La Fundación Camilo José Cela, en los dominios de un nobel

FOTO 1 ESTATUA DE CELA EN PADRÓN

Cuando una se adentra en los dominios de un gran escritor, es inevitable sentirse totalmente cohibida y admirada y no siempre a partes iguales. Normalmente mi capacidad de admiración hacia la obra de una autora o autor suele ser bastante superior a mi capacidad para cohibirme ante un gran autor o autora, esa última capacidad anda ya muy sobrepasada desde hace años de tanto asombrarme ante la extensa creatividad de las grandes figuras de la literatura.

Sin embargo, tengo que declarar con total sinceridad que los límites de ambas capacidades, si es que en algún momento los establecí, quedaron plenamente sobrepasados cuando me adentré en los dominios de nuestro último Nobel de Literatura, Camilo José Cela y Trulock​ (1916-2002). Autor prolífico, novelista, ensayista, editor, periodista y conferenciante, su extensa producción literaria le supuso los más altos reconocimientos, desde el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1987 al Premio Cervantes en 1995 pasando por el Premio Nobel de Literatura en 1989.

La Fundación pública gallega Camilo José Cela, donde se atesoran la obra, manuscritos, colecciones privadas y recuerdos de la vida personal y literaria del autor de Mazurca para dos muertos (1983), está ubicada a escasos dos kilómetros de Padrón, donde visitábamos en la entrega anterior de ‘Las casas-museos y sus moradores literarios’, la última morada de la poeta Rosalía de Castro.

FOTO 2 AVENIDA CAMILO JOSÉ CELA

Ubicada al borde en una larga avenida que une Padrón con Iria Flavia y por la que transcurre cientos de vehículos al día, lo primero que me llamó la atención fue la maravillosa estructura románica que está justo en frente de la Fundación. Se trata de una antigua colegiata, hoy iglesia parroquial de Santa María la Mayor, una de las más antiguas de Galicia y según parece, uno de los primeros templos marianos del mundo. La bella basílica tiene, además de su belleza arquitectónica y su elevada importancia histórico-patrimonial, la estrella de estar rodeada por un cementerio en el que descansan los restos de insigne nuestro autor.

FOTO3 IGLESIA SANTA MARÍA LA MAYOR CEMENTERIO DE ADINA

Cuando visité el camposanto para presentar mis respetos al escritor gallego, no pude más que admirar no solo su extremo cuidado y limpieza sino la correcta y armónica distribución del más centenar de nichos que lo conforman, algunos de ellos vestigios de la época romana. Enseguida divisé la lápida de la tumba de la gran escritora gallega Rosalía de Castro, testigo muda del acogimiento de sus restos desde que falleciera en 1885 hasta su traslado al Panteón de los Ilustres Gallegos, en Santiago de Compostela, en 1891.

Pero por más que buscara no lograba dar con la tumba del autor de La Colmena (1951), así que, ante mi gesto contrariado, un amable señor, parece ser que el encargado de mantener el lugar en perfecto estado, me inquirió sobre a quién andaba buscando. ‘A don Camilo’, aduje. ‘Uy, pues ¿dónde va a estar? ahí bajo el olivo, atravesado, como era él’.

Efectivamente allí estaba: una loza de cemento gris donde una gastadas letras por el paso del tiempo, apenas dejaban entrever el nombre del finado. Y sí, su lápida estaba situada en dirección contraria al resto de las moradas eternas del resto de finados, es decir, atravesada ‘como era él’, descansando bajo la eterna sombra de un olivo, el árbol con el que Atenea fundara la griega Atenas.

FOTO 4. LAPIDA ESCRITOR

Me asombré ante el estado descuidado de su lápida en comparación con el resto de las tumbas, pero lo que más me llamó la atención fue que la lápida no llevara inscrito nada más que ‘Camilo José Cela Trulock. Marqués de Iria Flavia’, sin ningún otro llamado, por ejemplo, a su condición de Nobel literario, aunque sí dejando constancia de su condición de noble. Un juego de palabras que, aventuro, habrá dispuesto el mismo escritor. Lo desconozco. En todo caso, al final la muerte se encarga de llevarnos a todos al mismo lugar, donde ya no importa ni lo uno ni lo otro.

