De charla con… José Miguel Perera (III)


Y llegamos a la última entrega de la entrevista que hemos mantenido con José Miguel Perera, que siempre tiene algo que decir. Por eso la hemos dividido en tres partes. De todas formas, al final tendrá, estimado lector, un enlace donde ver las dos primeras intervenciones. Y, llegados a este punto, nos queda solamente agradecer al Doctor en Filología Hispánica y escritor, entre otros interesantes títulos, de Espíritu de campanario, la deferencia con Infonortedigital.

Pues, nada, amigos, que la disfruten.


P: Dígame que en Canarias se lee mucho.

R: Pues no sé si mucho, pero sí muchísimo más que hace unas décadas... eso es seguro. Y a pesar de lo que se diga, los jóvenes leen muchísimo más que las generaciones pasadas, que nuestras generaciones. Otra cosa es, como en todo el mundo occidental actual, qué y cómo se lee... Entonces, yo colocaría ahí el debate primero, que es parecido al de la formación. Me refiero al siguiente hecho: por estudiar más, por estudiar una carrera, por más ilustrado que se sea, ¿se va a ser, por ende, ciudadano crítico y mejor persona? Y en paralelo: ¿más horas y hojas de lectura van a implicar una mayor formación crítica y justa para la vida común y personal? En absoluto creo en una bondad genética, per se, del aprendizaje, de la enseñanza y de la lectura si no hay una ética determinada de por medio.

Siempre me cuesta empezar a escribir algo, y está en mí el mecanismo del retardo de la primera palabra

Y no olvidemos, para más inri, que las tres cosas hace décadas que dependen cada vez menos de los institutos, las universidades y los centros de formación reglada, en los que siempre se delega esta irresponsabilidad de la sociedad en general y las familias en particular, de la política oficial sometida a la economía, de los agentes sociales, de las empresas, televisiones y sus artimañas propagandísticas y biopolíticas... La respuesta negativa que doy a los dos interrogantes anteriores se remite a los hechos y a nuestra realidad cotidiana, o por lo menos a la que mi particular y cambada percepción detecta.

P: ¿Publicará pronto? ¿Qué tiene entre manos? ¿Qué tal le va con el síndrome del “folio en blanco”? ¿O acaso es un invento de escritores?

R: Siempre me cuesta empezar a escribir algo, y está en mí el mecanismo del retardo de la primera palabra, puede ser... Sin embargo, me he dado cuenta de que casi siempre es una forma de embarazarme más antes de la salida del engendro, o de la primera figura del engendro... En ocasiones son artimañas de la autoexigencia que, si se vuelven excesivas, pueden ser realmente inoperantes, lo que deriva en enfermizo y castrador. Poco a poco he ido mejorando esos "socavones", por llamarlos de alguna manera; aunque intentando no perder nunca la rigurosidad, la autocrítica en su justa medida y buena parte de aquella autoexigencia que decía.

Suelo tener entre manos a la vez, y en paralelo, dos o tres cosas de gravedad, repartiendo el día y las semanas; si bien es cierto que en ocasiones no me queda otra (por tiempo y necesidad) que centrarme en una. Y luego siempre tengo muchas ideas menores de fondo que igualmente guían buena parte de mis lecturas (también dos o tres libros a la par), que puede se queden en nada, en artículos, ensayos o en futuros libros o investigaciones... Hace pocos meses terminé un nuevo poemario, Ancho de ánimas, que empecé a comienzos de 2018 y que espero pueda salir en 2021. Además, sigo preparando más tomos de la Biblioteca Sebastián Padrón Acosta, sobre quien realicé mi tesis doctoral, particularmente una obra de teatro que dejó inédita ya casi terminada que no sé si saldrá a final de año o en el siguiente (la dichosa pandemia tiene todo en el aire). Además, sigo realizando ensayos sobre determinados poetas (canarios y no canarios) de gran interés para mí, con los que dialogo, reflexiono y me enfrento desde mi lectura personal (y que probablemente, en un futuro, acabarán formando parte de algún libro). Por último, dentro de la investigación, siempre hay varios frentes abiertos, y en los últimos tiempos ando muy metido, en buena parte junto al también escritor y amigo Miguel Pérez Alvarado, en una revisión y nueva lectura de determinados periodos y autores de la literatura canaria del siglo XX.

espiritudecampanario

P: Cuando echa un vistazo a su alrededor, ¿qué ve?

R: Yo, a pesar de las mascarillas, sigo viendo y tocando –antes que nada– muchas sonrisas y fuerzas para la esperanza, un lleno de vida, en gente cercana y no tan cercana. Y, además, veo y toco muchos llantos de dolor y hambre, de rabia y soledad, de enfermedad y temblor, de preocupación y de injusticia, de incertidumbre y de muerte... Me veo y me toco sobre aquel intentando ofrecer, en lo que pueda y como sé, mis manos... 

P: ¿Cómo lleva su vanidad literaria? ¿La tiene a buen recaudo?

R: Todos tenemos, como personas, nuestro corazoncito; y entiendo que a uno siempre le gusta que le digan cosas buenas, en este caso que te digan que algo a lo que has dedicado tu tiempo y esfuerzo ha parecido de interés, o ha hecho reflexionar (pudiera ser esta propia entrevista, por ejemplo). Y yo siempre lo agradezco. Pero ya está: soy una persona más como otras que dedica su tiempo a estas cuestiones porque le gusta o le va la vida en ello, como habrá otras que prefieran dedicarlo a otros menesteres. Parto de

ojalá todos los seres del mundo puedan vivir cada día con el estómago servido y la sonrisa en la boca…

que mis intereses, críticos y creativos, no son compartidos por una mayoría social, y menos los poéticos; y en los círculos reducidos de la literatura no aspiro tampoco a formar parte de cualquier grupo donde no me sienta cómodo, aunque me vendan el Paraíso terrenal o celestial. Iniciativas que ayuden a difundir nuestra perspectiva y nuestra obra siempre son bienvenidas, pero no a un precio que vaya contra los principios éticos y humanos en los que creemos. Yo estoy en esto por lo que estoy, tal y como ya he explicado más arriba.

P: Dígame un sueño y una reflexión.

R: El sueño es el mismo que cuando era adolescente, el mismo de cada mañana: ojalá todos los seres del mundo puedan vivir cada día con el estómago servido y la sonrisa en la boca… Y la reflexión sería: como sé que lo anterior es imposible, por eso es que me dedico a ello en mis pequeñas labores, como mota de polvo en el huracán sin freno. Me apropio del amigo Silvio y digo que “he preferido hablar de cosas imposibles, / porque de lo posible se sabe demasiado”.


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