La emigración canaria del siglo XIX y las mujeres en las cartas de llamada


Respecto a estas cartas privadas podemos señalar que constituyen un documento esencial para estudiar el rostro humano de la emigración y el rol de lo femenino.


Mujeres emigrantes. Foto. Francis Browne

Antes de conceder el permiso a las mujeres que deseaban viajar hacia El Nuevo Mundo, la autoridad exigía la carta-reclamo escrita desde América por el marido, padre, hermanos u otros familiares, pues las mujeres no podían viajar solas, y mucho menos sin una carta de llamada.

En estas cartas comprobamos el papel de la mujer que emigra según su estado civil: si es casada, la madre y esposa actúa como el núcleo básico del reagrupamiento familiar; si es joven y soltera, es un proyecto de continuidad y mejora de la estructura familiar en Indias muchas veces a través de las estrategias matrimoniales, pues el éxito material, en algunas ocasiones alcanzado por el varón, no tiene razón de ser sin continuidad, y esta se genera a través de la mujer que es cimiento, nexo y proyecto, a un mismo tiempo, de la familia. En definitiva es la mujer la que conserva, crea, recrea y da sentido a la institución familiar. Por ello, vemos la insistencia de maridos, padres, hermanos en reclamarlas, pues las mujeres son siempre el futuro, cuya presencia sublima, disipa y otorga validez a los muchos años de ausencias y trabajos sufridos por los varones en América.

Puerto de la Habana. Biblioteca Nacional

También se tenía en cuenta el equipaje que debía acompañar a la persona para que la travesía del Atlántico fuese más amable. En estas cartas se insiste mucho en la vestimenta, que ésta sea la mejor para causar buena impresión al arribar a las Indias, y para ello los reclamantes mandan dinero no sólo para pagar la travesía sino también para que se compren un buen ajuar a la moda europea, incluso se equipen de esclavos como servidores domésticos, pues comprar los esclavos en España era más barato que hacerlo en las Indias.

En algunos protocolos notariales poseemos ejemplos al respecto, pero cabe mencionar que diversos archivos municipales también contienen cartas de este tipo, ya que fue en los lugares de origen donde se formaron las informaciones necesarias para lograr las licencias de embarque. Pero destacamos el de Domingo Acosta que en 1832 escribe a su mujer en Teror, desde la isla de Cuba, en estos términos:

Hacienda de Caña de Azúcar

Puerto Príncipe último de diciembre de 1832

Mi muy querida y estimada esposa de toda mi estimación y cariño. Ruego al todopoderoso que al recibo de estas amorosas letras lleguen a tus manos, te encuentres disfrutando de la más cumplida salud en compañía de mi amado padre y de mis hijitas de mis entrañas, la mía no me encuentro muy bueno, pero es regular salud.

Querida esposa, recibí las tres cartas juntas; dos con fecha de octubre y la otra con fecha 19 de noviembre, las que fueron para mí del mayor regocijo y consuelo y por otra tristeza por no hallarme en tu compañía y en la de mis amadas hijas de mi corazón. Para mí ha sido un sentimiento grande la noticia de la muerte de mi segunda madre y la de tu padre a todos los que doy encomendado a Dios conformado con todo lo que el Señor nos mandare que así es su voluntad aquí en la tierra como en el Cielo.

Mi querida esposa, luego que te escribí las tres cartas mandándote decir que me mandaras los dos hijos y a Diego, a poco de haberme hecho la última fui con una cantidad a guardarla en el monte bajo de la tierra y me la quitaron y me robaron todo el dinero que tenía, justo lo que había ganado con mi trabajo que tengo, como es muchas yuntas de bueyes y bestias caballares en mi potrero y tierras propias con algún ganado en mi hacienda, mucho crédito para conducir desde aquel puerto donde me hallo de San Fernando de Novitas al pueblo de Puerto Príncipe, todos los más cargamentos de los comerciantes para el abasto de esta ciudad como son géneros de toda clase; ropa, carnes del Norte, arroz, trigo y todos los demás comestibles y así no te sorprendas de esta última mi disposición que te hago con toda buena fe y para recibirte como un fiel esposo que soy tuyo en la hora que veas ésta mi carta venderás todo lo que fuere mío y lo que tú tuvieres y te embarcarás en un buque con toda mi familia, nueras y yernos y también si quieren venir las casadas, que no se detengan, que anda esposa cierra los ojos y venirte a desembarcar en este Puerto de San Fernando de Novitas para recibirte con los brazos abiertos tu amante esposo con toda la familia nueras y yernos y las casadas todas vénganse a mi compaña que mi oficio me da para mantenernos todos y con herencia y estando vos esposa mía en mi compaña tendré persona que me duela y mientras voy protegiendo mis cargamentos al pueblo tendré a mi esposa y mi familia que se duela de mi hacienda e intereses, con que esposa mía es lo que te digo véndelo todo y embárcate con toda la familia luego que veas esta carta, segura de que los bienes a parar toda la familia al Puerto de San Fernando de Novitas al mismo tiempo es muy saludable el temperamento muy bueno y así mi última disposición en que embarques con toda familia y te vengas a disfrutar de una tranquilidad grande, no te detengas ni un punto.

