando la práctica de la multiplicación, marqué, casi por inercia, unos ejercicios que ya traía el libro. Esperé, y tras un tiempo prudencial, comenzamos la corrección en la pizarra.

El primero de estos ejercicios exponía la situación de una ama de casa que se veía obligada a comprar apresuradamente para aprovechar una oferta de cereales, de esos de los que ahora les damos a los que se nos quejan de la acidez de estómago que deja el gofio. El problema era de simple solución: si la atareada señora compraba 750 cajas de cereales y cada caja costaba 125 pesetas (todavía el euro no imperaba), pues se aplicaba la teoría de la suma de sumandos iguales y ya estaba…

Pero, aquí, una de mis avispadas alumnas se levanta y con toda la sinceridad del mundo me dice:

Profe, esto no tiene ninguna solución. Yo puedo hacer esa multiplicación; pero antes me tienes que explicar dos cosas: una, ¿cómo es posible que quepan 750 cajas de cereales en un carro de compra? Y si, ¿hay alguien que pueda aprovechar sin que se le lleguen a caducar los cereales de 750 cajas?”

Mi magisterio quedó automáticamente maltrecho, pero ella, en su sencilla y simple exposición, me dio una lección de catedrática. Los otros merecían por supuesto el "Progesa Adecuadamente" que poníamos entonces, y se lo ganaron,…¿pero y ella, que no contestó nada ni hizo ninguna operación? Pues también, porque progresar, lo que se dice progresar, pues había progresado. Más que el profesor, que no se había fijado en la estupidez que preguntaba.

Y a la moraleja, que ya tarda: pues eso, los juegos de pensamiento, el enfrentamiento a realidades diarias, la propia comprensión de su puesto en el mundo, el llamado pensamiento lateral, cada vez se echa más en falta a los niños de hoy. Los móviles, los juegos de internet (buenos si bien se utilizan) y una educación más preocupada por las metas a conseguir que por los caminos a recorrer dejan de lado el mandar a los chiquillos a la tienda a comprar huevos y mirando bien lo que nos devolvían; el que entiendan abiertamente que si se lleva la cabra al galán luego tienes baifos, quieras o no; y tantas cosas más que, simple y llanamente, nos ayudan a vivir.

¡Ah, ¿que cuántas mujeres, sacos y gatos iban para Las Mercedes? Pues ninguna, que si mi abuelo se las encontró cuando “IBA” es que ellas “VENÍAN” de allí.

Él me tuvo en las dudas más de un mes y ustedes sólo han tardado lo que la lectura de estas líneas.

A no ser que se hayan ido directamente a la solución del problema; que eso es síntoma de mala idea y dicen que también de inteligencia.

José Luis Yánez Rodríguez es Cronista Oficial de Teror

Fotos
Monte de Las Mercedes.
Fibonacci
Ilustración de los Siete Ancianos que van a Roma.

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