“Profe… ¿mañana hay clase?"


Hace un poco más de una semana un alumno me preguntaba, “profe… ¿mañana hay clase?, ¿es que las van a suspender?, no puede ser, - me dije- tampoco está tan cerca, ni nos toca tan de lleno el dichoso covid- 19” . Justo esa tarde, se nos comunicaba oficialmente la interrupción de nuestra labor educativa, presencial, claro.


aulas vacias

A partir de ahí y de la posterior declaración de alarma nacional, a todo un engranaje de elementos que conforman nuestra sociedad actual, se les desataron sus ensamblajes y nos sentimos como mínimo, descolocados. No hace falta que les comunique que soy docente, en la enseñanza secundaria, a la que he dedicado más de la mitad de mi vida y a cuyo cuerpo pertenezco por voluntad propia y porque reconozco que tras tantos años disfrutando de mi labor diaria, cuando me la quitan, me incomoda, me enfurece y me irrita. Se lo pueden creer o no, pero sí, mi trabajo diario con el alumnado me da muchas satisfacciones, profesionales y personales. Me puedo sentir privilegiada y como tal, no me agrada que un virus, en este caso, me separe de lo que realmente me gusta desempeñar, mi trabajo, mi labor docente.

Mucho se ha comentado en innumerables medios de comunicación, lo que ha significado la interrupción de la docencia en todos los niveles y de lo que ello ha supuesto para las administraciones educativas, profesorado, alumnado, familias: el uso repentino y a tutiplén de herramientas tecnológicas que ya se utilizaban, pero no todos tienen la posibilidad de manejar, materiales educativos con sus diferentes canales, que se deben adaptar para que lleguen de la mejor manera y con el mejor de los propósitos a su destino, alumnado desbordado con tareas, en una primera semana, deseable que se vayan pausando dentro de la lógica y las necesidades del alumnado y familias que no saben a qué dedicar su extenso tiempo, pero que paradójicamente se hace corto.

Yo quiero dejar patente que a pesar de esta inesperada y súbita situación, el alumnado siempre está ahí, y no como mero receptor de conocimientos, sino como ejemplo de humanidad que ya quisiéramos muchos adultos poseer. Esos valores intrínsecos en la propia labor educativa, los que cuesta apreciar, los que no se evalúan numéricamente, los que en ciertos momentos producen una sacudida emocional importante y que son los que, sobre todo, alientan nuestra labor docente. “Animo profe”, “ cuídese”, también resuenan por los canales de comunicación con los que contamos en estos momentos. Pero no es lo mismo.

La mayoría de las veces el canal más rápido no es el que mejor llega al receptor, ni es el mejor que transmite el mensaje. No se puede apreciar un gesto, una sonrisa, una cara de tristeza, de enfado, por muchos medios digitales que se dispongan. El contacto personal, “el buenos días profe” , “ buen finde”, no pueden ser sustituidos y apreciados en su total expresión en una pantalla por videoconferencia. La docencia presencial es imprescindible y es justo lo que echo de menos en estos momentos.

Muchas veces, los que ejercemos esta profesión lo sabemos, hacemos de psicólogos, que no los somos, de padres, que tampoco, de amigos, asumimos unos roles que a veces también sirven para reflexionar si actuamos adecuadamente o no. Así y todo, es curioso considerar que, transcurridos los años, lo que realmente uno recuerda del profe de mates, de lengua, de inglés, de física, no son ecuaciones, ni los tiempos verbales, ni la tabla periódica, recordamos eso: la palabra adecuada en el momento oportuno, el gesto, la mirada, la emoción que se sintió cuando te dijo determinada frase o pensamiento. Sigue siendo insustituible.

Tampoco es momento de realizar actividades extraescolares, necesarias en la formación de nuestro alumnado y parte fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Esas tampoco se pueden sustituir. El trabajo cooperativo y por proyectos, una metodología necesaria y aglutinadora de materias, contenidos y herramientas que procura la participación activa del alumnado y que favorece su motivación, es muy difícil que se pueda reflejar en una situación como la actual. Por lo tanto, déjenme que incida en lo sesgada de la enseñanza que están recibiendo en estas semanas nuestro alumnado, pero desgraciadamente es lo que podemos ofrecer, no estábamos preparados para ello, ni emocional ni técnicamente. Sin embargo, quiero valorar, resaltar y dignificar la enseñanza, que día tras día, no solo en estos momentos tan desgarradores, sino a lo largo de cada curso escolar, los docentes ponemos en práctica con nuestras mejores herramientas, la profesionalidad y la humanidad, ese contacto presencial que cuando llega el momento de carecer de él, yo, lo echo de menos.

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