En esta misma fecha escribo para la Habana a mis hijos Antonio José y Manuel Esteban Acosta y a Diego para que si no tienen buen acomodo que se vengan dónde estoy. Principalmente mis hijos que se vengan de la Habana a esta donde me hallo y Diego solo que tenga un acomodo grande, no más debe de venir a la misma Antonio. Si su vocación es seguir en el convento o ha profesado, ya esa está segura, que siga su vocación. A mí querida cuñada Teresa, que su marido está vivo, que aquí se halla también, que le ordenó pedir el Poder General y que lo haga y dirija a mí por si él falleciere que pueda presentarme a la Justicia pues tiene su niña y su mujer para reclamarlo yo por dicho Poder General. Le darás recuerdos generalmente a todos mis parientes y amigos y recuerdos al “escuelero” (maestro escuela) Don Martín Domínguez y toda su familia, a los clérigos Don Vicente Pérez y a Don Francisco Medina. Y tú amada y querida esposa recíbelas de tu amante esposo que ya te espera sin falta alguna.

Braceros caña de azúcar. Colección. AMIGOS DE MONTAÑA CARDONES

Domingo Acosta

Solicitud de licencia para viajar:

María del Pino Sánchez, mujer legítima de Domingo Acosta, que se halla en la isla de Cuba, ciudad de Puerto Príncipe; y vecina del Pueblo de Teror en Valleseco, ante usted como más haya lugar comparezco y digo: Que el citado mi consorte hace quince años se halla en aquel territorio con el fin de mejorar de fortuna para mantenerme y a nuestros ocho hijos, y es el caso que habiendo conseguido el establecerse y adelantar su suerte, me escribe mandándome buscar con mis hijas y yernos que por todos somos ocho, porque ya están dos hijos en compañía de su padre, y yo hallándome con ánimo deliberado de seguir a mi marido, que con tanto anhelo me manda a buscar para pasar mi vida con algún descanso por las necesidades que aquí sufro; he determinado, conformándome un todo con su voluntad según la carta que presento, el enajenar mis propios bienes heredados de mis padres, pero como con su valor no puedo superar los costos del fletamento y equipaje que de necesidad he de hacer recurro a usted a fin de que se me habilite y conceda licencia para que atendidas las circunstancias y necesidad pueda vender y venda los cortos bienecillos que me son propios y su valor asciende a doscientos setenta y cinco pesos, y los de mi marido comprados durante el matrimonio a setenta y cinco pesos con cuya suma, aunque escasa, podré verificar mi viaje por tenerlo ya tratado con Don José Fortunato Pereira Capitán del buque que se halla próximo a hacer viaje de este a aquel puerto: Y en esta virtud y bajo la garantía de ser cierta la carta que llevo presentada igual a otras que también he recibido del citado mi marido como estoy pronta a justificar.

Suplico a usted se sirva habiendo por presentada la carta habilitarme y concederle su licencia para la venta enajenación de los citados terrenos que ya se han valorizado en favor de la persona o personas y consientes de celebrar las escrituras necesarias interponiéndose la autorizada por ser así de justicia que pido juro por la presente. Firma Manuel Penichet y Hernández. Procurador numerario de Gran Canaria. Primero de octubre de mil ochocientos treinta y tres.

Los canarios que emigraron a Cuba en un periodo determinado 1847 a 1860 eran mujeres, unas diez mil. Un fenómeno poco frecuente en la época, marcado por la costumbre de migrar en grupos familiares de estas islas y por el hecho de que las esposas siempre acompañaran a sus maridos allá donde fueran.

Las mayores concentraciones de canarios se encontraban en zonas rurales en las que se cultivaba el tabaco o la caña de azúcar, existía ganadería o cultivos varios además de asentamientos fundamentalmente en La Habana, Puerto Príncipe (actual Camagüey) y Matanzas. Esta ciudad fue fundada precisamente por 30 familias canarias en 1693.


NOTAS:
1.- A.H.P.L.P. Sección: Protocolos notariales. Legajo: 2.103. Folio 216 recto.
2.- Pérez Murillo, María Dolores. Revista Dos Puntas, FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES .Universidad Nacional de San Juan Argentina, 2015 número 11. Página 79.
3.- Otte, Enrique: “Cartas privadas de Puebla del Siglo XVI”, JbLA, 3, Colonia, 1966, 10-87.
4.- Stangl, Werner: “Consideraciones metodológicas acerca de las cartas privadas de emigrantes españoles desde América, 1492-1824. El caso de las “cartas de llamada”, JbLA, 47, Colonia, 2010, 11-35.
5.- Trascripción de la documentación notarial: Armando Pérez Tejera

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