Presentación del libro El Sultanato y los Jóvenes Turcos. Crónica de cien años de Arucas. Tomo cuarto (1895-1910)(*1)


Iniciamos la presentación (con una mezcla de sentimientos encontrados) del libro titulado El Sultanato y los Jóvenes Turcos. Crónica de cien años de Arucas. Tomo cuarto (1895-1910), escrito por mi queridísimo amigo Humberto Pérez Hidalgo (DEP). De alegría, porque presentar un nuevo libro es siempre una gozada: la propia de una jubilosa fiesta por el nacimiento y difusión de nuevos conocimientos. De dolor, porque su autor no está con nosotros físicamente participando y compartiendo las mieles de una fiesta que debería coronarle con los merecidos laureles por tantos desvelos y sacrificios para ver culminada su gran obra.


elsultanato

El Sultanato y los Jóvenes Turcos. Crónica de cien años de Arucas. Tomo cuarto (1895-1910) es el último de los cuatro tomos que comprende esta serie de trabajos realizados por Humberto Pérez Hidalgo (1949-2020) antes de irse definitivamente de este mundo el pasado día 25 del mes de agosto. Pérez Hidalgo, a pesar de su delicada salud, emprendió este ambicioso proyecto tan pronto como terminó de escribir y publicar en 2012, Silencios rotos. El desflorillado de la historia aruquense; dicho libro supuso una primera incursión por la historia de su municipio natal. Allí descubrió la existencia de mitos, enigmas, ocultaciones, medias verdades, fantasías y realidades (más o menos sobrevaloradas) que estaban aun sin desvelar suficientemente o se difundían de forma acrítica y sin contrastar. Con esta materia prima documental se propuso construir un nuevo relato elaborado con una metodología detectivesca mediante la cual fue aclarando y desarrollando en los tres tomos que preceden a este cuarto y último la historia reciente de nuestra localidad.

A caballo entre memorialista y cronista local, Humberto Pérez apostó por una narración escrita sobre cierta clase de acciones humanas que afectaron a un gran número de personas y a un territorio determinado, de manera formalmente similar a como concebían los antiguos griegos la historia.

En este cuarto volumen relata, en efecto, los sucesos acontecidos en Arucas durante los dieciséis años que van desde 1895 a 1910. Tiempos difíciles, qué duda cabe, pero también decisivos en la consolidación de una potente burguesía agroindustrial enriquecida con la desamortización, la venta del Mayorazgo, las riquezas traídas de América, la exportación de la cochinilla y la inversión de capitales de toda la isla para la realización de obras hidráulicas, sorribas y nuevos cultivos en terrenos hasta entonces improductivos junto a la edificación de almacenes de empaquetado e infraestructuras públicas de todo tipo. Al mismo tiempo que eso se producía, emergió una incipiente clase media y se empezó a extender el asociacionismo de los asalariados y hasta se pusieron en circulación semanarios informativos. En suma, una sociedad cada vez menos monolítica en donde un cierto pluralismo gozó de la aceptación popular de una parte y del rechazo e intolerancia por la otra parte. Cada clase social, con sus respectivos intereses, convivía con las demás en conflicto permanente (a veces consigo misma o a través de tensos consensos). Son los lógicos costes de la desigualdad extrema. La clase dominante manifestaba su talante depredador en la forma de gestionar sus rentas, su control estricto de las instituciones y enquistada endogamia en el control económico y político y el que ejercía en el seno de las propias formaciones políticas que la representaban (partido liberal-leonino y partido conservador). De otra parte, no faltaron ocasiones para escenificar frecuentes enfrentamientos interclasistas en el plano verbal y mediático, con algún que otro episodio desagradablemente violento.

