Volver a los clásicos en el IES Guía: Edipo Rey

edipo

Nuestro mundo moderno occidental es, en muchos aspectos ,una continuación de la síntesis del mundo de Grecia y Roma clásicos. Es claro que existen otras influencias dentro de lo que hoy constituyen el grueso de los países occidentales; pero en definitiva, sin el impulso grecorromano la civilización occidental no habría alcanzado el nivel cultural que tiene hoy en día. Edipo Rey de Sófocles es una de las obras clásicas del teatro griego cuya importancia es capital para la civilización occidental. Por tanto se hace necesario aproximar estas obras a los alumnos y alumnas, puesto que leer a los clásicos es reflexionar sobre lo humano, sobre su existir en sus emociones, sobre el sentido de lo que somos. Solo quien contacta con los clásicos toma conciencia de que los miedos humanos apenas han cambiado.Por ello, y partiendo desde esta filosofía, el IES Guía acerca esta obra a los compañeros de su centro y otros  del noroeste, así como a los espectadores del Teatro Consistorial de Gáldar donde tuvo lugar su representación el pasado 14 de enero. 

Comienza pues la gran tragedia de Sófocles, la tragedia de los seres humanos a quienes la distancia de los siglos no termina nunca por apartar del dolor y del drama consustanciales a su propia humanidad. En esta tragedia se presenta a Edipo como víctima de su destino, y  por más que Edipo intente huir, no lo consigue.

El destino es incontestable. La obra no solo ayuda los alumnos y alumnas a conectar con el personaje desde dentro, con su valentía, con su amor ; a reflexionar sobre la lealtad, la compasión, a confrontar con la mentira y la traición, sino también a valorar la fuerza del destino como herencia cultural. Mirar como observadores silenciosos estas creencias culturales permite comprender muchas de nuestras ideas inamovibles respecto a la experiencia de nuestras emociones, para reconocer que las vivimos como “creemos” que debemos vivirlas. Estas ideas que el tiempo y la cultura convierten en creencias constituyen el continente de nuestra vida y, por ello, cabe decir que no son ideas que tenemos, sino ideas que somos. Un ser humano no lo es unicamente en virtud a su especie , sino que lo es en  virtud al desarrollo de su espíritu, al conocimiento que tiene de su cultura y del disfrute desinteresado de sus producciones. Este es el aprendizaje más poderoso que existe porque pierde su carácter utilitarista y capitalista, porque abre la puerta a la experiencia personal compartida desde el personaje y el auditorio.

Por eso el teatro, junto a la potencia vital de la tragedia griega, se convierte en un vehículo imprescindible para formar el espíritu y para afinar las relaciones entre la reflexión y el decir;  para pensar la virtud como parte de la naturaleza humana. Por ello y para ello, hagamos teatro; una acción comunicativa basada en el diálogo, la actividad más humana de las que existen y cuyo objetivo no es dirigirse a enseñanzas particulares sino a crear ciudadanos reflexivos y críticos. Tal y como creían los griegos.

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