En fin, tras presentar mis respetos, me dispuse a visitar la Fundación cruzando la ancha avenida en dirección al espléndido edificio que allá por el siglo XVIII acogiera una antigua residencia de canónigos y que desde 1991 acoge la sede de la Fundación Camilo José Cela.

Entre estas paredes de piedra se hace realidad mi sueño de devolver a la tierra gallega todo cuanto me dio y que es fehaciente muestra, la inequívoca señal de que he vivido”.
Camilo José Cela

FOTO 5. FUNDACIÓN CAMILO JOSÉ CELA

El edificio, de 11.000 metros cuadrados, atesora todo un amplio compendio de riquezas literarias del escritor gallego: una biblioteca con más de 45.000 volúmenes, una pinacoteca con más de 700 pinturas originales, varias salas de exposiciones y una amplia superficie ajardinada. Alberga además la sede del Museo de Ferrocarril John Trulock, bisabuelo del escritor y constructor de la primera línea del ferrocarril de Galicia, lo que me permitió descubrir el origen no solo de la historia del ferrocarril gallego sino de la línea familiar materna del autor gallego.

El recorrido del visitante al museo está perfectamente estructurado para conocer, de forma guiada y siguiendo una pormenorizada guía cronológica, la figura y obra literaria del autor a la par que te vas asomando a cada uno de sus múltiples objetos personales: plumas, libretas de apuntes, libros, la alpargatas y la mochila con las que realizó Viaje a la Alcarria, las diversas medallas y condecoraciones recibidas en vida, entre ellas, las correspondientes al Nobel (1989), al Cervantes (1995) o al Príncipe de Asturias (1987), además de una amplía muestra de fotografías de todas las épocas vitales del autor gallego, desde su tierna infancia hasta los preludios de sus últimos días de existencia; en definitiva, todo un conjunto de objetos para cuya contemplación pausada necesitas al menos un par de horas si quieres paladear con serenidad las delicias que se te ofrece a los ojos, destacando, para mi gusto personal, la extensa biblioteca con numerosos volúmenes firmados y dedicados por otros tantos grandes de la literatura.

Foto 6. Biblioteca CJC

Foto 7. Con Rafael AlbertiAdemás de estos volúmenes destaco, sin duda, la exposición de algunos de los casi sesenta manuscritos con los que cuenta la Fundación. Allí estaban, ante mis ojos ojipláticos, de su puño y letra, el conjunto de folios en los que escribió La familia de Pascual Duarte (1942), Pabellón de reposo (1943) o Viaje a la Alcarria (1948). Unos manuscritos que se suman a los de otros grandes autores de las letras españolas que también atesora la Fundación, entre ellos, de autores como Pío Baroja, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso o Ramón Otero Pedrayo.

Recorrer esta extensa colección, a pesar de no tratarse propiamente de la casa en la que nació, vivió o falleció este grande de nuestras letras, ha supuesto para mí una de esas experiencias de difícil de descripción a través de meras palabras, a no ser que sea para dejar de manifiesto mi más absoluta convicción de la fortuna que he tenido por haber podido visitarla. Una experiencia que, sin duda, recomiendo de corazón a toda persona amante de la literatura.

En relación al autor gallego tan solo me queda una pena y es que muchos se queden con el aspecto provocador y, en ocasiones, hasta soez, del que escritor hizo gala en sus últimos años, pero hay que recordar que, en el ámbito literario, lo logró absolutamente todo.

Vaya desde aquí mi más absoluta admiración y respeto para este señor que quiso ser enterrado tal y como era, ‘atravesado’.

Para conocer más de la Fundación puede visitar este enlace: https://fundacioncela.gal/es

FOTOS: Josefa Molina y Fundación Camilo José Cela.

Actualizado el Martes, 13 Octubre 2020 09:19 horas.

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