Un hidalgo de La Mancha y su autor, Miguel de Cervantes

01Casa museo Cervantes Portada

En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante”
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.

Vale, lo reconozco, y casi me avergüenza hacerlo, pero la casa dedicada a la figura del mayor buque insignia de la literatura española y, sin duda, uno de los principales de la literatura universal, no la visité hasta hará ahora unos seis años. ¡Once años viviendo en Madrid y visito la casa del autor de El Quijote cuando ya había regresado a mis islas afortunadas diez años atrás! Y no es que no conociera la bella ciudad de Alcalá de Henares ya que había paseado por sus calles en varias ocasiones pero por motivos diferentes a visitar la casa-museo dedicada a Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). Lo sé: no tengo perdón. En fin, espero resarcir mi falta escribiendo sobre ella en esta nueva entrega de ‘Las Casas-museos y sus moradores literarios. Un recorrido personal’.

01Cervantes

La considerada como la casa donde Miguel de Cervantes nació y pasó sus primeros años de vida se encuentra ubicada en el esplazamiento en el que periodista, ensayista y especialista cervantino Luis Astrana Marín, situó la vivienda familiar de los Cervantes. El autor de ‘Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra’ ubicó, allá por el año 1948, el inmueble de nacimiento de nuestro ilustre don Miguel en el casco histórico de Alcalá de Henares, contiguo al Hospital de Antezana, donde trabajó el padre del escritor, Rodrigo de Cervantes.

A raíz de esta ubicación, el Ayuntamiento de Alcalá de Henares adquirió la finca en 1954 para cederla al Ministerio de Educación Nacional. Dos años después, la vivienda fue inaugurada como “museo y biblioteca cervantina” tras ser sometida a una profunda reconstrucción del inmueble original, claro está, dotándolo de diversas estancias, así como de un jardín y una nueva vía de acceso por la calle Mayor. En 1985 fue transferida a la Comunidad de Madrid que, entre 1997 y 2003, la reformó conservando las partes originales. En definitiva, que poco tiene que ver el actual inmueble con el que pudiera haber sido la casa-natal de nuestro más insigne literato, lo que, por otro lado, no hace disminuir el interés por la misma.

2 Patio Cervantes

El edificio cuenta con un patio central en torno al cual se distribuyen un conjunto de estancias en las que se van recreando los dormitorios, salones y cocinas al uso de los siglos XVI y XVII. La planta inferior, acoge los espacios públicos y la superior, los privados. Aquí, además, están ubicadas, por un lado, una sala dedicada a El Retablo del Maese Pedro (Quijote, II, cap. XXVI) y, por otro, dos salas de exposiciones temporales, en una de las cuales se exhibían en el momento de mi visita varias ediciones cervantinas de diferentes épocas, sin duda, lo que para mí resulta más destacable del recorrido.

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Por cierto, cuando la visité, me deslumbró la maravillosa exposición colectiva que adornaba el espacio de acceso al inmueble, cubierto de libros abiertos iluminados en los que las personas visitantes podían leer diferentes fragmentos de distintos pasajes de las aventuras de nuestro loco hidalgo, una maravillosa iniciativa que invitaba, sin duda, a recrearse en una lectura pausada y amable.

De Cervantes está dicho todo así que yo, como mera lectora, poco tengo que añadir más que decir que su libro, cuya primera parte fue publicada bajo el título, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en 1605, es una de las obras más destacada de la literatura española y una de las principales de la literatura universal, además de ser, según parece, la más leída después de la Biblia. Esta primera parte contó con un notable éxito y fue traducida al inglés, sin embargo, la segunda parte del Quijote no aparecería hasta 1615, diez años después, según parece, por problemas económicos del autor y también en respuesta a la publicación del ‘Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha’, conocido el Quijote de Avellaneda.

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Se trata de una novela publicada en 1614 y firmada bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. Según el medievalista y doctor en Filología Románica, Martín de Riquer y Morera, Cervantes conocía al autor del citado Quijote, que no era otro que el compañero de armas en la batalla de Lepanto (1571), el aragonés Jerónimo de Pasamonte, a quien Cervantes convirtió en la primera parte del Quijote, en el galeote Ginés de Pasamonte, caracterizado como ladrón y embustero, y hete aquí que el tal Pasamonte escribió el segundo Quijote para vengarse. Ay, es que a la literatura, ¡la carga el diablo! También es verdad que eso de los ‘derechos de autor’ en aquella época ni estaban ni se les esperaban aunque, pensándolo bien, tampoco es que ahora estén muy bien protegidos. Pero eso es harina de otro costal.

El caso es que don Miguel publicó en 1615la segunda parte de El Quijote con numerosas alusiones y críticas a la versión de Avellaneda y hala, a correr millas literarias.

5 Placa calle Atocha

Para los curiosos que sepan que en la madrileña calle de Atocha, en el número 87, se puede contemplar la placa conmemorativa colocada con motivo del tercer centenario del Quijote, en la que se hace referencia al lugar donde estuvo la imprenta donde se imprimió en 1604 la edición príncipe de la primera parte de ‘El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha’.

Las aventuras de este ingenioso hidalgo, a través del cual Cervantes quiso plasmar una visión burlesca sobre las novelas de caballerías, están consideradas como la primera novela moderna de la literatura, ejerciendo una influencia sin parangón en la literatura escrita en prosa en Europa. ¡Y era un autor español! Ay, qué pena que no sigamos más los pasos de nuestro ilustre literato y que prefiramos más el entretenimiento vacuo de las pantallitas táctiles y las redes sociales que la pausada lectura de un libro.

Porque me atrevo a decir, a riesgo de no equivocarme, que son muy pocos los compatriotas de Cervantes los que habrán leído en su integridad los sucesos y episodios de la vida de don Quijote, más allá de sus capítulos más hiperconocidos y emblemáticos, comenzando por su mítico inicio, probablemente el inicio de cualquier novela más conocido y repetido en la historia de la literatura universal:

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.

Con todo, amable persona lectora, te invito a subirte a tu rocinante de papel y tinta y enarbolar junto a mí nuestra particular lucha contra los enormes molinos digitales, aunque nos llamen soñadoras, unas locas y tristes figuras con un libro en las manos. Porque, ¿para qué estamos aquí si no es para soñar?

Para más información pincha en este enlace

Fotos: casa-natal Cervantes

Actualizado el Lunes, 25 Enero 2021 16:05 horas.

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