Partiendo de unos cánones, musculosamente éticos y fuertemente críticos, Humberto Pérez se impuso la idea de escribir su magna obra poniendo en diálogo las fuentes documentales existentes en la parroquia de San Juan Bautista, las actas de las sesiones de la Heredad de Aguas y el Ayuntamiento de Arucas junto a las interpretaciones (no siempre neutrales) que de los acontecimientos hicieron los cuatro primeros cronistas oficiales. Se ayuda también de la bibliografía disponible, la prensa escrita y de las aportaciones de historiadores coetáneos. Consultó, además, a los historiadores canarios que han trabajado sobre los acontecimientos generales de la región sucedidos en el tránsito del siglo XIX al XX y las diversas interpretaciones historiográficas que en la actualidad han publicado sobre aquel período investigadores conocidos como Millares Cantero, Pérez García, Lobo Cabrera, Suárez Grimón, Quintana Navarro y otros cualificados autores.

Tuvo igualmente la genialidad de contextualizar lo que sucedía en Arucas, en Canarias, en España y en el mundo. Lo meramente local se suele ponderar contrastando los hechos que sucedían en el municipio con los acontecimientos que tuvieron lugar en otras partes del mundo. Pudo así descubrir coincidencias, disonancias, contrastes y anacronismos, para finalmente exponerlos en los textos del relato de forma integrada y siempre debidamente vinculados. Con lo cual el lector o lectora tiene ante sí una visión general de las cosas y puede prescindir de consultar textos de Historia complementarios para conocer realmente lo que pasaba en otras partes del mundo mientras acontecían nuestros propios avatares.

Humberto Pérez era indudablemente una buena persona y un observador perseverante, pero no lo suficientemente ingenuo para creer que las actas oficiales dicen siempre la verdad de las cosas. Partía de la base de que aportan información ciertamente significativos pero también mienten, ocultan datos o esconden matices significativos; insistía en que frecuentemente los secretarios solo recogen la “verdad oficial” del grupo dominante para maquillar los hechos en cuantas ocasiones se les presentaban (que no fueron pocas, por cierto).

Como es bien sabido, cualquier tipo de relato sobre hechos históricos relevantes consiste en desvelar e identificar la naturaleza con que se manifiesta el poder, razón por la que debe contrapesarse el sentido crítico mediante la reactivación de los saberes locales (Foucault). Pérez Hidalgo creía que el pasado, aunque esté distante en el tiempo, no es algo extraño que sucediera en un pintoresco municipio lejano o diferente al nuestro, al contrario es una pesada herencia que tiene efectos más duraderos de lo que dice la cronología, y casi siempre para mal, porque sus miasmas prosiguen contaminando el ecosistema social en donde habitan varias generaciones por ocultamiento, resentimiento, fobias y filias de diferentes tipologías e intensidad.

Los tics predemocráticos, escasamente ejemplificadores, que retrata entre 1895 y 1910 nos recuerdan que el pasado está a veces tan vivo, para bien o para mal, como lo está el presente. Y es que “nos cuesta desprendernos de todo lo que ha sido nuestro, incluso del dolor, porque el dolor, como la alegría, nos configura” (Sánchez Rosillo, 2021). Como investigador equilibrado H. Pérez se situó siempre muy lejos de ser un “profeta del pesimismo” por eso no se regodea en episodios y personajes sombríos pues estaba más interesado en descubrir lo inédito. Le gustaba encender los focos para iluminar los acontecimientos gloriosos, las grandes decisiones de interés general y reconocer a todo aquel que tuvo comportamientos dignos de ser perpetuados en la memoria escrita.

Este cuarto volumen alcanza las 1.279 páginas. Incluye 425 fotografías, centenares de cuadros estadísticos y 1.878 citas a pie de página. Por la extensión alguien pudiera preguntarse ¿Pero la historia de Arucas da para tanto? Respuesta: todo lo que aquí se dice es importante. No espere el lector que va a perder su precioso tiempo leyendo vaguedades superfluas e invectivas intrascendentes. En toda narración el autor tiene dos opciones: limitarse a una descripción exacta de lo sucedido, con el fin de construir un relato puro de los acontecimientos pasados; o que vaya más allá de esa pura narración y pretenda no sólo decir lo que sucedió, sino también, de algún modo, explicar las cosas tal como ocurrieron. Sin prescindir de lo primero, nuestro autor emprendió el camino de explicar con palabras cercanas a sus conciudadanos lo que había pasado realmente a pesar del esfuerzo que hicieron muchos por ocultarlo o maquillarlo.

