Entrevista a Elizabeth López Caballero (escritora)


Elizabeth López Caballero (Las Palmas, 1985) estudió Magisterio de la especialidad de Audición y Lenguaje y de Educación Especial. Realizó un Máster en Mediación Familiar y de Conflictos y se dedica a la docencia. Actualmente cursa el Grado de Psicología Clínica y de la Salud y preside la Asociación Contra el Acoso Escolar de Las Palmas (ACAELP). Es colaboradora en el periódico La Provincia de Prensa Ibérica y cuenta con las siguientes publicaciones literarias: La niña de la luna (Mercurio Editorial, 2018). Cuentos que cuentan (Mercurio Editorial, 2018). La lección del señor Ponozky (Mercurio Editorial, 2019) y Las caricias que no me diste (Mercurio Editorial, 2020).


ElizabethBuenos días, Elizabeth:

Cuénteme, ¿desde cuándo nace su pasión por las letras?

Sé que sonará a tópico pero desde siempre me ha apasionado la lectura y la escritura. Desde muy pequeña descubrí que, tanto leer como escribir, eran la vía de escape para huir de todas las cosas que no me gustaban en el mundo (que eran muchas) y, así, cuando estaba triste o cuando sucedía algo en mi entorno que mi mente infantil no conseguía procesar, pues leía.

No solo escribe, sino que, además es una lectora voraz. ¿Se decanta por algún género?

Me considero una lectora muy eclética. Puedo leer desde un ensayo hasta un cómic. Pero sí que reconozco que tengo cierta predilección por la novela negra y por la literatura juvenil. La primera me evade por completo de la realidad y, además, crea ese efecto de “hormiguitas en el estómago” por la intriga y el deseo de descubrir quién es el “malo”. La segunda, me ayuda a tener un buen repertorio de recomendaciones literarias que hacerles a los menores con los que trabajo. Además, me mantiene conectada a mi niña interior.

¿Tiene un autor, o varios autores, de referencia?

Pues… me gustan mucho los clásicos: Galdós, Valle-Inclán, Lorca… Algunos de mis libros favoritos son El amigo Manso (Galdós), La casa de Bernarda Alba (Lorca), Luces de bohemia (Valle-Inclán) o El conde Lucanor (Don Juan Manuel), he de reconocer que este último me fascina. Además soy una gran fan de toda la obra de Unamuno. Pero, acercándonos más a la actualidad, me gusta mucho la literatura de Alonso Cueto, de José Luis Correa o de Alejandro Palomas. Pero, vamos, que por leer, te leo de todo.

Desnude un poco su alma para nuestros lectores, ¿cuál es el mejor recuerdo que tiene en relación con la escritura? ¿Y con la lectura?

El mejor recuerdo que tengo con la escritura es el hecho de haber podido tener la oportunidad de publicar y de contar con un editor Jorge Liria (Mercurio Editorial), que apuesta por mí y confía en lo que escribo. Estoy muy agradecida. Otro de los recuerdos bonitos fue el día que Antonio Cacereño, Director de La Provincia, me comunicó que empezaría a colaborar con el diario.

La Provincia es el periódico con el que crecí. Mi padre se levantaba temprano e iba a comprar el pan y el periódico y desayunábamos juntos. Además, recuerdo que –tendría yo ocho años– me hacía dictados de las noticias que él leía para evitar que tuviese faltas de ortografía. Supongo que, esté donde esté, se sentirá un poquito orgulloso de saber que ahora publico ahí. En cuanto a la lectura, el recuerdo más curioso es el del día que me leí un libro para adultos (a escondidas) siendo demasiado pequeña para esa lectura. Me pillaron y me arrestaron. (Risas).

¿Cuántos libros ha publicado?

Cuatro. La niña de la luna, La lección del señor Ponozky, Cuentos que cuentan y Las caricias que no me diste. Todas con Mercurio Editorial.

¿Cuál es el más especial para usted?

Eso es como preguntar “¿a qué hijo quieres más?”, (risas). Pues le tengo muchísimo cariño a La niña de la luna (Mercurio Editorial, 2018). Es un libro muy tierno, para cualquier edad, que nos ayuda a sanar las heridas emocionales de la infancia.

Docente, mediadora familiar, escritora, estudiante de psicología y de lengua de signos, columnista en La Provincia, ¿de dónde saca la motivación para hacer tantas cosas y tan diferentes?

(Risas), pues no lo sé. Y me da miedo descubrir el secreto por si acaso se esfume la magia. Supongo que tengo la suerte de hacer todo lo que me apasiona y creo que no hay mayor motor en la vida que la pasión.

¿Está trabajando actualmente en algún proyecto?

Estoy escribiendo mucho, la verdad. Cosa que me alegra porque durante el confinamiento era incapaz de escribir ni la lista de la compra. Llegué a pensar que se me habían secado las palabras. Sin embargo, ahora estoy pendiente de un proyecto del que aún no puedo hablar y, sobre todo, escribiendo mucho para La Provincia. De hecho, en un par de semanas me voy a cubrir el III Festival Hispanoamericano de Escritores que se celebra en La Palma y haré entrevistas y escribiré algunos artículos sobre el evento.

Una de sus novelas, fue traducida al Braille, ¿qué significó para usted este hecho?

Concretamente dos: La niña de la luna y Las caricias que no me diste. Pues supuso y supone un enorme regalo. Abogo por la inclusión todo el tiempo. De hecho estoy estudiando lengua de signos y más adelante empezaré a aprender a leer braille. Saber que dos de mis libros llegan a más personas gracias a un método de comunicación inclusivo es fantástico. Es una sensación de “que nadie se quede atrás”.

¿Qué consejo les daría a los nuevos escritores que recién comienzan en la profesión?

Que lean. Que lean muchísimo y que lean a los clásicos, que no pasan de moda. Es necesario leer y leer para encontrar tu propia voz. Y que no se rindan aunque las primeras veces les cierren las puertas.

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