El pasado no sólo sigue existiendo en el presente, en forma de documentos, vestigios y monumentos, sino también a través de ideas, instituciones y creencias heredadas que constituyen nuestro yo colectivo actual. Gracias a este recuerdo vívido podemos llegar a comprender los hechos históricos de un modo comprensible. Con el material consultado y con la importancia de los asuntos tratados difícilmente se podía hacer otra cosa que tuviese unos resultados mínimamente serios y unas conclusiones creíbles.

Trataré en este corto espacio introductorio subrayar que este libro y cada una de sus páginas son pura metralla y voy a intentar de aclararlo seguidamente. Es obvio que no resulta fácil enumerar todos los temas tratados por lo que elegiré sólo aquellos que me parecen más relevantes.

En primer lugar destacaría los asuntos más trascendentes traducidos en conflictividad, generación de pulsión y motor de la historia local. Por ejemplo, la disputa por el poder municipal donde mejor se aprecia es en la elaboración del censo de electores y la distribución de los distritos electorales. Todas las decisiones que se adoptaron en esos ámbitos fueron siempre una fuente de litigios porque alejaba de las urnas a los electores díscolos y acercaba más a los afectos. La conflictividad por esta práctica abusiva llegó a poner en peligro la unidad territorial del municipio más de una vez e, incluso, a que, en determinados momentos, se planteara en serio su segregación entre la franja costera y el interior.

En otras ocasiones, el enfrentamiento ideológico y político adquirió tonos agrios, tal fue el duelo epistolar por la cuestión del impuesto de consumo entre Ezequiel Hernández Rojas (secretario y portavoz del partido liberal) y Valentín Zamora, Francisco Ojeda y Cáceres Ferrera (partidarios o afines de los partidos conservador, republicano y federal) reflejado en las páginas de los periódicos El Diario Las Palmas y El Telégrafo. Aunque puntual, la pelea a puñetazos entre Valentín Zamora y un hijo del mencionado Ezequiel Hernández Rojas fue un asunto que entristeció a la ciudadanía, lo mismo que cuando Juan Santana Padilla fue condenado a prisión por un artículo publicado en la Voz de Arucas.

Es interesante la forma en que Pérez Hidalgo descubre las verdaderas razones que impidieron a Alfonso XII visitar Arucas durante su estancia en Gran Canaria, allá por junio de 1910. Igualmente nos describe hechos como la peligrosa costumbre de pescar con dinamita en nuestras costas; la intoxicación alimentaria; el maltrato de género; la muerte de un jornalero de una pedrada por robar higos; la abundancia de accidentes laborales; los brotes epidémicos; la abundancia de perros callejeros, la manifestación popular que termina ocupando el curato y la detención de sus cabecillas el 22-04 de 1909 por el traslado del coadjutor; las conspiraciones dentro de la propia clerecía (que algunos confunden con el furor laicista o anticlerical); el drama de los sorteos de quintos y mozos en tiempos de guerra y las manipulaciones sutiles del caciquismo para evitar que sus hijos fuesen llamados a filas; la estafa de las acciones de Puertos Francos a los ahorradores aruquenses; las oportunas iniciativas de desarrollo agrario, hidráulico e industrial de la Liga de Propietarios y Comerciantes o la del visionario Madán Uriondo (primer marqués de Arucas) con sus proyectos de crear un asilo, abrir una fuente de aguas termales e implantar una instalación hidroeléctrica.

Destaca nuestro autor, en otra parte del libro, la importancia de la Sociedad Frutera Hespérides y la entidad colectiva Juan Marrero Marrero para la exportación de fruta; la relevancia de las Azucareras de San Pedro y la Máquina de Nuestra Señora del Rosario en la producción de caña, azúcar y aguardientes; la Compañía Bilbaíno-Canariense/Compañía Anglo-Vasca inspirando proyectos ilusionantes (no consumados) de transporte por ferrocarril y producción de electricidad para el norte de la Isla; los plátanos embarcados desde el puerto de Sardina al muelle de La Luz por la familia Suárez; la empresa de vehículos modernos para pasajeros y mercancías; los prolegómenos en la construcción del nuevo templo de San Juan Bautista, sus conflictos internos y su misteriosa financiación, el abandono de la construcción del Teatro Nuevo por la Sociedad para la Cultura y el Progreso de Arucas; el papel del Heredamiento de Agua y de los restantes heredamientos de la zona en la expansión del cultivo de la platanera; el proyecto no concluido de embarcadero de El Puertillo como otra oportunidad perdida; la instalación de las congregaciones religiosas y la implantación de la enseñanza; las riñas y peleas de gallos, las carreras de caballo, los espectáculos teatrales, musicales y las luchadas en el Nuevo Teatro-Circo el Terrero y el Viejo Teatro Circo de la calle San Juan esquina a Herrería; las fiestas y las rifas. Las inclemencias meteorológicas (temporales, inundaciones, sequías y olas de calor, plagas de cigarras); la aparición del semanario El Defensor de Arucas como órgano de los republicanos, a los que se añadieron otras cabeceras como La Voz de Arucas y la Tribuna Popular; el papel de los hermanos ingenieros Orencio y Manuel Hernández Pérez en la construcción de las presas y otras iniciativas constructivas y empresariales de indudable trascendencia; la llegada a Arucas de las primeras oficinas bancarias, las primeras sociedades obreras, culturales y recreativas, las bandas de música, la visita de próceres de la política española, las artes, las letras y la economía. En fin… muchísimos asuntos imposibles de recoger aquí por razones de espacio pero que los dejo a su consideración.

Humberto y yo hablábamos casi todos los días de este libro, de la documentación consultada y de las dificultades para encontrar nuevos datos y vestigios en la hemeroteca; hablábamos también de la actualidad, de lo divino y de lo humano y, por supuesto, de los avatares de su larga enfermedad que siempre sobrellevó con valerosa entereza. En esos asuntos estábamos enredados hasta que llegó el momento fatídico, un aciago mediodía de un verano todavía indeciso. Humberto, a través de una video-llamada, conversamos animadamente más de una hora, incluso nos echamos unas risas, y al final me cuenta que su salud se ha agravado, que no puede seguir adelante y que me manda el manuscrito El Sultanato y los Jóvenes Turcos. Crónica de cien años de Arucas. Tomo cuarto (1895-1910) para que lo termine.

En casos así uno nunca termina creyéndose lo que está pasando, pero era una despedida. Un adiós para siempre. Y una gélida sacudida me produjo un dolor indescriptible que me dejó mentalmente bloqueado durante mucho tiempo. No sabría decir cuánto tiempo estuve tratando de racionalizar lo que había ocurrido. Solo sé que cuando su hija Vanesa me dio el pendrive y abrí el manuscrito lo leí con la misma pasión que los anteriores hasta encontrarme casi al final con una línea en rojo que decía “Voy por aquí” y, sin pensarlo dos veces, un impulso inconsciente o una llamada interior me hizo continuar el manuscrito hasta acabarlo definitivamente en día de hoy.

Ramón F. Díaz Hernández


1 El acto de presentación será este próximo martes 22 de junio a las 19 horas en el Centro Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Arucas.


 

Deja un comentario

Esta es la opinión de los lectores, en ningún caso la de infonortedigital.com. No se permitirán comentarios ofensivos o contrarios a las leyes españolas. Tampoco se permitirán mensajes no relacionados con el tema de la noticia.
El envío de comentarios supone la aceptación de las condiciones de uso.

volver arriba

Noticias

Municipios

Suplemento